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Juan 15: Yo soy la auténtica Vid, y Mi Padre es el Viñador

La idea clave de este pasaje es lo que dice Jesús de que no han sido Sus discípulos los que Le han escogido a Él, sino Él a Sus discípulos. No hemos sido nosotros los que hemos escogido a Dios, sino Dios Quien, en Su gracia, Se ha acercado a nosotros con la llamada y la invitación de Su amor.

De este pasaje podemos sacar una lista de las cosas para las que Jesús nos ha escogido y llamado.

(i) Nos ha escogido para la alegría. Por muy difícil que sea el camino cristiano es, tanto por su recorrido como por su destino, un camino de alegría. Siempre hay alegría en hacer lo que es debido. El cristiano es una persona alegre, un sonriente caballero de Cristo. Un cristiano lúgubre es una contradicción en términos; y nada ha producido más daño al Cristianismo en toda su historia que su identificación con las togas negras y las caras largas. Es verdad que el cristiano es un pecador, pero un pecador redimido; y de ahí su alegría. ¿Cómo puede dejar de ser feliz una persona que camina por los senderos de la vida con Jesús?

(ii) Nos ha escogido para el amor. Jesús nos envía al mundo para que nos amemos los unos a los otros. A veces vivimos como si se nos hubiera echado al mundo para competir, o para discutir, o hasta para pelearnos los unos con los otros. Pero el cristiano ha de vivir de tal manera que muestre lo que quiere decir amar a sus semejantes. Aquí Jesús hace otra de Sus grandes proclamas. Si Le preguntáramos: «¿Qué derecho tienes Tú a exigirnos que nos amemos unos a otros?» Su respuesta sería: «Nadie puede llegar a mostrar más amor que dando la vida por sus amigos: y eso es lo que Yo he hecho.» Muchos les han dicho a los demás que se amaran, cuando toda la vida de los que lo decían era una demostración de que eso era lo último que hacían o harían ellos. Jesús nos dejó un mandamiento que El mismo fue el primero en cumplir. Por eso nos dice: «Como Yo os he amado.»

(iii) Jesús nos ha llamado para que seamos Sus amigos. Dijo a los Suyos que ya no los iba a llamar más esclavos, sino amigos. Ahora bien: ese dicho sería aún más glorioso para los que Se lo oyeron por primera vez que para nosotros. Dulos, el esclavo, el siervo de Dios, no era un título vergonzoso, sino del mayor honor. Moisés fue dulos de Dios (Deu_34:5 ); y lo mismo Josué (Jos_24:29 ), y David (Psa_89:20 ). Era un título que Pablo se sentía orgulloso de usar (Tit_1:1 ), lo mismo que Santiago (Jam_1:1 ). Los más grandes del pasado tenían a gala el ser duloi (plural), esclavos de Dios. Y Jesús dice: «Yo tengo algo todavía mejor para vosotros: ya no vais a ser esclavos, sino amigos.» Cristo, desde que vino al mundo, nos ofrece una confianza con Dios que ni los mayores del pasado se atrevieron a soñar.

La idea de ser amigo de Dios tiene su trasfondo. Abraham fue el amigo de Dios (Isa_41:8 ). En Sabiduría 7:27 se dice que la Sabiduría hace a los humanos amigos de Dios. Pero esta frase se ilumina con la costumbre que se seguía en las cortes del emperador romano y de los reyes orientales. En ellas había un grupo muy selecto de personas que se llamaban los amigos del rey, o los amigos del emperador. En cualquier momento tenían acceso al magnate; hasta se les permitía ir a su dormitorio al amanecer. Hablaba con ellos antes que con sus generales, gobernadores o consejeros políticos. Los amigos del rey eran los que tenían la más estrecha e íntima relación con él.

Jesús nos llama para que seamos Sus amigos y los amigos de Dios. Ese es un ofrecimiento tremendo. Quiere decir que ya no tenemos que mirar a Dios anhelantemente desde lejos. No somos como los esclavos, que no tienen el menor derecho a entrar a la presencia de su amo; ni como las multitudes, que sólo consiguen vislumbrar al rey cuando pasa en alguna ocasión especial. Jesús nos ha introducido en esta intimidad con Dios, Que ya no es para nosotros un extraño inasequible, sino nuestro Amigo íntimo.

LA VIDA DEL PUEBLO ESCOGIDO DE JESÚS

Juan 15:11-17 (conclusión)

(iv) Jesús no nos escogió sólo para otorgarnos una serie de privilegios tremendos. Nos llamó para que fuéramos Sus socios. Un esclavo no puede ser nunca un socio; la ley griega le definía como una herramienta viva. Su amo no compartía con él sus pensamientos. El esclavo tenía que hacer lo que se le mandara, sin discusión ni demora. Pero Jesús dijo: «Vosotros no sois Mis esclavos, sino Mis socios. Os he dicho todo lo que hay, lo que estoy tratando de hacer y por qué. Os he dicho todo lo que Dios Me ha dicho.» Jesús nos ha hecho el honor de hacernos Sus socios en Su obra. Nos ha comunicado Su pensamiento, y nos ha abierto Su corazón. La gran opción que se nos presenta es aceptar. o rehusar colaborar con Jesús en la obra de llevarle el mundo a Dios.

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