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Juan 4: Derribando barreras

(iii) Hubo descubrimiento y entrega. Los samaritanos descubrieron en Jesús al Salvador del mundo. Es posible que no lo dijeran con esas mismas palabras. Juan estaba escribiendo después de muchos años, y estaba expresando el descubrimiento de los samaritanos con sus propias palabras, que rezumaban el aroma de toda una vida de comunión con Cristo y de meditación acerca de Él bajo la dirección del Espíritu Santo. Juan es el único que usa este glorioso título de Jesús. Lo encontramos aquí y en 1Jo_4:14 . Para Juan era el título de Jesús por antonomasia.

Este título no lo inventó Juan. En el Antiguo Testamento a Dios se Le llama Salvador, Dios de Salvación. Este título se aplicaba también a muchos dioses griegos. Cuando Juan estaba escribiendo, al emperador romano se le otorgó el título de Salvador del Mundo. Es como si Juan dijera: «Todo lo que veníais soñando se ha hecho realidad en Jesús.»

Haremos bien en no olvidar este título. Jesús no era simplemente un profeta que transmitiera con palabras un mensaje de Dios. Tampoco era simplemente un psicólogo experto que tuviera una habilidad extraordinaria para descubrir lo que hay en la mente humana. Es cierto que dio muestras de poseer esa cualidad en el caso de la Samaritana; pero hizo mucho más. Él no era simplemente un ejemplo. No vino sólo a presentarle a la humanidad cómo había que vivir la vida. Un gran ejemplo puede ser descorazonador y frustrante cuando nos deja impotentes para seguirlo.

Jesús era y es El Salvador. Él es el único que puede rescatar a las personas de la situación terrible y desesperada en que se encuentran; el único que puede romper las cadenas que tienen aherrojadas a las personas a su pasado, y darles poder para enfrentarse con el futuro. La Samaritana es en realidad un buen ejemplo de cómo actúa el poder salvador de Jesús. La población donde vivía ya la tendría probablemente por una persona irreformable;. y seguramente ella misma estaría de acuerdo en que jamás sería capaz de llevar una vida respetable. Pero llegó Jesús, y la rescató por partida doble: la capacitó para que se desligara de su pasado, y la introdujo a una nueva vida desde allí en adelante. No hay título que Le corresponda a Jesús mejor que El Salvador del Mundo.

EL ARGUMENTO IRREFUTABLE

Dos días después, Jesús se marchó de allí y se fue a Galilea. Jesús mismo confesaba que a ningún profeta se le reconoce en su propio país. Sin embargo, cuando llegó a Galilea, los galileos Le dieron la bienvenida; porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, porque ellos también habían ido a la fiesta.

Los tres evangelios sinópticos contienen el dicho de Jesús de que a un profeta no se le reconoce en su propia tierra (Mar_6:4 ; Mat_13:57 ; Luk_4:24 ). Era un antiguo y conocido refrán, pero Juan lo introduce en un contexto diferente. En los otros evangelios está en pasajes en los que se cuenta que Jesús fue rechazado por Sus propios paisanos galileos, mientras que Juan lo pone aquí en una ocasión en que Le aceptaron.

Ya hemos visto que Jesús había salido de Judasa y se había dirigido a Galilea para evitar la controversia que estaba provocando Su creciente popularidad. La hora del conflicto no había llegado (Joh_4:1-4 ). Puede ser que Jesús se marchara a Galilea esperando poder retirarse a descansar. Y puede ser que en Galilea pasara exactamente lo mismo que había sucedido en Samaria y que hubiera una respuesta positiva a Su enseñanza. Puede ser que nos encontremos aquí con una de las diferencias del Cuarto Evangelio con respecto a los otros tres. Ya hemos visto que Juan nos relata el ministerio de Jesús en Judasa, mientras que los sinópticos se limitan exclusivamente a Su ministerio en Galilea. Jesús era judío, de la tribu de Judá y nacido en la ciudad de David, Belén, aunque este hecho no lo sabían los judíos (7.42), que daban por supuesto que Jesús era galileo porque venía de Nazaret, donde había vivido casi toda Su vida; y de ahí que Le llamaran Jesús Nazareno. Así que es posible que Jesús citara el refrán del profeta que no es reconocido en su tierra refiriéndose a Su experiencia en Judasa. En los otros evangelios también se presenta Su éxito inicial en Galilea, lo que se suele llamar La primavera galilea.

Sea como fuere, este pasaje y el precedente nos presentan el argumento irrefutable a favor de Cristo. Los samaritanos creyeron en Jesús, no por lo que les dijo otra persona, sino porque ellos mismos Le oyeron hablar de cosas nunca jamás oídas. Los galileos creyeron en Jesús, no por lo que les dijera otra persona acerca de El, sino porque Le vieron hacer en Jerusalén cosas que no se habían visto en la vida. Lo que Jesús decía y hacía eran credenciales a las que no se podía oponer nada.

Aquí tenemos una de las grandes verdades de la vida cristiana. La única prueba convincente del Evangelio es la experiencia cristiana. Puede que a veces tengamos que discutir con la gente hasta que las barreras intelectuales que han levantado se les vengan abajo y se rinda la ciudadela de su mente. Pero, en la inmensa mayoría de los casos, lo único realmente convincente es decir: «Yo sé cómo es Jesús, y lo que puede hacer. Todo lo que te puedo decir es que, si Le ofreces una oportunidad en tu vida, ya verás lo que te sucede.» El evangelismo realmente eficaz empieza cuando podemos decir: «Yo sé lo que Cristo ha hecho por mí. -Y añadimos-: Ofrécele una oportunidad, y verás lo que puede hacer por ti.»

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