Listos para la cosecha

Pastor Lionel

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(a) Les dijo a Sus discípulos que recogerían una cosecha que se habría producido sin su colaboración. Quería decir que El estaba sembrando la semilla; que en Su Cruz, por encima de todo, se sembraría la semilla del amor y del poder de Dios, y que llegaría el día cuando Sus discípulos salieran por el mundo a recoger la cosecha que Su vida y muerte habrían sembrado.

(b) Les dijo a Sus discípulos que llegaría el día cuando ellos sembrarían y otros recogerían. Llegaría el día en que la Iglesia Cristiana enviaría evangelistas; ellos no verían la cosecha; algunos morirían mártires; pero la sangre de los mártires sería la semilla de la Iglesia. Es como si dijera: «Algún día labraréis, y no veréis el resultado. Algún día sembraréis y desapareceréis de la escena antes que haya granado la cosecha. ¡No tengáis miedo! ¡No os desaniméis! La siembra no será en vano, ni se perderá la semilla. Otros verán la cosecha que no se os concedió ver a vosotros.»

Así que en este pasaje hay dos cosas.

(i) Se hace notar una oportunidad. La cosecha está esperando que la recojan para Dios. Hay momentos de la Historia en los que la gente está extraña y curiosamente sensible a Dios; o, como decía Ortega, en que «Dios está a la vista». ¡Qué tragedia sería que la Iglesia de Cristo dejara de recoger Su cosecha en ese tiempo!

(ii) Se hace notar un desafío. A muchos se les concede sembrar, pero no segar. Muchos ministerios tienen éxito, no porque tengan fuerza ni mérito, sino por alguna persona santa que vivió y predicó y murió y dejó una influencia que se hizo mayor en su ausencia que en su presencia. Muchos tienen que trabajar sin ver el resultado de sus labores.
Una vez me enseñaron una finca que era famosa por sus adelfas. El dueño las amaba y conocía cada planta por su nombre. Me enseñó algunas semillas que tardarían veinticinco años en florecer. Él tenía cerca de setenta y cinco años, y no vería su belleza, pero otras personas sí.

Ningún trabajo ni ninguna empresa que se emprenden para Cristo será un fracaso. Si nosotros no vemos el resultado de nuestros esfuerzos, otros lo verán. No cabe el desánimo en la vida cristiana.

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