Juan 13: La realeza del servicio

Cuando Judas recibió el trozo de comida, el diablo entró en él. Es terrible que, lo que se pretendía que fuera una llamada al amor se convirtiera en la dinámica del odio. Eso es algo que el diablo puede hacer. Puede tomar las cosas más agradables y retorcerlas hasta que se convierten en agentes del infierno. Puede tomar el amor, y convertirlo en lujuria; o la piedad, y convertirla en beatería; o la disciplina, en crueldad sádica; o la confianza, en complicidad culpable. Debemos estar en guardia en nuestra vida para que el diablo no convierta las cosas buenas en otras que contribuyan a sus propósitos.

Judas salió… y era de noche. Juan tiene una habilidad especial para henchir las palabras de sentido espiritual. Era de noche porque hacía tiempo que se había puesto el Sol y estaba oscuro; pero aquí se insinúa otra noche. Siempre es de noche cuando una persona se aleja de Cristo para seguir sus propios planes. Siempre es de noche cuando se escucha la llamada del mal en lugar de la del bien. Siempre es de noche cuando el odio apaga la luz del amor. Siempre es de noche cuando le volvemos la espalda a Jesús.

Si nos mantenemos en íntima relación con Cristo, andamos en la luz; si Le volvemos la espalda, entramos en la oscuridad y andamos a oscuras. Se nos ofrecen los dos caminos: el de la luz, y el de la oscuridad. Que Dios nos dé sabiduría para escoger correctamente… porque, en la oscuridad, uno siempre se pierde.

LA GLORIA CUÁDRUPLE

Juan 13:31-32

Después que salió Judas, dijo Jesús:

Ahora ha sido glorificado el Hijo del Hombre, y Dios ha sido glorificado en Él; y ahora, Dios se va a glorificar en Él, y Le glorificará en seguida.

Este pasaje nos habla de las cuatro dimensiones de la gloria. (i) La gloria de Jesús había llegado, y era la Cruz. La tensión había desaparecido; las dudas que podía haber habido se habían resulto definitivamente. Judas había salido y la Cruz era inminente.

Aquí nos encontramos con algo que es de la misma contextura de la vida. La mayor gloria que da la vida se obtiene en el sacrificio. En las guerras, la gloria suprema corresponde, no a los que sobreviven, sino a los que pierden la vida.

En medicina, no es a los médicos que hacen una fortuna a los que se recuerda, sino a los que dedican -dan- sus vidas para que otros reciban la sanidad. Es la más elemental lección de la Historia que son los que han hecho los mayores sacrificios los que han recibido la mayor gloria.

(ii) En Jesucristo, Dios ha sido glorificado. Fue la obediencia de Jesús lo que dio gloria a Dios. Sólo hay una manera de demostrar que se ama y admira a un líder, y es obedeciéndole -si es necesario, hasta las últimas consecuencias. La única manera que tiene un niño de honrar a sus padres es obedeciéndolos. Jesús nos dejó el ejemplo supremo de lo que es dar a Dios el supremo honor y la suprema gloria, cuando obedeció a Dios hasta la muerte, y muerte de cruz.

(iii) En Jesús, Dios se glorificó a Sí mismo. Parecerá extraño que la suprema gloria de Dios dependa de la Encarnación y de la Cruz. No hay gloria como la de ser amado. Si Dios hubiera permanecido aislado y mayestático, sereno e inconmovible, inasequible a la angustia e invulnerable al dolor, habría habido personas que Le habrían temido, y aun admirado; pero no Le habrían amado. La ley del sacrificio no es sólo una ley de la Tierra, sino del Cielo y de la Tierra. Es en la Encarnación y en la Cruz donde se despliega la suprema gloria de Dios.

(iv) Dios glorificará a Jesús. Aquí está la otra cara de la realidad. En aquel momento, la Cruz era la gloria de Jesús; pero habrían de seguirla la Resurrección, la Ascensión y el triunfo final de Cristo, que es a lo que se refiere el Nuevo Testamento cuando habla de la Segunda Venida. Jesús halló en la Cruz Su propia gloria. Pero llegó el día, y el día llegará, cuando esa gloria se le mostrará a todo el mundo y a todo el universo. La vindicación de Cristo debe seguir a Su humillación; Su entronización debe seguir a Su crucifixión; a la corona de espinas debe seguir la corona de gloria. Es la campaña de la Cruz; pero el Rey aún ha de entrar en un triunfo que todo el universo contemplará.

EL MANDAMIENTO DE LA DESPEDIDA

Juan 13:33-35

-Hijitos -les siguió diciendo Jesús a Sus discípulos-, no voy a estar con vosotros más que un poco más; y, como les dije a los judíos, os lo digo a vosotros ahora: No podéis ir adonde Yo voy. Os doy un nuevo mandamiento: que os améis unos a otros; que también vosotros os améis entre vosotros como Yo os he amado; en esto es en lo que todos reconocerán que sois discípulos Míos: si existe este amor entre vosotros.

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