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Juan 14: La promesa de la Gloria

14.5, 6 Este es uno de los pasajes más básicos e importantes de las Escrituras. ¿Cómo conoceremos el camino hacia Dios? Unicamente a través de Jesús. El es el camino porque es a la vez Dios y Hombre. Al unir nuestras vidas a la de El, nos unimos con Dios. Confíe que Jesús lo llevará al Padre y que todos los beneficios de ser hijo de Dios serán suyos.

14.6 Por ser el camino, Jesús es nuestra senda al Padre. Por ser la verdad, es la realidad de todas las promesas de Dios. Por ser la vida, une su vida divina a la nuestra, tanto ahora como eternamente.

14.9 Jesús es la imagen visible, tangible, del Dios invisible. Es la revelación completa de lo que es Dios. Jesús explicó a Felipe, el que deseaba ver al Padre, que conocerlo a El equivalía a conocer a Dios. La búsqueda de Dios, de la verdad y de la realidad, conducen a Cristo. (Véanse también Col_1:15; Heb_1:1-4.)

14.12, 13 Jesús no dice que sus discípulos harían milagros más asombrosos. ¿Qué milagro puede ser más asombroso que la resurrección? Más bien significaba que los discípulos, obrando mediante el poder del Espíritu Santo, llevarían el evangelio del Reino de Dios desde Palestina hasta todo el mundo.

14.14 Cuando Jesús dice que podemos pedir lo que sea, debemos recordar que nuestra petición debe ser en su nombre; es decir, de acuerdo con el carácter y la voluntad de Dios. Dios no concederá peticiones contrarias a su naturaleza o a su voluntad, y no podemos usar su nombre como fórmula mágica para satisfacer nuestros deseos egoístas. Si seguimos a Dios con sinceridad y procuramos hacer su voluntad, nuestras peticiones estarán en línea con lo que El desea y las concederá. (Véanse también 15.16; 16.23.)

14.15, 16 Jesús pronto iba a dejar a sus discípulos, pero seguiría con ellos. ¿Cómo podía ser esto? El Consolador, el Espíritu mismo de Dios, vendría después que Jesús se marchase para cuidar y guiar a los discípulos. El poder regenerador del Espíritu vino sobre los discípulos antes de la ascensión de Jesús (20.22) y se derramó sobre los creyentes en Pentecostés (Hechos 2), poco después que Jesús ascendiese al cielo. El Espíritu Santo es la presencia misma de Dios en nosotros y en todos los creyentes, que nos ayuda a vivir como Dios quiere y a edificar la Iglesia de Cristo sobre la tierra. Por fe podemos apropiarnos del poder del Espíritu cada día.

14.16 La palabra que se traduce Consolador combina las ideas de consuelo y consejo. El Espíritu Santo es una persona poderosa que está de nuestra parte, obrando por nosotros y con nosotros.

14.17ss Los siguientes capítulos enseñan estas verdades acerca del Espíritu Santo: estará con nosotros para siempre (14.16); el mundo en general no puede recibirlo (14.17); mora con nosotros y está en nosotros (14.17); nos enseña (14.26); nos recuerda las palabras de Jesús (14.26; 15.26); nos convence de pecado, nos muestra la justicia de Dios y anuncia que Dios juzgará la maldad (16.8); nos guía a la verdad y nos comunica las cosas que vendrán (16.13); glorifica a Cristo (16.14). El Espíritu Santo se ha mantenido activo entre las personas desde el principio de los tiempos, pero después de Pentecostés (Hechos 2) vino a vivir en todos los creyentes. Hay muchas personas que no se percatan de las actividades del Espíritu Santo; pero a quienes oyen las palabras de Cristo y entienden el poder del Espíritu, El les da una manera totalmente nueva de ver la vida.

14.18 Cuando Jesús dijo: «vendré a vosotros», lo decía de verdad. Aunque Jesús ascendió al cielo, envió al Espíritu Santo a vivir en los creyentes, y tener al Espíritu Santo equivale a tener a Jesús mismo.

14.19-21 A veces la gente quisiera conocer el futuro a fin de prepararse para lo que ha de ser. Dios no ha querido darnos este conocimiento. Solo El sabe lo que sucederá, pero nos dice todo lo que tenemos que saber para prepararnos para el futuro. Cuando vivimos según sus normas, El no nos abandonará; vendrá a nosotros, estará en nosotros y se nos manifestará. Dios sabe lo que sucederá y, como El estará con nosotros en todo momento, no debemos temer. No es necesario que conozcamos el futuro para tener fe en Dios: debemos tener fe en El para estar seguros acerca del futuro.

14.21 Jesús dijo que sus seguidores demuestran amor por El al obedecerlo. El amor no es solo bellas palabras; es compromiso y conducta. Si ama a Cristo, demuéstreselo obedeciendo lo que dice en su Palabra.

14.22, 23 Como los discípulos seguían esperando que Jesús estableciese un reino terrenal y derrocase a Roma, les resultaba difícil entender por qué no le decía al mundo en general que El era el Mesías. Sin embargo, no todos podían entender el mensaje de Jesús. Desde Pentecostés, el evangelio del Reino se ha proclamado en el mundo entero y aun así no todos son receptivos al mismo. Jesús guarda las revelaciones más profundas de su persona para quienes lo aman y le obedecen.

14.26 Jesús prometió a los discípulos que el Espíritu Santo los ayudaría a recordar lo que El les enseñó. Esta promesa asegura la validez del Nuevo Testamento. Los discípulos fueron testigos de la vida y las enseñanzas de Jesús, y el Espíritu Santo los ayudó a recordar sin omitir sus perspectivas individuales. Podemos confiar en que los Evangelios narran muy bien lo que Jesús enseñó e hizo (véase 1Co_2:10-14). El Espíritu Santo puede ayudarnos de la misma manera. Al estudiar la Biblia, podemos confiar que El plantará la verdad en nuestra mente, nos convencerá de la voluntad de Dios y nos la recordará cuando nos apartemos de ella.

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