Juan 13: La realeza del servicio

Ninguno de los otros comensales comprendió por qué se lo decía. Algunos creyeron que, como Judas llevaba la caja, Jesús le había dicho que comprara lo que necesitaban para la fiesta; o que le había dicho que diera algo para los pobres.

Así es que aquel hombre tomó el bocado y salió en seguida y era de noche.

Cuando visualizamos esta escena, surgen ciertas cosas sumamente dramáticas.

La traición de Judas aparece en todo su horror. Tiene que haber sido un actor consumado y un perfecto hipócrita. Una cosa está clara: si los otros discípulos hubieran sabido lo que Judas se traía entre manos, no habría salido con vida de aquella habitación. Judas tiene que haber estado fingiendo un amor y una lealtad que engañaron a todos excepto a Jesús. No era sólo un villano descarado; era un credomado hipócrita. Aquí hay una advertencia. Exteriormente podemos engañar a la gente; pero no se pueden esconder cosas a los ojos de Cristo.

Y hay más. Cuando comprendemos debidamente lo que estaba sucediendo, podemos descubrir que hubo una apelación tras otra a Judas. La primera: la organización de los puestos en aquella cena. Los judíos no se sentaban a la mesa: se reclinaban. La mesa era un bloque sólido, bajo, con una especie de sofás alrededor. Todo tenía una forma como de U, y el lugar del anfitrión era el centro. Los comensales se reclinaban sobre el lado izquierdo, descansando sobre el codo izquierdo y dejándose el brazo derecho libre para alcanzar la comida. Colocados de esa manera, la cabeza de cada uno estaba literalmente sobre el pecho del que estuviera reclinado a su izquierda. Jesús ocuparía el lugar del anfitrión, en el centro del único lado hábil de la mesa baja. El discípulo al que Jesús amaba tiene que haber estado a Su derecha; porque, cuando se apoyaba con el codo en la mesa, tenía la cabeza sobre el pecho de Jesús.

Nunca se menciona el nombre del discípulo al que Jesús amaba. Algunos han pensado que sería Lázaro, porque se nos dice que Jesús le amaba (Joh_11:3 , S y 36). Algunos han pensado que sería «el joven rico» anónimo, porque Jesús le amó cuando le vio (Mar_10:21 ), y se ha supuesto que, por fin, lo dejó todo para seguir a Jesús. Algunos han pensado que no era una persona de carne y hueso, sino la figura ideal de cómo debería ser el perfecto discípulo. Pero la opinión general y tradicional siempre ha sido que el discípulo amado no era otro que el mismo Juan; y no tenemos por qué dudarlo.

Pero es el sitio de Judas el que merece un interés especial. Está claro que Jesús podía hablarle tan privadamente que los otros no se enteraban. En ese caso, sólo puede haber estado en un sitio: tiene que haber sido ala izquierda de Jesús, de tal manera que, lo mismo que la cabeza de Juan se apoyaba en el pecho de Jesús, así también la de Jesús se apoyaba en el pecho de Judas. Lo revelador es que el sitio a la izquierda del anfitrión era el de máximo honor, y se le reservaba al amigo más íntimo. Antes de colocarse todos para la cena, Jesús tiene que haberle dicho a Judas: «Judas, ven a sentarte a mi lado esta noche; quiero tenerte cerca para poder hablar contigo.» Esa invitación era ya una llamada de amor.

Pero hay más. El que el anfitrión ofreciera a un invitado un bocado o una pieza especial de la fuente era señal de una amistad especial. Cuando Booz quería dar muestras de su aprecio por Rut, la invitó a que se acercara y mojara su trozo de pan en el vino (Rth_2:14 ). T. E. Lawrence contaba que, cuando se sentaba con los árabes en las tiendas, a veces el jefe árabe cortaba una pieza selecta de carnero del animal entero que tenían delante y se la pasaba a él (¡lo que era a veces una distinción incómoda para un paladar occidental, porque tenía que comérselo todo dando señales de disfrutarlo!). Cuando Jesús le pasó la pieza a Judas, aquello era otra vez una señal de especial aprecio. Y advertimos que, hasta cuando Jesús lo hizo, los demás no se dieron cuenta de lo que significaban Sus palabras; lo que muestra bien a las claras que Jesús tenía costumbre de hacerlo, y nadie se dio por sorprendido. Probablemente Judas ya había sido objeto de muestras de especial afecto por parte de Jesús.

Aquí está la tragedia. Una y otra vez Jesús llamó a la puerta de aquel negro corazón, y una y otra vez Judas lo mantuvo cerrado. ¡Que Dios nos libre se llegar a ser tan impermeables a las llamadas de Su amor!

LA ÚLTIMA APELACIÓN DEL AMOR

Así que este drama trágico continuó hasta el final. Una y otra vez Jesús le demostró a Judas Su afecto. Una y otra vez Jesús trató de salvarle de lo que estaba planificando hacer.

Y entonces, de pronto, llega el momento crucial: el momento en que el amor de Jesús admite su derrota. «Judas -le dijo, date prisa con lo que te propones hacer.» No había razón para más aplazamientos. ¿Para qué seguir llamando inútilmente cuando la tensión iba en aumento? Si había de hacerse, cuanto antes mejor.

Los discípulos seguían sin comprender nada. Creían que Jesús estaba mandando a Judas a cumplir con las obligaciones de la fiesta. Era la ocasión más especial para hacer algo por los pobres. También en nuestro tiempo, se acostumbra en muchas iglesias hacer una colecta especial en los cultos de comunión para los necesitados. Así que los discípulos creyeron que Jesús mandaba a Judas a hacer la contribución acostumbrada para que también los pobres pudieran celebrar la Pascua.

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario