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La actitud es la diferencia

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Los deseos primarios de toda persona son ganar más dinero, progresar y ser felices. Una forma efectiva de lograr estos anhelos es siendo ricos. Así como hay personas pobres y personas ricas, hay países pobres y países ricos.

La diferencia entre los países pobres y los ricos no es la antigüedad del país. Lo demuestran casos de países como India, China y Egipto, que tienen miles de años de antigüedad y son subdesarrollados y pobres. En cambio, Australia y Nueva Zelandia, que hace poco más de 150 años eran casi desconocidos, son sin embargo hoy, países desarrollados y ricos.

La diferencia entre países pobres y ricos tampoco son los recursos naturales con que cuentan, como es el caso de Japón, que tiene un territorio muy pequeño y el 80% es montañoso y no apto para la agricultura o ganadería; sin embargo, es la segunda potencia económica mundial pues su territorio es como una inmensa fábrica flotante que recibe materiales de todo el mundo y los exporta transformados a todo el mundo, logrando su riqueza.

Tampoco la inteligencia de las personas es la diferencia, como lo demuestran estudiantes de países pobres que emigran a los países ricos y logran resultados excelentes en su educación. Otro ejemplo son los ejecutivos de países ricos que visitan nuestras fábricas y al hablar con ellos nos damos cuenta de que no hay diferencia intelectual.

La actitud de las personas es la diferencia. Al estudiar la conducta de las personas en los países ricos, se descubre que la mayor parte de la población sigue las siguientes reglas: Orden, limpieza, puntualidad, responsabilidad, deseo de superación, honradez, respeto por el derecho de los demás, respeto a la ley y los reglamentos, amor al trabajo, afán por el ahorro y la inversión.

Por otro lado, en los países pobres, sólo una mínima parte de la población sigue estas reglas en su vida diaria. Ya conoces la manera de lograr tus anhelos, cambia tu actitud y verás los resultados.

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