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Juan 8: Miseria y misericordia

Pastor Lionel

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-No nos conocéis, ni a mí, ni a mi Padre -respondió Jesús-. Si me hubierais reconocido a mí habría sido señal de que también conocíais a mi Padre.

Estas cosas las dijo en el lugar de las ofrendas, cuando estaba enseñando en el recinto del templo; y nadie le puso las manos encima con violencia, porque aún no había llegado su hora.

El escenario de esta discusión con las autoridades judías fue el lugar en que se hacían las ofrendas del templo, que estaba en el atrio de las mujeres. El atrio más exterior era el de los Gentiles; el segundo, éste, el de las mujeres, que se llamaba así porque las mujeres no podían entrar más adentro, excepto cuando iban a ofrecer sacrificio en el altar que estaba en el atrio de los sacerdotes. Alrededor del atrio de las mujeres había un pórtico con columnas en el que había, colocados en el muro, trece cofres en los que los fieles echaban sus ofrendas. Los llamaban las trompetas, porque tenían esa forma, más estrecha por la parte de arriba y ensanchándose hacia abajo.

Cada uno de los trece cofres estaba destinado para una ofrenda determinada. En los dos primeros se echaban los medios siclos que tenían que pagar todos los judíos para el mantenimiento del templo. En el tercero y el cuarto se ponían las cantidades de la compra de dos pichones que tenían que ofrecer las mujeres para purificarse después de tener un hijo Lev_12:8 ). En el quinto se ponían las aportaciones para los gastos de la leña que se necesitaba para mantener el fuego del altar. En el sexto se echaban las contribuciones al gasto del incienso que se usaba en los cultos del templo. Al séptimo se echaban las contribuciones a los gastos de mantenimiento de los instrumentos y recipientes de oro que se usaban en los oficios. Algunas veces una familia apartaba una cantidad como ofrenda de acción de gracias o por algún pecado; en las otras seis trompetas los fieles echaban el dinero que les sobraba después de hacer las ofrendas prescritas, y cualquier extra que quisieran añadir.

En el lugar de las ofrendas siempre habría un constante fluir de gente entrando y saliendo. Sería el lugar ideal para conseguir una audiencia de gente piadosa para impartir enseñanza.

En este pasaje, Jesús se presenta diciendo: «Yo soy la luz del mundo.» Es probable que el trasfondo de esta escena hiciera sus palabras aún más actuales e impactantes. La fiesta en la que Juan coloca estas palabras de Jesús era la de los Tabernáculos Joh_7:2 ). Ya hemos visto Joh_7:37 ) que sus ceremonias ofrecían un perfecto escenario a la invitación de Jesús a los que tuvieran sed espiritual.

Pero había otra ceremonia conectada con esta fiesta. El primer día por la tarde había la ceremonia que se llamaba la Iluminación del Templo. Tenía lugar en el atrio de las mujeres, que estaba rodeado de unas galerías anchas, aptas para albergar gran número de espectadores. En el centro se colocaban cuatro candelabros inmensos. Cuando caía la tarde, los encendían, y se decía que lanzaban tal resplandor que iluminaba los patios de toda Jerusalén. Desde entonces hasta el canto del gallo la mañana siguiente, los más grandes y más sabios y más santos de Israel danzaban delante del Señor y cantaban Salmos de gozo y de alabanza mientras la multitud los miraba. Jesús está diciendo: « Habéis visto que el resplandor de la iluminación del templo rasga las tinieblas de la noche. Yo soy la luz del mundo y, para todos los que me sigan, habrá luz, no sólo una noche maravillosa, sino a lo largo de todo el camino de la vida. La luz del templo es muy brillante, pero al final parpadea y muere. Yo soy la Luz que dura para siempre.»

Jesús dijo: « El que me siga, no andará en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.» La luz de la vida quiere decir dos cosas. En griego puede querer decir, o la luz que irradia la fuente de la vida, o la luz que da la vida. En este pasaje quiere decir las dos cosas. Jesús es la misma Luz de Dios que ha venido al mundo; y es también la Luz que da la vida al mundo. Como no puede florecer una planta que no vea la luz del Sol, tampoco pueden florecer nuestras vidas con la gracia y la belleza que deben desplegar hasta que las irradia la Luz de la presencia de Jesús.

En este pasaje, Jesús habla de seguirle a Él. Es una expresión que usamos a menudo, y animamos a otros a seguir a Jesús. ¿Qué queremos decir? La palabra griega para seguir es akoluthein; y sus significados se combinan para lanzar un raudal de luz sobre lo que quiere decir seguir a Jesús. Akoluthein tiene cinco sentidos diferentes pero íntimamente relacionados.

(i) Se usa a menudo del soldado que sigue a su capitán. En las largas marchas, a las batallas o en las campañas en tierras extrañas, el soldado sigue a su capitán adonde le dirija. El cristiano es un soldado cuyo General es Jesús.

(ii) Se usa a menudo de un esclavo que acompaña a su amo. Dondequiera que vaya el amo, el eslavo está a su servicio, siempre dispuesto a salir al paso de cualquier necesidad o a cumplir cualquier tarea que le encomiende. Está totalmente a disposición de su amo. El cristiano es un esclavo cuya felicidad consiste en estar siempre al servicio de Cristo.

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