Los discípulos arrancan espigas en sábado

Pastor Lionel

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La exigencia de la necesidad humana

Para salir al paso de la crítica de los escribas y los fariseos Jesús presentó tres argumentos.

(i) Citó la acción de David cuando él y sus hombres estaban tan hambrientos que entraron en el tabernáculo -no en el templo, porque esto sucedió antes que se construyera el templo- y comieron el pan de la proposición, que sólo podían comer los sacerdotes: David se dirigió a Nob, a ver al sacerdote Ahimélec, que sorprendido salió a su encuentro y le dijo: –¿Cómo es que vienes solo, sin que nadie te acompañe? David le contestó: –El rey me ha ordenado atender un asunto, y me ha dicho que nadie debía saber para qué me ha enviado ni cuáles son las órdenes que traigo. En cuanto a los hombres bajo mis órdenes, los he citado en cierto lugar. A propósito, ¿qué provisiones tienes a mano? Dame cinco panes o lo que encuentres y el sacerdote le contestó: –El pan que tengo a mano no es pan común y corriente, sino que está consagrado. Pero te lo daré, si tus hombres se han mantenido alejados de las mujeres. David le respondió con firmeza: –Como siempre que salimos a campaña, hemos estado alejados de las mujeres. Y aunque este es un viaje ordinario, ya mis hombres estaban limpios cuando salimos, así que con más razón lo han de estar ahora. Entonces el sacerdote le entregó el pan consagrado, pues allí no había más que los panes que se consagran al Señor y que ese mismo día se habían quitado del altar, para poner en su lugar pan caliente. (1 Samuel 21:1-6)

El pan de la proposición se nos describe en Levítico 24:5-9: “Toma de la mejor harina y cuece doce tortas, de cuatro kilos y medio cada una, y ponlas sobre la mesa de oro puro que está ante el Señor, en dos hileras de seis tortas cada una. Pon en cada hilera incienso puro, que le servirá al pan como ofrenda de recordación quemada en honor del Señor. Esto deberá ser puesto sin falta ante el Señor cada sábado, como una alianza eterna por parte de los israelitas. Es la parte que les corresponderá siempre a Aarón y a sus descendientes, los cuales deberán comer ese pan en un lugar santo, porque de las ofrendas que se queman en honor del Señor, esta es una de las más sagradas. Eran doce panes que se colocaban todas las semanas en dos filas de seis en el lugar santo. Sin duda eran una ofrenda simbólica para dar gracias a Dios por el don de los alimentos. Estos panes se cambiaban todas las semanas, y los que se quitaban quedaban para los sacerdotes, que eran los únicos que los podían comer. En aquella ocasión, en su hambre, David y sus hombres tomaron y se comieron aquellos panes sagrados, y no cometieron ningún delito. Las exigencias de la necesidad humana tenían prioridad por encima de cualquier costumbre ritual.

(ii) Citó el trabajo del templo en sábado. El ritual del templo siempre implicaba trabajo -encender fuegos, matar y preparar animales, cargarlos para colocarlos encima del altar y un montón de cosas parecidas. Estos trabajos realmente se duplicaban los sábados, porque había doble número de ofrendas: En los sábados deberán ofrecer ustedes dos corderos de un año, sin defecto, y cuatro kilos de la mejor harina amasada con aceite como ofrenda de cereales, con su correspondiente ofrenda de vino. (Números 28:9). Cualquiera de estas acciones habría sido ilegal que la hiciera cualquier persona en sábado. Encender un fuego, matar un animal, ponerlo sobre el altar habría supuesto quebrantar la Ley, y por tanto profanar el sábado. Pero para los sacerdotes era perfectamente legal hacer estas cosas, porque el culto del templo tenía que proseguir. Es decir: el culto que se ofrecía a Dios tenía prioridad sobre todas las leyes y normas del sábado.

(iii) Citó la palabra que Dios le dio al profeta Oseas: «Porque misericordia quiero y no sacrificios» (Oseas 6:6). Lo que Dios desea mucho más que los sacrificios rituales es la amabilidad, el espíritu que no reconoce otra ley que la que impulsa a responder a la llamada de la necesidad humana haciendo todo lo posible por ayudar. En este incidente Jesús establece que la exigencia de la necesidad humana debe tener prioridad sobre todas las demás exigencias. Las exigencias del culto, del ritual, de la liturgia son importantes; pero la exigencia de la necesidad humana tiene prioridad sobre todas ellas.

Uno de los santos modernos de Dios es el padre George Potter, que de la ruinosa iglesia de San Crisóstomo en Peckham hizo un ejemplo luminoso de culto y de servicio cristiano. Para propiciar la obra fundó la Fraternidad de la Orden de la Santa Cruz, cuyo emblema era la toalla que se ciño Jesús para lavar los pies de Sus discípulos. No había ningún servicio que fuera demasiado vulgar para que los hermanos lo prestaran; su trabajo a favor de los marginados y de los chicos sin hogar con antecedentes delictivos o potencial criminal está por encima de toda alabanza. El padre Potter tenía la idea más elevada del culto; y sin embargo, cuando estaba explicando la obra de la Fraternidad, escribió que cualquiera que quisiera hacer el triple voto de pobreza, castidad y obediencia: «no debe amohinarse si no puede llegar a vísperas en la fiesta de San Termógeno. Puede que esté sentado en una comisaría esperando a un “cliente”… No debe ser de esos tipos que llegan a la cocina jipiando porque se le ha acabado el incienso… Ponemos la oración y los sacramentos en primer lugar. Sabemos que nos hacen falta para hacer las cosas lo mejor posible; pero de hecho tenemos que pasar más tiempo al pie del Monte de la Transfiguración que en la cima.» Cuenta que llegó un -candidato cuando él estaba a punto de darles a los chicos un tazón de cacao y meterlos en la cama. «Así es que le dije: “¿Quieres limpiar el cuarto de baño ahora que está mojado?” Se quedó tan alucinado que apenas pudo musitar: “¡Yo no esperaba tener que ir limpiando detrás de chicos sucios!” ¡Bien, bien! Su vida de servicio consagrado al Bendito Maestro duró sólo unos siete minutos. Ni siquiera deshizo las maletas.»

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