Jueces 18: Micaía y los hombres de Dan

Después de pernoctar en la casa de Micaías, los espías continuaron su viaje hacia el norte hasta Lais, 35 km. al norte del mar de Quineret (el mar de Galilea) y 40 km. al oriente de Tiro. Observaron que la ciudad se podría conquistar fácilmente, ya que no estaba vigilada ni tenía aliados que llegaran rápido. Como los sidonios, o sea, los fenicios, los de Lais vivían del comercio y no salían a la guerra. La tercera oración es oscura en el heb. Las versiones la traducen y enmiendan de maneras variadas. Una traducción lit. podría ser: “No había en la tierra quien humillara en nada, detentando el poder”.

Lais quedaba 48 km. al sudeste de Sidón, pero como la sierra del Líbano separaba los dos pueblos, era imposible que los fenicios acudieran rápidamente. Para la última palabra del versículo, probablemente debemos leer con la LXX: ’ aram, “Aram” en lugar de ’ adam, “hombre”. En heb. los equivalentes de las letras “r” y “d” se parecen mucho. Damasco, la ciudad principal de los arameos, estaba 65 km. al noreste de Lais, y otras ciudades arameas estaban más cerca aún.

La descripción de Lais crea cierta simpatía para este pueblo tranquilo, pacífico e indefenso. Dista mucho de la descripción del rey cananeo Adonibezec y los cananeos en general, quienes merecían ser conquistados.

Los espías dan un informe halagador. Exhortan a los danitas a no perder tiempo en ir a tomar Lais. Les aseguran que el territorio allí es grande y fértil, y que la conquista será fácil. El oráculo del levita les hace pensar que Dios está de su lado. Sus palabras hacen eco de las descripciones de la tierra prometida: buena, extensa, que Dios ha entregado en vuestra mano, no falta ninguna cosa de lo que hay en la tierra. En comparación con diez de los espías en Cades Barnea los cinco danitas parecen llenos de fe, pero sospechamos que su confianza no se debe a su fe en Dios sino a la falta de defensa de Lais.

La religión del embudo

1. Algunos quieren oraciones contestadas en forma favorable sin tener que comprometerse.

2. Algunos se someten a la dirección de Dios solamente cuando les favorece.

3. Algunos quieren asegurarse del éxito de un programa sin estar dispuestos a dar para tal programa.

4. Algunos quieren recibir los favores de Dios pero viven vidas inmorales.

Seiscientos guerreros de Dan

Alentados por el informe, parten 600 varones con sus familias y posesiones. Suben hacia la región montañosa, y hacen escala al oeste de Quiriat-jearim, en un sitio que luego será llamado Campamento de Dan. Quiriat-jearim estaba en la frontera entre Judá y Benjamín, 13 km. al noreste de Zora y Estaol y, por lo tanto, del otro campamento de Dan.

Cuando llegaron a la par de la casa de Micaías, los cinco espías informaron a sus coterráneos acerca del santuario, concluyendo con la enigmática sabéis lo que habéis de hacer . Lo que debían hacer era destruir el santuario idolátrico. Tendremos que esperar para enterarnos que los planes danitas eran otros.

El autor narra con bastantes detalles, dando así énfasis al robo que relata. Los cinco espías salieron del camino y entraron en la propiedad de Micaías, hasta la casa del levita. Saludando al levita, regresarían con él a la puerta de la propiedad de Micaías, donde estaban los 600 hombres armados. Micaías no vivía en una ciudad, pero, siendo de familia rica, tenía varias casas cercadas de un muro.

Mientras el levita estaba distraído saludando a los 600 danitas, los cinco espías subieron al santuario (estaría en una parte elevada de la propiedad) y quitaron las dos partes de la imagen, el efod y los terafines. ¡Qué recompensa traicionera por la hospitalidad de Micaías! ¡Qué contraste con los espías que entraron en la casa de Rajab para salvar todo lo que era de ella! La religión danita estaba desprovista de la ética. Como Micaías, creían que si tenían el mejor equipo cúltico recibirían la bendición divina, aunque robaran a un hermano israelita.

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