Jueces 5: Cántico de Débora y de Barac

El agua influye para que tres tribus no lleguen a la batalla. Sin embargo, a la larga Jehová usará el agua para destruir al enemigo.

Después de comentar la participación de las varias tribus, el cántico da honra especial a Zabulón y Neftalí, las tribus más involucradas en la lucha. Las alturas del campo pueden ser el monte Tabor, o tal vez la frase sea algún modismo hoy desconocido.

Excusas para no colaborar

1. Los de la tribu de Rubén deliberaron sobre la decisión de pelear.

2. El deseo de cuidar el rebaño ganó sobre el deseo de pelear.

3. Los de la tribu de Dan se quedaron cuidando sus interes marítimos.

4. Los de la tribu de Aser se quedaron para habitar las bahías.

5. Los de Meroz son maldecidos porque no vinieron en ayuda a Jehová.

La batalla

La estrofa habla de la actuación de dos grupos de combatientes: los reyes de Canaán, y las estrellas y el torrente de Quisón. Concluye recordando la retirada de los reyes.

Han enumerado las tribus que fueron a la batalla. Ahora cuenta que en contra de ellas vinieron los reyes de Canaán. La repetición de reyes y combatieron evoca la fuerza de estos aliados de Jabín. Sin embargo, se quedaron con las manos vacías.

Ubica la batalla cerca de Tanaac y Meguido. Estas ciudades quedaban a unos 25 km. del monte Tabor, donde el combate se emprendió. Tal vez el ejército cananeo, habiendo sido repelido en el monte Tabor, encontró cortada su retirada en Tanaac por una creciente en el torrente de Quisón. Allí intentaría una defensa final. Al mencionar las aguas de Meguido (otro nombre del torrente de Quisón, el cántico anticipa con más claridad el medio que Dios usará para derrotar a los reyes.

En contra de los cananeos y a favor de Israel pelearon desde el cielo las estrellas y, en la tierra, el torrente de Quisón. Las estrellas podrían ser los ángeles, pero es más probable que se presenten como fuentes de lluvia, así como también se dice en cierto poema ugarítico. No se trata de un error científico, sino de una figura literaria. Sería absurdo vedar a los poetas el uso de figuras que no corresponden de todo a la realidad científica.

El arma, entonces, que Jehová usó en contra de los reyes de Canaán fue un aguacero. Este produjo una creciente en el torrente de Quisón, alimentado por las aguas que fluyeron de los montes. La creciente arrastró a los cananeos e hizo inútiles sus carros de hierro. Probablemente todo esto sucedió en la temporada seca del año, cuando los arroyos normalmente no tenían agua. De otra manera, Sísara hubiera tenido más cuidado de no quedar atrapado por el torrente. La lluvia, entonces, sería una clara señal de la intervención divina, y la creciente tomaría a los cananeos completamente por sorpresa. El aguacero también demostraría a los ejércitos que el Dios de la lluvia no era Baal, sino Jehová.

Aunque el cántico ha puesto mucho énfasis en quiénes de Israel acudieron a la batalla, aquí no incluye a los israelitas entre los combatientes. Más bien la batalla es de Jehová, quien utiliza como arma a la naturaleza. Sin embargo, los contrincantes de Jehová no son los dioses cananeos. Hay un solo Dios real, quien pelea desde los cielos, y los que se le oponen, aunque sean reyes, son meros seres humanos.

Evoca el sonido de los cascos de los caballos cuando los carros de Sísara huían en desorden. La segunda mitad del versículo contiene una onomatopeya en el heb., lit. “por el galope, galope de sus corceles”.

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