La casa que no satisfacía a la familia

En algún tiempo, el Dios de los cielos obsequió a un hombre una hermosa mansión. Adentro de ella, vivía confortable, con todas las comodidades y con todo lo necesario.

Este hombre llevó a su familia a la mansión y con ella compartió las comodidades y todo lo confortable de la casa. Mas un día, uno de ellos se quedó mirando la hermosa puerta de la casa y dijo:

— Dios de los cielos, ¡que fea está ésta puerta! ¡Qué dañada y envejecida! No es ésta la puerta de moda. No es ésta la puerta preciosa que merezco. Deberías Tú, Dios de los cielos, obsequiarnos una puerta de oro, pues en realidad lo que merecemos es una puerta de oro puro.

Y entre sus ruegos durmió, y al despertar, su gran sorpresa fue, que no estaba ya la puerta de madera que antes estaba en la casa, y en lugar de esa puerta no había ninguna. Confundido miró como quedaba el espacio y el hueco de la puerta, y como no llegaba ninguna puerta de oro.

Entonces, otro de ellos se quedó observando las paredes de la casa y dijo:

— ¡Qué feas paredes! ¡Qué rayadas, dañadas y envejecidas! No son éstas las paredes que merecemos en nuestra familia. ¡Dios de los cielos!, has de enviarnos, paredes de esmeraldas y rubíes y cristales preciosos, para adornar nuestra casa, como realmente merecemos que esté adornada.

Y entre sus ruegos se fue a dormir, y al despertar ¡cuál sería su sorpresa!, cuando vio que la casa ya no tenía paredes, y en lugar de las paredes no había ningunas otras. Solamente quedaba el espacio, y las paredes de esmeraldas, y rubíes, y cristales… ¡no habían llegado!

Entonces otro de ellos miró hacia arriba y dijo:

— ¡Dios de los cielos!, creo que te has olvidado de cambiarnos este feo techo. ¡Mira que envejecido y feo está! Creo que ha sido un olvido tuyo. Pero, ahora he de recordarte, que merecemos un techo de finos cuarzos que cubra nuestra casa, y que la adorne como realmente merecemos.

Y entre ruegos se fue a dormir, y al despertar… ¡cuál sería su sorpresa!, cuando vio que ya no había techo en la casa… ni techo, ni paredes, ni puerta.

Entonces llegó otro de ellos y dijo:

— ¡Jum!. Mira ¡que feos pisos tenemos! ¡Mira que deteriorados están! ¡Mira que empobrecidos! Dios de los cielos has de enviarnos unos pisos realmente hermosos, del más fino mármol, para que nuestros piecesitos puedan caminar y sentirse premiados.

Y entre ruegos, fue a dormir y al despertar, ¡cual no sería su sorpresa!, cuando vio que ya no había pisos. Ni pisos, ni puerta, ni paredes ni techos… ¡Ya no había casa!

Entonces todos juntos miraron al cielo y dijeron:

— Señor, ¿por qué nos ha quitado nuestra casa? ¿Por qué te has llevado la puerta, y las paredes, y el techo, y el piso? ¿Por qué no has atendido nuestro llamado, de hacerla mejor para nosotros? ¿No dices Tú, que pidamos con fe y todo lo que pidamos nos será dado? Te hemos pedido con fe, pero Tú en lugar de darnos… ¡nos haz quitado lo que teníamos!

Entonces el Dios de los cielos hubo de contestar:

— Lo que ustedes tenían, les había enceguecido, y les estaba impidiendo ver lo más maravilloso que realmente tienen. Y en medio de su enceguecimiento, cuando se quejaban por la puerta de madera, hube de quitar la puerta de madera, para que sus ojos pudieran mirar hacia afuera y apreciaran el más hermoso valle, lleno de verde y lleno de árboles, que Yo con amor les he obsequiado.

Cuando se quejaron por las paredes, hube de quitar las paredes, para que sus ojos tuvieran más oportunidad de mirar el precioso mundo que les he obsequiado, con lagos y mares y ríos. Con pájaros que cantan para ustedes. Con peces y vida por donde ustedes puedan mirar. Con verde césped y con hermosos trigales. Y las paredes a veces no les permitían ver ni recordar lo que había afuera.

Pero al ver que no apreciaron lo que había afuera, sino que simplemente miraron hacia arriba y se quejaron del techo, hube de quitarles el techo, para que se dieran cuenta de que arriba de ese techo, había el más preciosos y perfecto cielo, que sólo con el más infinito amor, pude crear para ustedes. Un cielo precioso, en el que les obsequio el sol para que les de calor y luz, y en el que después les adorno con estrellitas y con lunas diferentes, para que se sientan premiados por mi amor infinito. Mas a veces el techo les impide ver mas allá, y hube de quitar el techo para recordarles lo maravilloso del cielo.

Mas, como no apreciaron el cielo, sino que miraron hacia abajo y se quejaron del piso, hube Yo de quitarles el piso, para que recordaran que sus hermosos pies, pueden tocar la más preciosa y perfecta tierra, que sólo desde mi más profundo amor, pude crear para ustedes. Una tierra en la que están depositadas todas las riquezas necesarias para su existencia terrena. Una tierra de la que pueden brotar todas las riquezas que pedían en sus paredes, en sus techos, en sus pisos, y en sus puertas.

Porque de esa tierra que empezó a ser tocada por sus pies, pueden hacer que brote el oro y las esmeraldas y los rubíes y los cuarzos y todos los materiales necesarios para la abundancia terrena que merecen. Porque puse allí todas esas riquezas, mas ustedes pueden caminar sobre ellas, como un símbolo de que son mucho más grandes que las riquezas materiales, porque las riquezas materiales están justo abajo de sus pies.

Ahora han de apreciar los más hermosos premios. Ahora han de apreciar los más hermosos tesoros, los que realmente son tesoros y los que realmente son premios. Y sintiéndose premiados por esos tesoros, pongan ahora sí, los pisos que quieran y pongan ahora sí, las paredes que quieran, y construyan los techos, y pongan las puertas que quieran, pues todas las riqueza están puestas en la tierra para ustedes.

Mas, para hacerlo, han de agradecer y reconocer el verdadero valor de las cosas, y han de relevar un poco sus órdenes, y han de entender lo que realmente vale, porque Dios les ha premiado de riquezas y les ha hecho abundantes.

Piense cada uno en su corazón, con qué dinero terreno podría comprar lo que Dios les ha obsequiado, sin pedirles un céntimo. No habría ninguna suma posible que comprara el cielo, ni el sol, ni la luna, ni las estrellas, ni el viento, ni los árboles, ni los pájaros, ni la tierra, ni los valles, ni las montañas, ni los ríos, ni los lagos, ni los mares, ni los peces, ni la vida… ¡ni el latido de su corazón!

Todo eso ha sido un obsequio del amor de Dios, y han de disfrutar ese obsequio y enaltecerlo. Todo está dispuesto para su dicha, todo está puesto ahí de forma perfecta, para su plenitud y su abundancia. Y su libre albedrío hace lo que quiere hacer y obtiene los resultados que quiere obtener, y no han de reclamarle a Dios por lo que ustedes han creado.

Al Padre eterno, simplemente agradézcanle lo que les ha obsequiado, y continúen sus luchas en amor, reconociendo… ¡que hay tanto para ustedes, sin necesidad de que lo compren!

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Soy madre de tres hijos de 14, 12 y 3 años y recientemente terminé mi carrera universitaria. La ultima clase que tomé fue Sociología. La

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