Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

La mariposa y la oruga

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Había una vez una oruga que vivía en un gran árbol del parque. Cada día la oruga iba mordisqueando las hojas que encontraba en su camino, sin prestar atención a nada más.

Pero un día la oruga se dio cuenta de que había algo lleno de colores volando por encima del árbol. Se quedó deslumbrada con los naranjas y azules luminosos que captaban la luz del sol y cuando esta brillante criatura voló cerca de la oruga, ésta pudo ver que era una hermosa mariposa.

La mariposa parecía flotar en el aire, rozando la rama en la que estaba sentada la oruga.

— Oh, mariposa, qué hermosa eres y con qué suavidad vuelas. Por favor, enséñame a volar como tú.

La mariposa se acercó y le sonrió a la oruga:

— Sé paciente, pequeña criatura, algún día, algún día.

Pero la oruga era impaciente y cuando la mariposa volvió a aparecer al día siguiente, aún más luminosa que antes y volando alrededor de las ramas del árbol, la oruga volvió a decirle:

— Por favor, mariposa, enséñame a volar como tú.

La mariposa le susurró al oído:

— Sé paciente y algún día lo harás.

La oruga estaba tan frustrada que decidió sacarse la idea de la cabeza de una vez por todas y olvidó su deseo de volar.

Entonces un día sucedió algo extraño. Parecía como si el mundo hubiese empezado a dar vueltas, un momento en una dirección y al instante siguiente en la otra dirección. A la oruga empezó a dolerle el estómago, y se sintió muy enferma.

Parecía como si todo se hubiera vuelto desdibujado y distante. El mundo seguía girando, a veces rápido y otras veces despacio. La oruga se quedó paralizada y cerró los ojos, pensando que se estaba muriendo.

Después de un rato, y no sabía cuanto había sido, el mundo pareció dejar de moverse y se sintió más ligera y libre. Le pareció que podía volver a moverse, y, al hacerlo, se dio cuenta de que tenía debajo el árbol, y el sol calentaba.

En la distancia pudo oír un ligero murmullo y se sintió atraída por el ruido. Era una pequeña voz que le decía:

— Por favor, enséñame a volar como tú.

— Paciencia, ya lo harás, ya lo harás.

Sólo entonces se dio cuenta de que se había convertido en una mariposa.

Deja una respuesta

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

La fuerza de la union

La experiencia nos demuestra que lo que no podemos hacer solos, sí podemos hacerlo juntos. Se cuenta que estando 40.000 personas concentradas en un estadio donde se

Artículo Completo