Juan 18: El arresto en el huerto

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Pero hay otro detalle todavía más interesante acerca de Barrabás. Ese era su segundo nombre, y tiene que haber tenido otro, como Pedro, que se llamaba Simón Bar-Yoná, Hijo de Jonás. Ahora bien: hay algunos manuscritos antiguos del Nuevo Testamento y las traducciones siria y armenia que coinciden en dar el nombre propio de Barrabás como Jesús. Eso no es imposible ni mucho menos, porque el nombre de Jesús era bastante corriente, derivado de la forma griega del nombre hebreo Yehoshúa»Yoshúa, Josué. En ese caso la elección del pueblo era aún más dramática, porque gritarían de hecho: «¡No Jesús Nazareno, sino Jesús Barrabás!» Era la elección entre Jesús Bar-Abba (el hijo de un padre cualquiera) y Jesús, el Hijo del Padre Dios.

La elección de la multitud ha sido siempre la elección histórica. Barrabás era un hombre que alcanzaba sus propósitos por medios violentos. Jesús era un Hombre de amor y ternura, cuyo Reino se hace realidad en los corazones. Es un hecho trágico de la Historia que los pueblos escogen muchas veces el camino de la violencia en lugar del del amor, el camino de Barrabás en lugar del de Cristo.

Lo que fue de Barrabás no lo dice la historia, y es tema de reconstrucciones poéticas tan conmovedoras como la de Gabriel y Miró en sus Figuras de la Pasión del Señor. También John Oxenham continúa la historia de Barrabás en uno de sus libros. Al recuperar la libertad, Barrabás no podía pensar más que en que era libre. Luego se quedó mirando al Hombre que iba a tomar su lugar en la Cruz. Algo en Él le fascinaba, y Barrabás se encontró siguiéndole hasta la cima del Monte de la Calavera. Todo el camino, viendo a Jesús cargando con la Cruz, le ardía en la mente un solo pensamiento: «Esa es la cruz que tenía que haber llevado yo. ¡Yo la merecía! Y Él la está llevando por mí.» Y, cuando levantaron la cruz con Jesús colgando de ella, lo único que podía pensar Barrabás era: «¡Soy yo el que tenía que estar colgado ahí, no Él! ¡Él me salvó!» Lo que sí es seguro es que Barrabás fue uno de los pecadores por los que murió Jesús.

Juan 18:1-40

18.3 Los alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos quizás eran miembros de la guardia del templo; eran judíos a quienes los líderes religiosos delegaron autoridad para efectuar arrestos en casos de infracciones menores. Los soldados tal vez hayan sido una pequeña compañía de soldados romanos que no participaron del arresto, sino que acompañaron a la guardia del templo para asegurarse de que la situación no se descontrolara.

18.4, 5 Juan no narra el beso de saludo de Judas (Mat_26:49; Mar_14:45; Luk_22:47-48), pero el beso de Judas marcó un punto de transición para los discípulos. A partir del arresto de Jesús, la vida de cada uno sería radicalmente diferente. Por primera vez, Judas traicionó abiertamente a Jesús delante de los otros discípulos. Por primera vez, los leales discípulos de Jesús se alejaron corriendo (Mat_26:56). El grupo de discípulos sufriría un tiempo de severa prueba antes de transformarse de seguidores vacilantes en líderes dinámicos.

TRAICION EN EL HUERTO

Después de comer la cena de Pascua en el aposento alto, Jesús y sus discípulos fueron al Getsemaní, lugar donde la guardia del templo, guiado por Judas, arrestaría a Jesús. De ahí lo llevarían a la casa de Caifás para el primero de sus muchos juicios.

18.6 Los hombres tal vez se sorprendieron ante el arrojo de la pregunta de Jesús, o ante las palabras «Yo soy», que era una declaración de su divinidad (Exo_3:14). O quizás quedaron abrumados ante el obvio poder y autoridad del Señor.

18.10, 11 Tratando de proteger a Jesús, Pedro desenvainó una espada e hirió al siervo del sumo sacerdote. Pero Jesús dijo a Pedro que metiera su espada en la vaina y permitiera el despliegue del plan de Dios. A veces resulta tentador encargarnos de los asuntos, forzar la situación. La mayoría de las veces esas actitudes nos conducen al pecado. En lugar de eso debemos confiar que Dios llevará a cabo su plan. Considérelo: si Pedro lo hubiese hecho a su manera, Jesús no habría ido a la cruz, y el plan de redención de Dios se habría obstaculizado.

18.11 La copa significa el sufrimiento, el aislamiento y la muerte que Jesús debería soportar a fin de expiar los pecados del mundo.

18.12, 13 A Jesús lo llevaron de inmediato a la residencia del sumo sacerdote, a pesar de que esto ocurrió en medio de la noche. Los líderes religiosos estaban apurados; querían completar la ejecución antes del día de reposo y seguir adelante con la celebración de la Pascua. Esta residencia era un palacio cuyos muros exteriores rodeaban un patio donde siervos y soldados se calentaban junto a un fuego.

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Lionel Valentin Calderón

Periodista, Artista, Caricaturista y Escritor pepiniano nacido en Añasco, Puerto Rico. Ha publicado varios libros entre los que destacan Vida de Jesús un Evangelio Armonizado, Sancocho Cristiano Volúmenes I-IV, Bendiciones Cristianas Vols I-II y La Biblia comentada de Génesis a Apocalipsis.

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