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Juan 5: La impotencia humana y el poder de Cristo

JESUS ENSEÑA EN JERUSALEN

Entre los capítulos cuatro y cinco de Juan, Jesús ministró en Galilea, sobre todo en Capernaum. Llamó a ciertos hombres para que le siguieran, pero esto no fue así hasta después de su viaje a Jerusalén (5.1) en el que eligió a sus doce discípulos entre ellos.

Al decir que los muertos oirán su voz, Jesús se refería a los espiritualmente muertos que oyen, entienden y lo aceptan. Los que aceptan a Jesús, el Verbo, tendrán vida eterna. Jesús se refería también a los que están físicamente muertos. Cuando estuvo en la tierra, resucitó a varias personas, y en su Segunda Venida todos los «muertos en Cristo» se levantarán para encontrarse con El (1Th_4:16).

Dios es la fuente y el Creador de la vida, pues no hay vida separados de El, ni aquí ni en el más allá. La vida en nosotros es un don que viene de Dios (véanse Deu_30:20; Psa_36:9). Como Jesús existe eternamente con Dios, el Creador, El también es «la vida» (Psa_14:6) por la cual podemos vivir para siempre (véase 1Jo_5:11).

El Antiguo Testamento había mencionado tres señales del Mesías que habría de venir. En este capítulo, Juan muestra que Jesús ha cumplido las tres señales. Todo poder y autoridad le son dados por ser el Hijo del Hombre (cf. 5.27 con Dan_7:13-14). Los cojos y los enfermos son sanados (cf. 5.20, 26 con Isa_35:6; Jer_31:8-9). Los muertos son levantados (cf. 5.21, 28 con Deu_32:39; 1Sa_2:6; 2Ki_5:7).

Los que se han rebelado contra Cristo también resucitarán, pero para escuchar el veredicto de Dios en su contra y para recibir la sentencia de una eternidad separados de El. Hay quienes desean vivir bien sobre la tierra, olvidarse de Dios y luego alcanzar con la muerte el descanso final. Las palabras de Jesús no dan lugar a que se perciba la muerte como el fin de todo. Hay un juicio que los incrédulos deberán enfrentar.

Jesús declaraba que era igual a Dios (5.18), daba vida eterna (5.24), era la fuente de la vida (5.26) y juzgaba al pecado (5.27). Estas declaraciones demuestran que Jesús decía ser divino; era una afirmación casi increíble, pero la apoyaba el testimonio de otro: Juan el Bautista.

Los líderes religiosos sabían lo que decía la Biblia, pero no aplicaban sus palabras a la vida. Conocían las enseñanzas de las Escrituras, pero no reconocieron al Mesías que las Escrituras señalaban. Conocían las leyes, pero no vieron al Salvador. Atrincherados en su sistema religioso, se negaron a permitir que el Hijo de Dios cambiase sus vidas. No se enrede tanto en la «religión» que se pierda a Cristo.

¿De quién busca la alabanza? Los líderes religiosos gozaban de prestigio en Israel, pero su sello de aprobación no tenía significado alguno para Jesús. A El le interesaba la aprobación de Dios. Este es un buen principio para nosotros. Aun cuando nuestras acciones reciban la aprobación de los más altos dignatarios del mundo, si Dios no las aprueba, debiéramos preocuparnos. Pero si las aprueba, aun cuando otros no lo hagan, debiéramos estar conformes.

Los fariseos se jactaban de ser los verdaderos seguidores de su antepasado Moisés. Intentaban guardar cada una de sus leyes al pie de la letra, incluso agregaron algunas propias. La advertencia de Jesús de que Moisés los acusaría los enfureció. Moisés escribió acerca de Jesús (Gen_3:15; Num_21:9; Num_24:17; Deu_18:15) y aun así los líderes religiosos no quisieron creer en Jesús cuando vino.

AFIRMACIONES DE CRISTO

Quienes leen la vida de Jesús enfrentan una pregunta inevitable: ¿Fue Dios Jesús? Parte de una conclusión razonable tiene que incluir el hecho de que declaró ser Dios. No tenemos otra alternativa sino la de estar de acuerdo o no con su declaración. La vida eterna está en juego en la elección.

Jesús dijo ser:

el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento

MateoDeu_5:17; Deu_14:33; Deu_16:16-17; Deu_26:31, Deu_26:53-56; Deu_27:43

MarcosDeu_14:21, Deu_14:61-62

LucasDeu_4:16-21; Deu_7:18-23; Deu_18:31; Deu_22:37; Deu_24:44

JuanDeu_2:22; Deu_5:45-47; Deu_6:45; Deu_7:40; Deu_10:34-36; Deu_13:18; Deu_15:25; Deu_20:9

el Hijo del Hombre

MateoDeu_8:20; Deu_12:8; Deu_16:27; Deu_19:28; Deu_20:18-19; Deu_24:27, Deu_24:44; Deu_25:31; Deu_26:2, Deu_26:45, Deu_26:64

MarcosDeu_8:31, Deu_8:38; Deu_9:9; Deu_10:45; Deu_14:41

LucasDeu_6:22; Deu_7:33-34; Deu_12:8; Deu_17:22; Deu_18:8, Deu_18:31; Deu_19:10; Deu_21:36

JuanDeu_1:51; Deu_3:13-14; Deu_6:27, Deu_6:53; Deu_12:23, Deu_12:34

El Hijo de Dios

MateoDeu_11:27; Deu_14:33; Deu_16:16-17; Deu_27:43

MarcosDeu_3:11-12; Deu_14:61-62

LucasDeu_8:28; Deu_10:22

JuanDeu_1:18; Deu_3:35-36; Deu_5:18-26; Deu_6:40; Deu_10:36; Deu_11:4; Deu_17:1; Deu_19:7

el Mesías/ el Cristo

MateoDeu_23:9-10; Deu_26:63-64

MarcosDeu_8:29-30

LucasDeu_4:41; Deu_23:1-2; Deu_24:25-27

JuanDeu_4:25-26; Deu_10:24-25; Deu_11:27

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