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Apocalipsis 16: Las siete copas de la ira de Dios

El cuarto terror es el calor abrasador del Sol; el quinto, la llegada de las tinieblas espesas, reminiscentes de las que cayeron sobre Egipto (Éxodo 10:21-23).

En los versículos 9, 11 y 21 tenemos una especie de refrán que corre por todo el capítulo. Las personas a las que les caían estos terrores maldecían a Dios -pero no se arrepentían, insensibles tanto a la bondad como a la severidad de Dios (Romanos 11:22). Es el retrato de las personas que no tenían la menor duda de la existencia de Dios y hasta veían Su mano en los acontecimientos -pero seguían yendo por sus propios caminos.

Estamos obligados a preguntarnos si somos nosotros diferentes. No dudamos de la existencia de Dios; sabemos que Dios está interesado en nosotros y en el mundo que Él ha hecho; somos conscientes de las leyes de Dios; conocemos Su bondad, y sabemos que el pecado tiene su castigo; y sin embargo, una y otra vez seguimos nuestro propio camino.

Las hordas de oriente

Aquí,se nos pinta el cataclismo que se produce cuando se seca el Eufrates, dejando expedito el camino para la invasión de las hordas orientales.

Una de las características curiosas del Antiguo Testamento es el número de veces que el secarse las aguas se presenta como una señal del poder de Dios. Así sucedió en el Mar Rojo: El Señor hizo que el mar se retirara y quedara como tierra seca (Éxodo 14:21). Y otra vez, el Jordán, cuando el pueblo pasó por el cauce seco (Josué 3:17). En Isaías, la acción poderosa de Dios es que permitió que Su pueblo pasara por el mar de Egipto con el calzado seco (Isaías 11:15s). La amenaza de la venganza de Dios en Jeremías es: « Secaré su mar y haré que sus fuentes queden secas» (Jeremías 51-36). «Él herirá en el mar las ondas y se secarán todas las profundidades del río» (Zacarías 10:11).

Bien puede ser que Juan esté aquí recordando un incidente histórico famoso. Heródoto nos dice (1:191) que cuando el persa Ciro capturó Babilonia lo consiguió secando el Éufrates. El río pasa por el centro de Babilonia. Cuando Ciro llegó a ella, sus defensas eran tan fuertes que su captura parecía imposible. Ciro trazó un plan brillante. Dejó una sección de su ejército en Babilonia, y se llevó otra río arriba. Mediante una hazaña magnífica de ingeniería desvió temporalmente el curso del río a un lago; y al bajar el nivel del río, su cauce llegó a ser una carretera seca que conducía a una brecha en la defensa por la que los persas pudieron entrar a tomar la ciudad.

Juan está usando una ilustración que estaba grabada en la memoria de todos los de su generación. El mayor enemigo de Roma, la única nación que no pudo sojuzgar, eran los partos que vivían más allá del Eufrates. Tenían una caballería que era la fuerza bélica más temida del mundo. El que la caballería parta llegara arrasándolo todo desde el otro lado del Éufrates era algo que inundaba de terror al más valeroso. Además, como ya hemos visto, era a Parta adonde se decía que se había retirado Nerón; y era de Parta de donde se temía que volviera Nero redivivus; en otras palabras: era del otro lado del Éufrates de donde se esperaba la invasión del Anticristo.

Los espíritus inmundos como sapos

Estos cuatro versículos están llenos de problemas que hay que resolver si se quiere llegar a entenderlos razonablemente.

Tres espíritus inmundos, como sapos, salieron de las bocas del dragón, la bestia y el falso profeta.

En griego hay aquí una especie de juego de palabras. Los espíritus inmundos salieron de las bocas de las fuerzas malignas. La boca es el órgano del habla, y el habla es una de las fuerzas más influyentes del mundo. Ahora bien: la palabra para espíritu es pneuma, que quiere decir también aliento. Por tanto, decir que un espíritu malo salió de la boca de una persona era lo mismo que decir que le salió de la boca un mal aliento. Como dice H. B. Swete, el dragón, la bestia y el falso profeta «alentaban malas influencias.»

Se dice que los espíritus inmundos eran como sapos o ranas.

(i) Las ranas recordaban las plagas. Una de las plagas de Egipto fue la de las ranas (Éxodo 8: 5-11). « Envió entre ellos… ranas que los destruían» (Salmo 78:45). « Su tierra produjo ranas hasta en las cámaras de sus reyes» (Salmo 105:30).

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