Los labradores malvados

Pastor Lionel

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Esta parábola nos dice algo acerca de Jesús.

(i) Nos dice que Jesús Se consideraba a Sí mismo, no como un siervo, sino como el Hijo. Intencionadamente Se separa de la sucesión de los profetas, que eran siervos, mientras que Él era el Hijo. En Él había hablado Dios Su última y definitiva Palabra. Esta parábola era un desafío intencionado a las autoridades judías, porque contiene la presentación inconfundible de Jesús como Mesías.

(ii) Nos dice que Jesús sabía que había de morir. La Cruz no se fue para Él ninguna sorpresa. Sabía que el camino que había escogido no podía conducir a otro final. Con supremo coraje, aunque sabía adónde iba, sin embargo prosiguió adelante.

(iii) Nos dice que Jesús estaba seguro de Su triunfo final. Él sabía también que había de ser maltratado y muerto, pero también sabía que aquello no sería el fin, y que después del rechazo vendría la gloria.

Esta parábola nos dice algo acerca del hombre.

(i) No podía haber nada más que una razón para que los labradores pensaran que podían matar al hijo y entrar en posesión de la viña. Deben de haber pensado que el propietario estaba demasiado lejos para intervenir, o que estaba muerto, y por tanto no tenían que tenerle en cuenta. Muchos hay que siguen pensando que pueden actuar contra Dios y salirse con la suya. Pero Dios está totalmente vivo. Muchos tratan de negociar con su propia libertad y con la paciencia de Dios, pero llega el día de rendir cuentas.

(ii) Si uno se desmarca de sus privilegios y responsabilidades, pasarán a otra persona. La parábola contenía en germen lo que iba a suceder: el rechazo de los judíos y la transferencia de sus privilegios y responsabilidades a los gentiles.

La parábola se cierra con una cita del Antiguo Testamento que fue muy querida para la Iglesia Primitiva, acerca de la Piedra que fue rechazada; procede del Salmo 118:22s. La Piedra desechada había llegado a ser la piedra que ensamblaba las esquinas del edificio, la clave del arco, la piedra más importante de todas. Este pasaje fascinaba a los autores cristianos primitivos. Se cita o alude en Hechos 4: 11; 1 Pedro 2: 4, 7; Romanos 9:32s; Efesios 2:20. En su origen, aun en el mismo salmo, se refería al pueblo de Israel. Las grandes naciones que se tenían por los arquitectos de la estructura del mundo habían considerado al pueblo de Israel sin importancia ni honor; pero, como lo vio el salmista, la nación que se había considerado que no tenía ninguna importancia llegaría a ser algún día, en la economía de Dios, la nación más importante del mundo. Los escritores cristianos vieron en el sueño del salmista lo que se cumplió perfectamente en la muerte y la resurrección de Jesús.

Esta parábola estaba más clara que el agua para los primeros que la escucharon. La viña representa al pueblo de Israel (cp. Isaías 5:1-7). Los arrendatarios son los gobernantes judíos a los que se ha confiado la nación. Los siervos son los profetas que Dios envió, que fueron despreciados, perseguidos y muertos. El hijo es Jesús mismo. Y la sentencia es que el lugar que hubiera correspondido a Israel será dado a otros. La parábola misma indica lo que podía suceder, y sucedió. En los días de Jesús, Judea estaba en una agonía de problemas económicos y laborales. Había muchos terratenientes ausentes que arrendaban sus tierras como el de la parábola. La renta rara vez se pagaba en dinero; más corrientemente en especie, ya fuera una cantidad fija independientemente de cómo hubiera ido la cosecha, o una parte proporcional cada año.

En su enseñanza, esta es una de las parábolas más ricas. Nos dice ciertas cosas acerca del hombre:

(i) Nos habla del privilegio humano. Los arrendatarios no habían plantado la viña, y sin embargo, era como si fuera suya. El dueño no les hacía trabajar con el látigo, sino que se marchó y los dejó trabajar a su manera.

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