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La resurreccion

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Karl Heim, el famoso teólogo—científico alemán, relató un incidente que ocurrió en Moscú después de la revolución rusa y que fue publicado por la prensa alemana. El hecho ocurrió en una de las frecuentes reuniones políticas de los trabajadores. El líder anunció al principio de la reunión que se concedería completa libertad de palabra a todos los asistentes, pero que debían ser breves. Fueron pronunciados muchos discursos y todos ellos abundaban en argumentos acerca del materialismo y la lucha de clases.’ Cuando todos habían hablado, el líder preguntó si había alguien que deseara exponer un punto de vista contrario, ya que se había prometido libertad de expresión.

Entonces un sacerdote ortodoxo ruso de corta estatura y esmirriado subió a la tribuna. Mientras subía la escalinata el líder le recordó:

—Por favor, sólo cinco minutos.
—No necesito ni cinco minutos para lo que voy a decir, respondió el sacerdote.

Acto seguido se dirigió a la multitud en estos términos:

« Acabamos de oír un buen número de discursos con muchos argumentos para probarnos un nuevo punto de vista sobre la vida y el mundo, Pero, mis amigos, ¡Cristo ha resucitado!»

Hubiera podido esperarse un estallido de risas en respuesta a la insólita afirmación, pero no sucedió así. Aquellos obreros habían oído aquel grito muchas otras veces, puesto que cada año se aquellas palabras en el clímax del servicio de resurrección. Llegado el momento de terminar el servicio, el sacerdote proclamaba al pueblo la buena noticia: «¡Cristo ha resucitado!» Entonces las gentes se abrazaban y se besaban y gritaban al unísono: «¡Verdaderamente, ha resucitado!» En esta ocasión, cuando el sencillo sacerdote ruso profirió el grito tradicional, la multitud fue sacudida y, como si se tratara de un volcán que de pronto despierta, surgió una atronadora respuesta de cientos de gargantas: «¡Verdaderamente, ha resucitado!»

¿Qué es lo que sucedió? Pues que por encima de toda propaganda materialista y atea está el hecho de que la resurrección de Cristo responde a las más profundas expectativas y deseos humanos. La resurrección de Jesucristo es un acto sobrenatural de Dios que manifiesta el interés y amor de Dios por nosotros y que su poder está a nuestro favor.

G. R. Beasley—Murray

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