Los labradores malvados

Pastor Lionel

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(ii) Nos habla del pecado humano. El pecado de los arrendatarios consistió en que se negaron a darle al dueño lo que legalmente le correspondía, y querían controlar lo que el dueño solo podía controlar. El pecado consiste en no darle a Dios lo que le pertenece, y en tratar de usurpar su poder.

(iii) Nos habla de la responsabilidad humana. Los arrendatarios pudieron actuar con libertad bastante tiempo; pero llegó el día del ajuste de cuentas. Más tarde o más temprano todos tendremos que dar cuenta de lo que se nos ha confiado.

La parábola nos dice ciertas cosas acerca de Dios:

(i) Nos habla de la paciencia de Dios. El dueño no castigó a los labradores a la primera señal de rebelión, sino que les dio una oportunidad tras otra para que se corrigieran. No hay nada más maravilloso que la paciencia de Dios. Si cualquiera de nosotros hubiera estado en su lugar, habría perdido la paciencia con la humanidad mucho antes.

(ii) Nos habla del juicio de Dios. Los labradores creyeron que podían contar con la paciencia del dueño y salirse con la suya. Pero Dios no ha abdicado. Por mucho que nos parezca que podemos hacer lo que nos dé la gana, llegará el día de rendir cuentas. Como decían los romanos: «La Justicia sostiene la balanza en un equilibrio perfecto y escrupuloso, y tiene la última palabra.»

La parábola nos dice ciertas cosas acerca de Jesús:

(i) Nos dice que Él sabía lo que iba a suceder. No fue a Jerusalén abrigando la esperanza de evitar la cruz; fue con los ojos y el corazón abiertos.

(ii) Nos dice que Jesús nunca puso en duda la victoria final de Dios. Por encima del poder de los malvados estaba la majestad invencible de Dios. La maldad puede dar la impresión de que va a prevalecer, pero no puede escapar al castigo.

«Dime, Padre común, pues eres justo, ¿por qué ha de permitir tu providencia que, arrastrando prisiones la inocencia, suba la fraude a tribunal augusto? ¿Quién da fuerzas al brazo que robusto hace a tus leyes firme resistencia, y que el celo que más las reverencia gima a los pies del vencedor injusto? Vemos que vibran victoriosas palmas manos inicuas, la virtud gimiendo del vicio en el injusto regocijo.» Esto decía yo, cuando riendo celestial ninfa apareció y me dijo: «¡Ciego!, ¿es la Tierra el centro de las almas?» Bartolomé Leonardo de Argensola 1562-1631).

(iii) Jesús presenta sus credenciales como Hijo de Dios de una manera irrefutable. Deliberadamente se separa de la sucesión de los profetas. Ellos eran siervos; Él es el Hijo. En esta parábola, Jesús se presenta abiertamente como el Rey Ungido de Dios. La cita de la Piedra que los constructores rechazaron está tomada del Salmo 118:22s, que la Iglesia Primitiva reconoció como profecía de la muerte y resurrección de Cristo (Hechos 4:11; 1 Pedro 2:7).

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