Juan 18: El arresto en el huerto

Aunque tomemos la palabra en este último sentido, ¡qué expedición se mandó para arrestar a un carpintero galileo desarmado! En los días de la Pascua siempre había soldados extra en Jerusalén, acuartelados en la Torre Antonia que daba al templo, así es que habría hombres disponibles. ¡Qué importancia le daban al poder de Jesús! Cuando las autoridades decidieron arrestarle, mandaron casi un ejército.

Pocas escenas evangélicas nos revelan las cualidades de Jesús tan bien como la de Su arresto en el huerto.

(i) Nos muestra Su valor. En la Pascua había luna llena, y se veía de noche casi como de día, pero los enemigos de Jesús habían venido con teas y antorchas. ¿Por qué? No las necesitaban. Tienen que haber pensado que tal vez tendrían que buscar entre los árboles o por las cuevas del monte. Pero, lejos de esconderse, Jesús les salió al encuentro. «¿A quién estáis buscando?» -les preguntó. «¡A Jesús de Nazaret!» -Le contestaron. Y Jesús a ellos: «¡Yo soy!» El que pensaban que tendrían que buscar entre los árboles y por las cuevas estaba delante de ellos. Aquí tenemos el valor de un Hombre que da la cara. Durante la Guerra Civil española, una ciudad estaba sitiada. Había algunos que se querían rendir; pero surgió un líder que dijo: «Es mejor morir de pie que vivir de rodillas.»

(ii) Nos muestra Su autoridad. Allí estaba un Hombre solo y desarmado. Tenía enfrente centenares de hombres de guerra, armados y equipados. Sin embargo, cara a cara con Él, retrocedieron y cayeron por tierra. Fluía de Jesús una autoridad que Le hacía más fuerte que el poder de los ejércitos.

(iii) Nos muestra que Jesús eligió morir. De nuevo está claro que podría haber conservado la vida si hubiera querido. Podría haber pasado por en medio de ellos y haberse marchado, pero no lo hizo. Hasta ayudó a Sus enemigos a que Le arrestaran. No rehuyó, sino eligió morir.

(iv) Nos muestra Su amor protector. No pensó en Sí mismo, sino en Sus amigos. « Aquí Me tenéis. Yo soy el que buscáis. Así que prendedme a Mí, y dejad que estos se vayan.» Entre las muchas historias inmortales de la Segunda Guerra Mundial resalta la del misionero de Tarrawa, Alfred Sadd. Cuando llegaron los japoneses a su isla, le pusieron en una fila con otros veinte, casi todos soldados de Nueva Zelanda que habían formado parte de la guarnición. Los japoneses pusieron la bandera británica en el suelo y mandaron a Sadd que la pisoteara. Él marchó hacia la bandera y, al llegar, dio media vuelta a la derecha. Le mandaron otra vez que la pisara, y esta vez torció hacia la izquierda. La tercera vez le obligaron a llegar a la bandera, y él cuando llegó, la tomó en sus brazos y la besó. Cuando los japoneses los sacaron a todos para fusilarlos, muchos eran muy jóvenes y tenían miedo, pero Alfred Sadd les dio ánimo. Se pusieron en fila, con él en medio; pero, de pronto, él salió de la fila, se puso delante de los demás y les dirigió palabras de aliento. Cuando terminó, volvió atrás, pero se quedó un poco por delante de los demás, para ser el primero en morir. Alfred Sadd tenía más presentes los problemas de los otros que los suyos. El amor protector de Jesús abrazó a Sus discípulos hasta en Getsemaní.

(v) Nos muestra Su total obediencia. « ¿Es que no voy a beber el cáliz que Me ha asignado el Padre?» Esa era la voluntad de Su Padre, y con eso bastaba. Jesús fue fiel hasta la muerte a Su misión y al Que Le había enviado.

Hay un personaje en esta escena al que tenemos que hacer justicia, y es Pedro. Él, uno solo, desenvainó la espada contra centenares. Muy pronto Pedro había de negar a Su Maestro; pero en aquel momento estaba dispuesto a enfrentarse solo contra centenares por Cristo. Es muy fácil hablar de la cobardía y del fallo de Pedro; pero no debemos olvidar el sublime valor que desplegó en este momento.

JESÚS ANTE ANÁS

Juan 18:12-14, 19-24

La compañía de soldados con su comandante y los agentes de los judíos apresaron a Jesús y, después de atarle, Le llevaron en primer lugar a Anás, que era el suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. Había sido Caifás el que había aconsejado a los judíos que era mejor que Uno muriera por el pueblo…

EL sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de Sus discípulos y de Su doctrina; y Jesús le contestó:

-Yo le he hablado a todo el mundo de lo más abiertamente, y he enseñado siempre en las sinagogas y en el área del templo donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nunca nada en secreto. ¿Por qué me preguntas a Mí? Pregúntales a los que Me han oído qué es lo que les he dicho. ¡Mira! Ellos saben lo que he dicho.

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario

  • Saber envejecer

    Una mujer de 92 años era trasladada a una residencia de ancianos, tras un largo tiempo de espera para ser…
  • Metas que enriquecen

    El primer paso hacia el éxito es soñar exactamente lo que queremos en la vida y el negocio. Hagámonos las…
  • Fe y paraguas

    En un pueblito de zona rural, se produjo una larga sequía que amenazaba con dejar en la ruina a todos…
  • La alegría de dar

    Después de admirar una pintura en la casa de una mujer, me sorprendió su generosidad cuando la bajó y me…