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Lamento de un padre

Pastor Lionel

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Mis manos estaban ocupadas todo el día. No tenía mucho tiempo para jugar los pequeños juegos que me pedías. No tenía mucho tiempo para contigo estar.

Tenía que lavar tu ropa, coser y cocinar, pero cuando venías con tu libro de colorear y me pedías que disfrutara de tu diversión, yo te decía: Un poco más tarde, hijo

En la noche te arropaba con seguridad. Y escuchaba tus oraciones en la claridad, Luego de puntillas la puerta cerraba con suavidad… Me hubiera gustado quedarme un minuto más.

Pero la vida es corta, los años pasan volando… Un pequeño niño creció muy rápido. Ya a mi lado él no va a estar, sus preciosos secretos para confiar.

El libro de colorear guardado está, ya no hay juegos que jugar, ni besos de buenas noches, ni oraciones que escuchar… Todo eso en el pasado se va a quedar.

Mis manos, una vez ocupadas, están quietas. Los días son largos y difíciles de llenar. Desearía poder volver a tras y hacer esas pequeñas cosas que pediste en ese ayer.

Los padres tienen muchas cosas que hacer y horarios que cumplir. Sin embargo, los abuelos casi siempre son diferentes. Aun cuando tengan muchas cosas que hacer, comprenden que nada es tan importante como jugar con un nieto. Los niños no se quedan pequeños por mucho tiempo.

El llamado de Dios en la vida de un abuelo es a nunca estar demasiado ocupado para los nietos.

Todo lo que venga a la mano, hazlo con todo empeño. Eclesiastés 9:10

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