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Los líderes religiosos planean dar muerte a Jesús

Estas purificaciones se llevaban a cabo en el templo. Requerían tiempo; y, mientras esperaban, los judíos se reunían en grupitos expectantes. Sabían lo que pasaba. Sabían de la contienda de voluntades entre Jesús y las autoridades; y la gente siempre está interesada en el Que se enfrenta valientemente con riesgos imprevisibles. Se preguntaban si aparecería en la fiesta; y concluyeron que no Le sería posible. Este Carpintero galileo no podía arrostrar todo el poder de la jerarquía eclesiástica y política judía.

Pero habían infravalorado a Jesús. Cuando llegara Su hora para aparecer, no habría poder en la Tierra que se lo impidiera. Martín Lutero fue uno de esos que no hacen caso de las advertencias de las almas timoratas que tratan de impedir que sean lo que consideran demasiado lanzados. Él seguía el camino que consideraba correcto «pese a todos los cardenales, papas, reyes y emperadores, con todos los demonios y el infierno.» Cuando le citaron para que se presentara a la dieta de Worms para retractarse de sus ataques a los abusos de la Iglesia Católica Romana, le advirtieron insistentemente del peligro. Su respuesta fue: «Iré aunque haya tantos demonios en Worms como tejas en sus tejados.» Cuando se le dijo que el duque Jorge le metería preso, contestó: « ¡Iré aunque lluevan duques Jorge!» No era que Lutero fuera un temerario -porque a menudo le temblaban la voz y las rodillas cuando hacía esas declaraciones-; pero tenía un valor que conquistaba el miedo. El cristiano no teme a las consecuencias de hacer lo que debe, sino a las de no hacerlo.

Por los últimos versículos del capítulo sacamos la impresión de que, para este tiempo, Jesús ya estaba catalogado como un fuera de la ley. Puede que las autoridades judías hubieran ofrecido una recompensa por la información que condujera a Su detención, y que eso fuera lo que buscaba, y obtuvo, Judas. A pesar de todo, Jesús fue a Jerusalén. Y no furtivamente, por las callejuelas escondidas; sino abiertamente, y de tal manera que atrajo la atención de todo el mundo. Se podrá decir lo que se quiera de Jesús; pero hay que inclinarse de admiración ante Su valor, que desafiaba a la muerte. En aquellos últimos días de Su vida se comportó como el más valeroso fuera de la ley de todos los tiempos.

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