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Juan 3: El que vino a Jesús de noche

De cierto, de cierto te digo traduce la doble partícula gr. indeclinable de afirmación (amen G281, amen) que se usa en el NT con el verbo “decir”. La repetición agrega fuerza a una solemne declaración. Tiene el significado de “¡atención, atención!” o “verdad, verdad…”. Este término se encuentra en varios idiomas (hebreo, griego, latín y varios modernos), a veces antes de la declaración que se afirma, como aquí, pero en nuestros días normalmente después. Jesús responde abruptamente al saludo de Nicodemo, dejando de lado los títulos y elogios, yendo directamente al grano de su necesidad. A menos que uno nazca de nuevo introduce un concepto completamente nuevo para este fariseo. La frase está bien traducida como impersonal: “a menos que uno nazca de nuevo”, pero es evidente que la aplicación es a Nicodemo. De nuevo traduce un término gr., anothen G509, que significa lit. “de arriba” o “desde el comienzo”, dando la idea de “de nuevo”. Ambas ideas se encuentran en el término y Barclay traduce las dos: “a menos que un hombre renazca de arriba”. Morris acota que en una sola frase Jesús deja de lado toda la base de la religión de Nicodemo y demanda que él sea rehecho por el poder de Dios. El que escribe conoció en el Uruguay a un hombre de más de 80 años, convertido cuatro años antes, quien cuando daba su testimonio insistía que tenía solo cuatro años de edad. Para él, la vida comenzó cuando recibió a Jesús como su Salvador. Por cierto, la metáfora “nacer de nuevo” o “de arriba” capta notable y simbólicamente lo radical y profundo de la experiencia de salvación; en Cristo uno llega a ser una nueva creación (2Co_5:17).

No puede ver el reino de Dios constituye la segunda parte de una frase condicional, o sea, la apódosis. Si uno no cumple con la condición de la prótasis, no puede recibir el beneficio deseado. Jesús declara una imposibilidad moral, según la voluntad de Dios, y su palabra es “viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos… discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb_4:12). Es una declaración tan categórica como, p. ej., “cualquiera que no reciba el reino de Dios como un niño, jamás entrará en él” (Mar_10:15). Borchert llama la atención al juego de palabras entre Nicodemo (“…nadie puede hacer estas señales…”, (v. 2; ver vv. 4, 5, 9) y Jesús (“…no puede ver el reino…”), entre lo que es posible según la mente finita de Nicodemo y lo que es realmente posible según Jesús.

Ver el reino es equivalente a “entrar en” (v. 5) y ser miembro del reino y participante en él (ver “verá la muerte”,Mar_8:51). El reino de Dios es una expresión muy común en los Sinópticos, pero se encuentra sólo dos veces en Juan (Mar_3:3, Mar_3:5). Tiene que ver con el reinado de Dios, expresado en la teocracia en el AT y en el reino mesiánico en la tierra que el Hijo de Dios vino a iniciar, compuesto de todos los creyentes en Cristo Jesús. El hecho de que Jesús haya exigido una transformación total a este miembro del gran Sanedrín, en vez de recibirlo gustoso y con brazos abiertos, indica lo radical del reino que estaba iniciando y que no bajaba los requisitos para ganar a “un gran pez”.

Plummer afirma que la metáfora de renacer, con el significado de una regeneración espiritual, no sería desconocida para Nicodemo. Sin embargo, Borchert y muchos otros comentaristas dicen lo contrario, que Nicodemo era sincero, entendiendo la afirmación de Jesús en un sentido estrictamente lit., es decir, de un nacimiento físico. Sus preguntas parecen expresar lo absurdo que la exigencia de Jesús le parecía, sobre todo siendo él viejo. Godet sugiere que “Nicodemo no entendía la diferencia entre un segundo comienzo y un comienzo diferente”.

El v. 15 amplía y aclara la exigencia inicial de Jesús. Otra vez Jesús introduce su respuesta con el doble amén, amén, indicando una afirmación solemne. Aclara que “nacer de nuevo” no se refiere, o por lo menos no se limita, a un nacimiento físico. La primera cosa que salta a la vista en el texto griego es que no hay un artículo definido ante agua y Espíritu y, por lo tanto, el énfasis debe recaer sobre la cualidad o el carácter de ambos términos. También se observa que Espíritu (pneuma G4151) en la traducción de la RVA que inserta el artículo definido y lo escribe con mayúscula se justifica porque todos los comentaristas concuerdan en que se refiere a la obra regeneradora del Espíritu Santo.

Lo que ha dado lugar a grandes controversias es la expresión nazca de agua. Hay básicamente tres opciones para interpretar nazca de agua. Primera, puede referirse al rito de purificación (ver 2:6), o al bautismo de arrepentimiento que Juan el Bautista realizaba. Los fariseos, como grupo, rechazaron el bautismo de Juan (ver Luk_7:30) y lo que estaba asociado con él, la identificación de Jesús como el Mesías de Dios. Tal paso sería harto difícil para un fariseo. Segunda, agua puede referirse a la procreación, un concepto muy extraño para nosotros, pero estudios de Odeberg y otros han demostrado que este término, junto con “lluvia” y “rocío”, se usaba para referirse al semen del varón. Si este es el significado, “nacer de agua” se referiría al nacimiento físico. En línea con esta interpretación está el hecho de que el feto humano está en una bolsa de “agua” antes de nacer, haciendo comprensible la idea de “nacer de agua”. Tercera, algunos entienden que “nacer de agua” se refiere al bautismo cristiano. Esta es la posición de los católicos y de los que enseñan que el bautismo en agua es esencial para la salvación. Por ejemplo, Brown discute largamente el significado de “nacer de agua” y confiesa que “no creemos que en el evangelio mismo haya base suficiente para establecer la relación existente entre el nacer del agua y el nacer del Espíritu a nivel de la interpretación sacramental”. Sin embargo, el mismo autor católico termina diciendo que “es posible que Juan se refiera a la comunicación del Espíritu mediante el bautismo”. En contra de esta posición está el hecho de que el bautismo cristiano no existía en el tiempo cuando Jesús tuvo la entrevista con Nicodemo. Brown, consciente de este hecho, sugiere que esta expresión no representaría las palabras de Jesús, sino que habría sido agregada posteriormente por un redactor cuando ya se practicaba el bautismo cristiano. El que escribe entiende que el versículo siguiente resuelve la discusión, apoyando la segunda opción mencionada arriba.

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