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Juan 8: Miseria y misericordia

Jesús contestó así a las objeciones de los escribas y fariseos de que Sus palabras no se podían aceptar por falta de testimonio. De hecho, tenían el respaldo de un doble testimonio: Su propia consciencia de autoridad, y la de Dios.

(ii) Segundo, Jesús confirma Su derecho a juzgar. Su venida al mundo no fue primariamente para juzgar, sino por amor. Al mismo tiempo, la reacción de cada persona a Jesús es en sí su juicio: si no ve nada extraordinario en Él, se condena a sí misma. Aquí traza Jesús un contraste entre dos clases de juicio.

(a) Hay un juicio que se basa en el conocimiento humano o en niveles humanos, y que nunca ve más allá de las apariencias. Ese era el de los escribas y fariseos; y, en último análisis, así son los juicios humanos, porque no podemos ver debajo de la superficie de las cosas.

(b) Hay un juicio que se basa en un conocimiento total de los Hechos y de las circunstancias, y ése pertenece sólo a Dios. Jesús afirmaba que los juicios que El hacía no eran meramente humanos, sino divinos, porque El era Uno con Dios. Ahí radican tanto un consuelo como una advertencia. Sólo Jesús conoce todos los Hechos. Eso Le hace más misericordioso que nadie; pero también Le permite ver los pecados que están ocultos a los ojos humanos. El juicio de Jesús es perfecto porque lo hace con un conocimiento que sólo tiene Dios.

(iii) Por último, Jesús les dijo abiertamente a los escribas y fariseos que no tenían verdadero conocimiento de Dios. El hecho de que no reconocieran lo que y Quién era Él era la prueba de que no conocían a Dios. La tragedia era que toda la Historia de Israel había sido diseñada para que los judíos reconocieran al Hijo de Dios cuando viniera; pero los escribas y fariseos estaban tan enredados en sus propias ideas, tan involucrados en sus propios proyectos, tan seguros de que su concepción de la religión era la única correcta, que se habían vuelto ciegos para Dios.

FATAL INCOMPRENSIÓN

Juan 8:21-30

Entonces les dijo Jesús otra vez:

-Yo me voy, y Me buscaréis, pero moriréis en vuestro pecado. Adonde Yo voy vosotros no podéis venir.

A eso decían los judíos:

-¡No irá a cometer suicidio, y por eso dice: « Adonde Yo voy vosotros no podéis venir»!

-Vosotros sois de abajo -les dijo Jesús-, pero Yo soy de arriba. Vosotros pertenecéis a este mundo, pero Yo no. Os he dicho que moriréis en vuestros pecados porque, si no queréis creer que Yo soy el Que soy, moriréis en vuestros pecados.

-¿Y quién eres Tú? -Le preguntaron; y ÉL respondió:

-Lo que os estoy diciendo no es más que el principio. Todavía tengo muchas cosas que decir de vosotros, y muchos juicios que hacer de vosotros; pero el Que Me envió es verdadero, y Yo digo en el mundo lo que he oído de Él.

Ellos no se enteraban de que les estaba hablando del Padre. Así que Jesús les dijo:

-Cuando levantéis al Hijo del Hombre, entonces sabréis que Yo soy el Que soy, y que no hago nada por mi propia cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre Me ha enseñado. El Que Me envió está conmigo. No Me ha dejado solo, porque Yo hago siempre lo que a Él Le parece bien.

Cuando decía estas cosas, muchos creyeron en Él.

Este es uno de los pasajes de discusión y debate que son característicos del Cuarto Evangelio y tan difíciles de dilucidar. Aquí hay varias tramas de razonamiento que se entrelazan.

Jesús empieza diciéndoles a Sus oponentes que Él se marcha; y que, cuando se haya ido, se darán cuenta de lo que se han perdido, y Le buscarán, pero será en vano. Esta es una nota verdaderamente profética. Nos recuerda tres cosas. (i) Hay ciertas oportunidades que se presentan una sola vez, y que no se repiten. A todas las personas se les presenta la oportunidad de aceptar a Jesucristo como Salvador y Señor; pero es posible que la rechacen y la pierdan, y no vuelva a presentárseles. (ii) Está implícita en este razonamiento la verdad de que la vida y el tiempo son limitados. Tenemos un espacio de tiempo en el que tenemos que hacer nuestra decisión por Cristo. El tiempo de que disponemos es limitado, y ninguno sabemos cuál es nuestro límite. Por tanto, todas las razones están a favor de que hagamos la decisión ahora. (iii) Precisamente porque hay oportunidad en la vida, hay también juicio. Cuanto mayor sea la oportunidad, y más claramente se nos presente, mayor será el juicio por rechazarla o perderla. Este pasaje nos pone cara a cara con la gloria de la oportunidad, y el tiempo limitado de que disponemos para aprovecharla.

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