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Los orígenes del Arte Cristiano

Justo L González

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Puesto que al principio los cristianos se reunían en casas par- titulares, es de suponerse que no había en ellas decoraciones especiales relativas a la fe cristiana. Pero tan pronto como los cristianos empezaron a tener sus propios cementerios —las catacumbas— e iglesias —como la de Dura-Europo— comenzó a desarrollarse el arte cristiano. Este arte se encuentra en los frescos de las catacumbas e iglesias, y en los sarcófagos que algunos de los cristianos más pudientes se hacían labrar.

Naturalmente, puesto que ese era el acto central de adoración de la comunidad cristiana, las escenas alusivas a la comunión son relativamente frecuentes. En algunos casos esas escenas consisten en un cuadro que representa la comunión misma o la cena del Señor en el aposento alto. En otros casos se trata sencillamente de un cesto con panes y peces. La presencia del pez en estos cuadros —y en otros contextos— se debe a que el pez fue uno de los primeros símbolos cristianos. Esto se debía a que la palabra “pez” en griego (ichthys) podía interpretarse como un acróstico que contenía las letras iniciales de la frase “Jesús Cristo, Hijo de Dios, Salvador”.

El simbolismo del pez aparece, no sólo en el arte pictórico, sino también en algunos de los más antiguos epitafios cristianos en verso. Así, por ejemplo, el epitafio de Abercio, obispo de Hierápolis a fines del siglo segundo, dice que la fe alimentó a Abercio con “un pez de agua dulce, muy grande y puro, pescado por una virgen inmaculada” (¿la Virgen o la iglesia?). Y otros epitafios semejantes se refieren a “la raza divina del pez celestial” y a “la paz del pez”.

Otras escenas en el arte cristiano primitivo se refieren a diversos episodios bíblicos: Adán y Eva, Noé en el arca, el agua que brota de la roca en el desierto, Daniel en el foso de los leones, los tres varones en el horno ardiente, Jesús y la samaritana, la resurrección de Lázaro, etc. En general se trata de un arte sencillo, de valor simbólico más bien que representativo. Así, por ejemplo, Noé aparece en un arca que es apenas suficientemente grande para sostenerlo a él.

En conclusión, la iglesia cristiana antigua estaba formada en su mayoría por gentes humildes para quienes el hecho de haber sido adoptadas como herederas del Rey de Reyes era motivo de gran regocijo. Esto puede verse en su culto, en su arte y en muchas otras manifestaciones. La vida cotidiana de tales cristianos se desenvolvía en la penumbra rutinaria en que viven los pobres de todas las sociedades. Pero aquellos cristianos vivían en la esperanza de una nueva luz que vendría suplantar la luz injusta e idólatra de la sociedad en que vivían.

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