Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Las opiniones

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Un círculo de intelectuales se había formado alrededor de un maestro. Él no los había buscado, pero el grupo iba a visitarle cada tarde para meditar. El sabio casi nunca hablaba. Era uno de esos mentores que consideran que la enseñanza más elocuente es el silencio y la vibración más pura y reveladora, la de la quietud.

Los iniciados, en cambio, parloteaban si cesar y se perdían en toda suerte de opiniones. Unos aseguraban que hay un principio trascendente y otros lo negaban; unos insistían en que lo único fiable era la experiencia sensorial y otros en que solo lo era el universo de las ideas; unos señalaban la necesidad de indagar en la metafísica y otros en las distintas filosofías de la historia. Todos hablaban, aunque ninguno prestaba atención a los demás. Solo jugaban con las opiniones, los puntos de vista y las abstracciones.

El sabio era muy paciente. Se preguntaba a qué venían esos hombres si sólo estaban interesados en sus entretenimientos intelectuales y no tenían oídos para la genuina enseñanza.

Un día decidió reunirlos y les dijo: -Sois como lavanderas.

-¿Cómo lavanderas? -preguntaron mirándose unos a otros extrañados-, ¿qué queréis decir con eso?

-Vosotros sabréis, ya que domináis las palabras y su interpretación.

-Pues no entendemos qué tenemos que ver nosotros con unas lavanderas.

-Veréis. La lavandera tiene mucha ropa, pero vienen los propietarios de la misma, se la llevan y se queda sin nada. Así sois vosotros. Tenéis un montón de opiniones tomadas de libros, escrituras, filósofos… Mas nada os pertenece. Estáis vacíos. Sois como lavanderas.

Seguid especulando. No ganaréis ni un gramo de sabiduría con ello, aunque os divertiréis mucho.

Dice el Maestro: Es necesario pasar de la comprensión intelectual a la intuitiva; de la teoría a la práctica.

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

El cofre de vidrios rotos

Érase una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo. Había trabajado duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios lo habían

Artículo Completo

No juzgues a nadie

Un médico entró en el hospital de prisa después de haber sido llamado para una cirugía urgente. Contestó a la llamada lo más rápido que pudo, se

Artículo Completo

El jardín

Paseaba un rey un día disfrutando de su precioso jardín, descubrió preocupado que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo, entonces decidió investigar los motivos: —

Artículo Completo