Levítico 17: El santuario único

sangre, dam: sangre (humana o animal). Esta importante palabra aparece 360 veces en el Antiguo Testamento. Comienza con la introducción al sacrificio, continúa con la Ley de Moisés sobre los sacrificios de sangre (que aparece en Levítico unas 60 veces) y culmina con el sacrificio del Cordero sin mancha delante de Dios. De ahí que la enseñanza de la expiación por medio de la sangre sea clave en la Escritura. Este texto enseña el valor de la sangre: ella representa la «vida» animal y humana. El sacrificio implica cambiar una vida por otra. Dios ha provisto la sangre para cubrir el pecado. Por último, la sangre expía el «alma», es decir, la vida humana. De acuerdo con esto, muestra que la sangre, derramada para este vital propósito, es demasiado sagrada para que se la menosprecie, especialmente cuando se la bebe.

Sin sangre no hay expiación. Esta es la declaración más clara de la necesidad de la sangre en lo que se refiere a las ofrendas de sacrificio: la vida está en la sangre. La vida y la sangre fueron dadas sobre el altar con el propósito específico de expiar los pecados y reconciliarse con Dios. No hay expiación aparte del derramamiento de sangre o la entrega de la vida. Esta ordenanza se reafirma con el nuevo pacto en. El nuevo pacto en la sangre de Cristo cumplió los requisitos del antiguo pacto de redención. La sangre de Cristo supera los sacrificios cruentos del antiguo pacto y satisface eternamente los requisitos de un Dios santo.

Lev 17:12 Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá sangre.

Lev 17:13 Y cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, que cazare animal o ave que sea de comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra.

Lev 17:14 Porque la vida de toda carne es su sangre; por tanto, he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado.

¿Por qué estaba prohibido comer o beber la sangre? La prohibición de comer sangre nos lleva hasta Noé. Dios prohibió beber o comer sangre por varias razones:

(1) Para desalentar las prácticas paganas. Israel tenía que ser separado y distinto de las naciones paganas que lo rodeaban. Comer sangre era una práctica común entre los paganos. A menudo se hacía con la esperanza de obtener las características del animal muerto (fuerza, velocidad, etc.). Para tener fuerzas, el pueblo de Dios debía confiar en El, no en el consumo de sangre.

(2) Preservar el simbolismo del sacrificio. La sangre simbolizaba la vida del animal que era sacrificado en lugar del pecador. Beberla cambiaría el simbolismo del castigo sacrificial y destruiría la evidencia del sacrificio.

(3) Proteger al pueblo de infecciones, ya que muchas enfermedades mortales se transmiten a través de la sangre. Los judíos tomaban seriamente esta prohibición, por eso fue que se sintieron tan incómodos cuando Jesús les habló de beber su sangre. Jesús, sin embargo, como Dios mismo y como el último sacrificio requerido jamás por los pecados, les estaba pidiendo a los creyentes que se identificaran con El completamente. Dios quiere que tomemos su vida dentro de nosotros y quiere también participar en nuestas vidas.

¿Cómo actúa la sangre en la expiación por el pecado? Cuando se ofrecía el sacrificio con la actitud correcta, este y la sangre que derramaba hacían posible el perdón del pecado. Por una parte, la sangre representaba la vida del pecador, infectada por su pecado y encaminada a la muerte. Por otro lado, la sangre representaba la vida inocente del animal que era sacrificado en lugar del culpable que hacía la ofrenda. La muerte del animal (de la que era prueba la sangre) satisfacía la pena de muerte. Entonces Dios concedía el perdón al pecador. Es Dios el que perdona, basado en la fe de la persona que ofrece el sacrificio.

Lev 17:15 Y cualquier persona, así de los naturales como de los extranjeros, que comiere animal mortecino o despedazado por fiera, lavará sus vestidos y a sí misma se lavará con agua, y será inmunda hasta la noche; entonces será limpia.

Lev 17:16 Y si no los lavare, ni lavare su cuerpo, llevará su iniquidad.

Las regulaciones de este capítulo tratan de los sacrificios, de la caza y del consumo de carne. Son más numerosas en el caso de los laicos que de los sacerdotes.

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