Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

La riqueza de compartir

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Un peregrino se quedó a pasar la noche debajo de un árbol en un bosque cercano al pueblo. En la más profunda oscuridad, oyó que alguien le gritaba:

— ¡La piedra! ¡La piedra!, dame la piedra preciosa.

El peregrino se levantó, se acercó al hombre que le gritaba y le dijo:

— ¿Qué piedra quieres, hermano?

— La noche pasada, –le dijo el hombre con voz agitada–, tuve un sueño en el que se me reveló que si venía aquí esta noche encontraría a un peregrino que me daría una piedra preciosa que me haría rico para siempre.

El peregrino hurgó en su bolsa y le dio la piedra diciendo:

— La encontré en un bosque cerca del río. Puedes quedarte con ella.

El desconocido agarró la piedra y se marchó a su casa. Al llegar, abrió su mano, contempló la piedra y vio que era un enorme diamante. Durante toda la noche no pudo dormir. Se levantó con el alba, volvió al lugar donde había dejado al peregrino y le dijo:

— Dame, por favor, la riqueza que te permite desprenderte con tanta facilidad de un diamante.

La verdadera riqueza no consiste en acumular cosas sino en compartirlas.

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

El precio de tus sueños

Había dos niños que patinaban sobre una laguna congelada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación cuando, de pronto, el hielo se

Artículo Completo