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Los discípulos se preparan para la Pascua

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Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. Y Jesús envió a Pedro y a Juan, el primer día de la fiesta de los panes sin levadura diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos. ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? Y él dijo: Id a la ciudad, he aquí, al entrar os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, y decidle donde entrare al padre de familia de esa casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua? Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí. Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, fueron y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua. Mateo 26: 17-19; Marcos 14: 12-16; Lucas 22:7-13

Puede que parezca una expresión extraña si se Le aplica a Jesús; pero, cuando leemos el relato de la última semana de Su vida, no podemos evitar sorprendernos ante Su capacidad de organización. Una y otra vez vemos que Jesús no dejaba las cosas para el último momento. Tiempo atrás había hecho los preparativos para que el asnillo estuviera listo para Su entrada en Jerusalén; y aquí vemos de nuevo que todos Sus preparativos se habían planificado con amplia antelación.

Sus discípulos querían saber dónde iban a comer la pascua. Jesús los envió a Jerusalén con instrucciones de buscar a un hombre que llevaría un cántaro de agua. Esa era una señal convenida de antemano. La tarea de acarrear el agua con un cántaro a la cabeza o a la cadera era propia de mujeres, algo que nunca hacían los hombres. Un hombre llevando un cántaro de agua sería tan extraño en cualquier comunidad oriental entonces como, digamos, hoy en día en Inglaterra un hombre con un paraguas de mujer abierto en un día soleado. Jesús no dejaba las cosas para el último minuto. Tiempo atrás había hecho los preparativos para tener un último lugar de encuentro para Él y Sus discípulos, y cómo se podría reconocer.

Las casa judías más grandes tenían dos pisos. Parecían como dos cajas, una más pequeña colocada encima de otra más grande. La caja más pequeña era el aposento alto, al que se tenía acceso por una escalera exterior, lo que hacía innecesario el pasar por la habitación principal del piso de abajo. La habitación de arriba tenía muchos usos: era un almacén, o un lugar para descansar y meditar, o una habitación para las visitas. Pero era especialmente el lugar donde un rabino enseñaba al grupo escogido de sus discípulos íntimos. Jesús estaba siguiendo las costumbres de los rabinos judíos.

Debemos recordar la manera judía de contar los días. El nuevo día empezaba a las 6 de la tarde. Hasta esa hora, aquel día era el 13 de Nisán, el día de la preparación para la Pascua. Pero el 14 de Nisán, el día de la Pascua, empezaba a las 6 de la tarde.

Para expresarlo en nuestra lengua, diríamos que el viernes día 14 empezaba a las 6 de la tarde del jueves día 13.

¿Cuáles eran los preparativos que hacían los judíos para la Pascua?

Primero estaba la búsqueda ceremonial de los restos de levadura. Antes de la Pascua había que limpiar la casa de todas las partículas de pan leudado que hubiera en ella. Eso era porque la primera Pascua, en Egipto (Éxodo 12), se había comido con pan sin levadura. (El pan sin levadura no se parece en nada al pan corriente. Es algo así como una galleta dura). Se había usado en Egipto porque se podía cocer mucho más deprisa que el pan con levadura, y la primera Pascua, la de la salida de Egipto, se había tomado precipitadamente, con todo ya dispuesto para la marcha. Además, la levadura era el símbolo de la corrupción. No es otra cosa que masa de pan fermentada, y los judíos identificaban la fermentación con la putrefacción, así es que la levadura representaba la pudrición. El día antes de la Pascua, el dueño de la casa encendía un candil y recoma toda la casa buscando ceremoniosamente toda la levadura que pudiera haber por los rincones. Antes de la búsqueda oraba: ¡Bendito seas, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que nos has santificado por tus mandamientos, y nos has mandado limpiar la casa de levadura!

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