Juan 13: La realeza del servicio

LA LIMPIEZA ESENCIAL

Ya hemos visto que, en Juan, tenemos siempre que esperar un doble sentido: el que aparece en la superficie, y el que hay debajo de la superficie. Este relato no cabe duda de que tiene un segundo sentido. A la vista está la lección dramática e inolvidable acerca de la humildad. Pero hay aquí más que eso.

Hay un detalle muy difícil de entender. Al principio, Pedro se niega a dejar a Jesús que le lave los pies. Jesús le dice que, a menos que acepte este lavado, no podrá tener parte con El. Entonces Pedro suplica que, no sólo le lave los pies, sino también las manos y la cabeza; pero Jesús le dice que basta con lavarle los pies. La frase difícil, que es además la que tiene un significado profundo, es: «El que está bañado no necesita más que le laven los pies.»

No cabe duda de que aquí se hace referencia al Bautismo cristiano. «A menos que seas lavado, no puedes tener parte en Mí», es una manera de decir: «A menos que pases por la puerta del Bautismo, no tienes parte en la Iglesia.»

La lección es la siguiente. Era costumbre que, antes de ir a una fiesta, la gente se bañara. Cuando llegaban a la casa del convite, no tenían que bañarse otra vez; lo único que necesitaban era que les lavaran los pies. El lavado de los pies era la ceremonia que precedía a la entrada en la casa en la que iban a ser huéspedes. Era lo que podríamos llamar el lavado de entrada en la casa. Así que Jesús dijo a Pedro: «Lo que necesitas no es lavarte de cuerpo entero. Eso lo puedes hacer por ti mismo. Lo que necesitas es el lavado que marca la entrada en la familia de la fe.»

Esto explica otra cosa. Pedro, al principio, va a negarse a dejar que Jesús le lave los pies. Jesús le dice que, si se niega, no tendrá parte en Él. Es como si Jesús dijera: «Pedro, ¿vas a ser tan orgulloso como para no dejarme que te haga esto? Si lo eres, vas a perderlo todo.»

En la Iglesia Primitiva, como en la actual, la entrada era el bautismo; este era, como si dijéramos, el lavado de entrada. Esto no es decir que una persona no se puede salvar a menos que sea bautizada en agua. Pero sí quiere decir que, si puede ser bautizada y es demasiado orgullosa para entrar por esa puerta, su orgullo la excluye de la familia de la fe.

Las cosas son diferentes ahora, por lo menos en algunas iglesias. En los primeros tiempos eran hombres y mujeres adultos los que se presentaban al bautismo, porque venían directamente del paganismo al Evangelio. Ahora, en muchas iglesias, también, bautizamos a los niños. Pero, en este pasaje, Jesús traza el cuadro del lavado que equivale a la entrada en la Iglesia, y nos dice que no debemos ser tan orgullosos como para no someternos al bautismo.

LA VERGÜENZA DE LA DESLEALTAD Y LA GLORIA DE LA FIDELIDAD

Juan 13:18-20

-No lo digo por todos vosotros -continuó diciéndoles Jesús-, porque Yo sé la clase de hombres que he escogido. Todo está sucediendo para que se cumpla la Escritura: «El que come mi pan ha levantado contra Mí su calcañal.» Os lo digo ahora antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que Yo soy el Que soy. Esto que os digo es la pura verdad: EL que reciba al que Yo envíe, Me recibe a Mí; y el que Me reciba a Mí, recibe al Que Me envió.

En este pasaje se hace hincapié en tres cosas.

(i) La crueldad brutal de la deslealtad de Judas se describe gráficamente de forma que resulta especialmente impactante para la mente oriental. Jesús hace una cita del Psa_41:9 . La referencia, en conjunto, dice lo siguientes: «Hasta el amigo entrañable en el que yo confiaba, que participaba de mi mesa, ha levantado el calcañar contra mí.» En Oriente, «comer pan con alguien» o «comer a la mesa de alguien» era una señal de amistad y de relación leal. 2Sa_9:7; 2Sa_9:13 dice que David le concedió a Mefiboset: «…y tú comerás siempre pan a mi mesa» (R-V.09), cuando habría podido eliminarle por ser descendiente de Saúl.1Ki_18:19

LA ÚLTIMA APELACIÓN DEL AMOR

Juan 13:21-30

Después de decir aquello, Jesús se angustió en espíritu y declaró solemnemente:

-Os digo la pura verdad: uno de vosotros Me va a traicionar.

A eso los discípulos se pusieron a mirarse unos a otros; porque no tenían ni idea acerca de quién estaba hablando. Uno de Sus discípulos al que Jesús amaba estaba reclinado con la cabeza en Su pecho. Entonces Pedro le hizo una seña para que Le preguntara a Jesús de quién se trataba. El discípulo que estaba reclinado con la cabeza en el pecho de Jesús Le preguntó:

-Señor, ¿quién es?

-Es al que le voy a mojar un trozo de pan en el plato y dárselo.

A eso cogió un pedazo de pan, lo mojó en la salsa y se lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. Y, después de tomar aquel bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo:

-Date prisa con lo que vas a hacer.

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