Los discípulos discuten sobre quién sería el más grande

(ii) Tenemos la dependencia del niño. Para el niño, un estado de dependencia es completamente natural. Nunca cree que puede enfrentarse solo con la vida. Está contento con ser totalmente dependiente de los que le quieren y cuidan. Si aceptáramos el hecho de nuestra dependencia de Dios, entrarían en nuestras vidas una nueva fuerza y una nueva paz.

(iii) Está la confianza del niño. El niño es instintivamente dependiente, y instintivamente también confía en sus padres para la provisión de sus necesidades. Cuando éramos niños, no podíamos comprar nuestros alimentos ni nuestra ropa, ni mantener nuestra casa; sin embargo, nunca dudábamos de que podríamos vestirnos y alimentarnos, y que encontraríamos protección y calor y comodidad esperándonos cuando volviéramos a casa. Cuando éramos niños, salíamos de viaje sin dinero para pagar el billete, sin idea de cómo llegaríamos a nuestro destino; y sin embargo nunca se nos ocurría dudar de que nuestros padres nos llevaran y nos trajeran de vuelta a salvo.

La humildad de un niño es el dechado del comportamiento del cristiano con sus semejantes, y la dependencia y la confianza del niño son el dechado de la actitud del cristiano para con Dios, el Padre de todos.

Cristo y el niño

-Todo el que reciba a un niño así en Mi nombre, Me recibe a Mí. Pero todo el que le ponga una piedra de tropiezo en el camino a uno de estos pequeños que creen en Mí, mejor le fuera que se le colgara una piedra de molino al cuello y se le hundiera en lo más profundo del mar. ¡Pobre del mundo por culpa de los tropiezos! Los tropiezos se tienen que producir; pero, ¡ay de la persona que los produce! Guardaos muy, mucho de despreciar a uno de estos pequeños; porque os aseguro que sus ángeles en el Cielo contemplan el rostro de Mi Padre Que está en el Cielo.

Hay una cierta dificultad de interpretación en este pasaje que debemos tener en mente. Como hemos visto a menudo, Mateo tiene la costumbre de reunir la enseñanza de Jesús bajo ciertos grandes epígrafes; la coloca sistemáticamente. En la primera parte de este capítulo, está agrupando la enseñanza de Jesús acerca de los niños; y debemos tener presente que los judíos usaban la palabra niño en dos sentidos. La usaban literalmente de personas de muy poca edad; pero a los discípulos de un maestro se los llamaba corrientemente sus hijos o sus niños. Por tanto, un niño también quiere decir un principiante en la fe, uno que acaba de empezar a creer, uno que no es todavía maduro ni experimentado en la fe, uno que acaba de empezar en el buen camino y que todavía puede que se aparte. En este pasaje, el niño representa muy a menudo al de poca edad, y al principiante en el camino cristiano.

Jesús dice que todo el que reciba a un niño así en Su nombre, Le recibe a Él. La frase en Mi nombre puede querer decir una de dos cosas. (i) Puede que quiera decir por amor de Mí. El cuidado de los niños es algo que se lleva a cabo solamente por amor a Jesucristo. Enseñar a un niño, educar a un niño en el camino que debe seguir, es algo que se hace, no solamente por amor al niño, sino por amor a Jesucristo mismo. (ii) Puede querer decir con una bendición. Puede querer decir recibir al niño y, como si dijéramos, invocar el nombre de Jesús sobre él. El que trae a Jesús y la bendición de Jesús a un niño está haciendo algo conforme al carácter de Cristo.

Recibir al niño es también una frase que puede tener más de un sentido.

(i) Puede que quiera decir, no tanto recibir a un niño como recibir a una persona que tenga esta cualidad infantil de la humildad. En este mundo altamente competitivo es muy fácil prestar la máxima atención a una persona que es luchadora, agresiva y llena confianza en sí misma. Es fácil prestar la máxima atención á la persona que, en el sentido terrenal del término, ha tenido éxito en la vida. Bien puede ser que Jesús estuviera diciendo que la gente más importante no son los que avanzan a empellones y alcanzan la cima arrollando o echando a la cuneta a todos los demás, sino las personas tranquilas, humildes y sencillas que tienen un corazón de niño.

(ii) Puede que quiera decir sencillamente recibir a un niño, darle el cuidado y el amor y la enseñanza que necesita para llegar a ser una persona cabal. El ayudar a un niño a vivir bien y a conocer mejor a Dios es ayudar a Jesucristo.

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