Jueces 18: Micaía y los hombres de Dan

Cuando el levita se dio cuenta de lo que los cinco danitas hacían, les cuestionó, pero lo callaron ofreciéndole un mejor empleo; un “ministerio más amplio” diríamos hoy día) si se aliaba con ellos. Le invitan a ser para ellos padre y sacerdote, exactamente lo que Micaías le había pedido. Las palabras tribu y clan aquí funcionan como sinónimos; ambas se refieren a Dan.

De nuevo, en vez de reprender el pecado, el levita se alegra por la oportunidad de un ascenso. Cegado por los beneficios económicos y el prestigio, no cumple su función de padre ni para Micaías ni para Dan. Además, es desleal a Micaías, quien lo ha tratado como uno de sus hijos. Si así actúa uno de los levitas consagrados al servicio de Jehová, ¿qué se puede esperar del resto de la nación? De todos los personajes dignos de censura en esta historia, el más culpable es el levita. Otros tal vez pequen por ignorancia, pero no el levita. Debiendo serles ejemplo y corregirlos, por intereses personales se conforma con su pecado.

Ahora el levita mismo toma los objetos cúlticos, haciéndose partícipe del robo. Para mayor seguridad se coloca en medio de los danitas.

Las repeticiones de “imagen”, “efod” y “terafines” subrayan la idolatría de los danitas. “Tomar” se repite tres veces. En la justicia divina, lo que Micaías robó ahora le es robado a él.

Al retirarse, los danitas se preparan para un ataque contra la retaguardia. Efectivamente Micaías y sus vecinos los persiguieron. Los alcanzaron, porque los danitas llevaban consigo su ganado. Sin embargo, siendo más numerosos y estando armados para la guerra, éstos rechazaron el reclamo. Primero fingen inocencia, pero luego responden a la acusación airada de Micaías con una amenaza de muertex.

El diálogo revela la vileza de la tribu y la superstición de Micaías, ambas productos de la influencia cananea. Si Dan, debiendo ser juez de Israel (Dan significa “juez”), roba con amenaza en aras de la adoración a Jehová, ¿qué se puede esperar del resto de la nación? Lo absurdo de la idolatría de Micaías se plasma en sus palabras, mis dioses que yo hice. ¿Qué socorro o bendición pueden dar dioses que uno mismo ha hecho? Lo cierto es que no evitaron el despojo. Micaías y los danitas son representativos de la nación, sumida en el error teológico y ético.

Micaías tiene que resignarse a su pérdida. Lejos de recibir prosperidad de sus dioses y sacerdote, pierde toda su inversión. ¿Se habría cumplido en alguna medida la maldición de su madre?

Rumbo a la tierra prometida, Israel hizo escala en el monte Sinaí, para hacer un pacto con Jehová y recibir sus mandamientos. Los danitas, en contraste, han hecho escala en la casa de Micaías para adquirir un culto falso a Jehová, quebrantando aspectos éticos y cúlticos del pacto sinaítico.

El sacerdote ingrato

1. El sacerdote fue ingrato porque había recibido ayuda de Micaías, quien le aceptó en su casa, le trató como su hijo, le pagó sus servicios y le hizo sacerdote sobre sus ídolos.

2. Cuando se le presentó una oportunidad de irse con los hombres de Dan, vio la posibilidad de vivir una situación mejor.

3. Se alió con gente foránea, quienes buscaban la manera de aprovecharse de Micaías.

4. Al salir, tomó los ídolos y el efod de Micaías, dejándolo en peores condiciones que cuando había llegado a su casa.

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