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Juan 4: Derribando barreras

Plummer y otros procuran establecer la fecha del evento por la referencia a la cosecha (v. 35). La época de la cosecha sería abril, indicando que el evento habría tenido lugar en diciembre. Sin embargo, la mayoría opina que se trata de un proverbio que se usaba para postergar una acción. Inclusive, la introducción ¿No decís vosotros…? parece apuntar a un dicho o proverbio que sería común y comprensible en ese entonces. Knox, siguiendo este criterio, lo traduce así: “¿No es un dicho de vosotros:…?”. Entre la siembra y siega había un período de inactividad, es decir, en la siembra lit. de semillas, pero en el reino de Dios no existe tal período de inactividad. Los discípulos estarían pensando que Samaria sí necesitaba el evangelio, pero los habitantes aún no estaban prontos para recibirlo. Para ellos, no había apuro ni para sembrar, ni para segar.

Jesús recién había comprobado que la siega estaba pronta. La samaritana sería el primer fruto de la cosecha. Vendría pronto una multitud de hombres para escuchar sus enseñanzas y quizá ya se veían en el horizonte acercándose. Todo apuntaba a una cosecha pronta para ser recogida. Faltaba solo el levantar la mirada de las cosas materiales y contemplar la oportunidad que pronto pasaría, como sucede con la época de la cosecha. Blancos para la siega es una descripción intrigante, pues pocos granos están blancos en el tiempo de la cosecha. Trigo era el grano más común en Palestina y es dorado cuando está pronto para cosechar. Varios comentaristas piensan que lo que Jesús veía y quería que los discípulos viesen era la multitud de hombres que venían vestidos en blanco, como un campo de trigo meciendo en el viento. El adverbio ya está ubicado en el texto gr. entre los vv. 35 y 36 y no hay consenso en cuanto a si pertenece al primero o al segundo. Plummer y otros mantienen que pertenece al v. 35, como en la RVA, pero igual número de eruditos y el texto griego de las Sociedades Bíblicas Unidas lo asignan al v. 36.

Si ubicamos el adverbio ya en el comienzo de la frase del v. 36, se leería así: “El que siega recibe ya salario y…”, es decir, no tiene que esperar. Esta enseñanza de Jesús anuncia tanto una recompensa como un resultado por la labor en el evangelio. Alford y otros intérpretes entienden que la recompensa se encuentra en el mismo resultado. Otros opinan que el premio para el que siega es doble, en el presente y en el futuro: recibe un salario ahora y produce fruto para vida eterna. En resumen, parece que Jesús está motivando a los discípulos a dedicarse a la tarea urgente de compartir el evangelio ya. ¡La siega está pronta, el “salario” está disponible, nada falta, pues manos a la obra!

No debe haber competencia, sino plena cooperación, entre el que siembra y el que siega. El segador realiza una tarea tan importante como la del sembrador, pues aquél completa lo que éste comenzó y cuando ambos realizan su obra se gozan juntos, es decir, simultáneamente. En este caso, probablemente Jesús mismo es el sembrador y los discípulos serían los segadores. Hay cuatro meses entre la siembra y siega del trigo, pero en el evangelio ambas tareas pueden ser realizadas sin esa demora. También, ambas tareas pueden realizarse por la misma persona.

En esto se refiere al versículo anterior. Aquí Jesús cita otro proverbio o dicho comprobado por el v. 36. Casi siempre lo que uno cosecha en términos de almas para vida eterna depende de una siembra anterior realizada por otros. A veces esta realidad es más evidente que en otras. El que escribe llegó a apreciar la verdad de este dicho cuando llegó al Uruguay en 1954. Muchos de los que fueron ganados para el reino de Dios, bajo su ministerio, habían recibido en tiempos anteriores un testimonio escrito o verbal de otros siervos del Señor.

El agua El agua es central a muchos de los eventos de la Biblia. En la creación “Y la tierra estaba sin orden y vacía. Había tinieblas sobre la faz del océano, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Gen_1:2). En el segundo día de la creación, Dios separó las aguas por una bóveda (cielos) y había agua sobre la bóveda y debajo de la bóveda. En el tercer día separa las aguas de la tierra.

Los israelitas consideraban como bendición de Dios las “lluvias tempranas” y las “lluvias tardías” (Deu_11:14). Sin éstas no habría cosecha y tendrían hambre.

Se usaba el agua en las ceremonias religiosas para la purificación de las personas después de su contaminación por tener ciertas enfermedades o por tocar algo impuro.

En su encuentro con la mujer samaritana, con la multitud que le seguía después de la alimentación de los cinco mil y en la fiesta de los Tabernáculos, Jesús usa el agua como símbolo de la nueva vida que él da. Jesús asegura a sus seguidores fieles, que creen en él, que “ríos de agua viva correrán de su interior” (Deu_7:38).

El simbolismo tan importante del agua se ve en la visión de Juan de un río lleno de agua que da vida “que fluye del trono de Dios y del Cordero” (Apoc. 22:1).

En el v. 38 Jesús está aplicando el proverbio del versículo anterior a la misión que encomendaba a los discípulos. El pronombre Yo es enfático y os he enviado traduce un verbo (apostello G649) en el tiempo aoristo; se refiere probablemente al llamado inicial, pues los discípulos no habían iniciado aún su obra de segar.

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