Juan 7: El tiempo del hombre y el de Dios

Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer mis palabras?» (Juan 5:47).

Si pasamos directamente de ahí a 7:15-24 obtenemos muy buen sentido. Jesús acaba de referirse a los escritos de Moisés, y los líderes judíos expresan su sorpresa diciendo: « ¿Cómo es que sabe leer este sin haber estudiado?» Entenderemos mucho mejor el sentido y lo pertinente de Juan 7:15-24 si suponemos que seguía originalmente a Juan 5:47; tengámoslo presente al estudiar ahora ese pasaje en cuestión.

La objeción que le hacían a Jesús era que era un iletrado. Es exactamente la misma acusación que hicieron contra Pedro y Juan cuando comparecieron ante el sanedrín (Hechos 4:13). Jesús no había estudiado en las escuelas rabínicas. La costumbre era que no se permitía explicar las Sagradas Escrituras y hablar de la Ley nada más que a los discípulos de maestros reconocidos. Ningún rabino se atrevería jamás a hacer ninguna afirmación sobre la base de su propia autoridad. Siempre empezaba: «Hay una enseñanza de que…», y proseguía citando las autoridades que sustentaban lo que él quería decir. Y aquí estaba ese Carpintero galileo, Que no tenía estudios de ninguna clase, y que se atrevía a citar y a explicar nada menos que lo que había dicho Moisés.

Aquí Jesús habría podido caer en una trampa. Podría haber dicho: «Yo no necesito ningún maestro. Soy autodidacto; no he recibido la enseñanza ni la sabiduría de ningún otro.» Pero, en vez, dijo: « ¿Preguntáis quién ha sido mi maestro? ¿Queréis saber qué autoridad aduzco para mi exposición de la Escritura? Mi autoridad es Dios.» Jesús se presentaba como discípulo de Dios.

De hecho, esta es una afirmación que hizo repetidas veces. «No he hablado de mi propia capacidad. El Padre que me envió me ha mandado lo que tengo que decir y hablar» (Juan 12: 49). «Las cosas que Yo os digo no las hablo por mi propia cuenta»

Frank Salisbury cuenta que recibió una carta después de pintar su gran cuadro El entierro del guerrero desconocido en la abadía de Westminster. Un compañero artista le decía: «Quiero felicitarte por el gran cuadro que has pintado -o más bien, el cuadro que Dios te ha ayudado a pintar.» Todas las grandes .producciones de la mente o del espíritu humano son dones de Dios.

Si nos gloriamos de ser autodidactos, si pretendemos que cualquier descubrimiento que hayamos hecho es nuestra exclusiva obra, estamos, a fin de cuentas, glorificando solamente nuestra reputación y nuestro ego. Los hombres más grandes no piensan en el poder de su propia mente o mano, sino siempre en el Dios que les dice lo que saben y les enseña lo que pueden hacer.

Además, Jesús establece a continuación una verdad. Sólo los que hacen la voluntad de Dios pueden comprender de veras su enseñanza. Ésa no es una verdad teológica, sino universal. Aprendemos haciendo. Un médico puede aprender la técnica de la cirugía de los libros. Puede que llegue a saber la teoría de todas las operaciones posibles. Pero eso no le hará cirujano; tiene que aprender haciendo. Uno puede estudiar el funcionamiento de un motor de coche; en teoría puede que sea capaz de planificar cualquier arreglo o ajuste; pero eso no le hará un buen mecánico. Tiene que aprender haciendo.

Así sucede con la vida cristiana. Si esperamos hasta comprenderlo todo para ponerlo por obra, nunca empezaremos. Pero, si empezamos a hacer la voluntad de Dios hasta donde la conocemos, la verdad de Dios se nos hará más y más clara. Si alguien dice: «Yo no puedo ser cristiano, porque hay mucho de la doctrina cristiana que no entiendo, y tengo que esperar hasta entenderlo todo,» la respuesta correcta sería: «Nunca lo entenderás todo por completo; pero, si empiezas por tratar de vivir la vida cristiana hasta donde ya la entiendes, la entenderás más y más cada día.» En el Cristianismo, como en todo lo demás, la manera de aprender es ponerlo por obra.

Recordemos que es muy probable que este pasaje debería venir realmente detrás de la historia de la curación del inválido de Betesda. Han acusado a Jesús de impiedad porque devolvió la salud a uno en sábado, y Él pasa a demostrar que estaba buscando solamente la gloria de Dios, y que no había ninguna mala intención en su obra.

UN RAZONAMIENTO SABIO

Juan 7:19-24

-¿No os dio Moisés la Ley, y no hay ni uno de vosotros que de veras la guarde? ¿Por qué queréis matarme?

– ¡Estás loco! -dijo la gente- ¿Quién es el que está pensando matarte?

Jesús les contestó: -Yo no he hecho más que una obra, y todos os maravillasteis. Moisés os dio el rito de la circuncisión (aunque no fue Moisés el que la originó, sino que se remonta a vuestros antepasados), y circuncidáis los varones aunque sea sábado. Si es lícito circuncidar a un hombre en sábado sin que eso suponga quebrantar la Ley de Moisés, ¿os enfurecéis conmigo por curar todo el cuerpo de un hombre en sábado? Dejad ya de juzgar por las apariencias y haced que vuestros juicios sean justos.

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