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Los métodos misioneros

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El enorme crecimiento numérico de la iglesia en los primeros siglos nos lleva a preguntarnos qué métodos misioneros empleó la iglesia en su expansión. Y la respuesta puede sorprendernos, pues la iglesia de los primeros siglos no conoció los “cultos evangelísticos” que se han hecho tan comunes durante los dos últimos siglos. Al contrario, en la iglesia antigua el culto, según hemos indicado, consistía principalmente en la comunión, y a ésta sólo se admitían los cristianos que habían sido bautizados. Por tanto, el evangelismo no tenía lugar en las iglesias, sino, como indica Celso, en las cocinas, los talleres y los mercados. Algunos maestros famosos, tales como Justino y Orígenes, sostenían disputas en sus escuelas y ganaban así algunos conversos entre los intelectuales. Pero el hecho es que en la mayoría de los casos fueron cristianos anónimos quienes mediante su testimonio abrieron el camino a la conversión de otras personas. También sabemos de muchísimos casos en los que la firmeza y el gozo que los cristianos manifestaban en medio del martirio sirvió para atraer a otros a la nueva fe. Y al menos en el caso de Gregorio Taumaturgo —es decir, el hacedor de maravillas— buena parte de las conversiones se debió a los milagros de los cristianos.

Gregorio Taumaturgo era natural del Ponto, y se había convertido a través del testimonio erudito de Orígenes. Pero cuando Gregorio regresó al Ponto, y llegó a ser obispo de Neocesarea, su gran éxito evangelístico se debió, no a sus argumentos teológicos, sino a los milagros que hacía. Estos milagros consistían especialmente en las curaciones de enfermos, pero también se nos dice que Gregorio llegó a gobernar el cauce de un río desbordado, y que los apóstoles y la Virgen, mediante visiones, dirigían su obra misionera. Además, Gregorio parece haber sido uno de los primeros en utilizar un método misionero que después se volvió común. Este método consistía en colocar, en lugar de las fiestas paganas, las fiestas de los mártires cristianos, y asegurarse de que estas últimas resultaran más atrayentes que las primeras.

También puede sorprendernos el hecho de que, después del Nuevo Testamento, son escasísimos los datos que tenemos acerca de misioneros al estilo de Pablo o de Bernabé. Al parecer, la enorme difusión geográfica del cristianismo no se debió tanto a la labor de misioneros profesionales como a que eran muchos los cristianos que viajaban por diversas zonas, y que iban llevando su fe de un lugar a otro.

Por último, debemos señalar que la fe cristiana se difundió sobre todo en las ciudades, y que la penetración de los campos fue lenta y difícil, pues no se completó sino bastante tiempo después de la conversión de Constantino.

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