Juan 12: La prodigalidad del amor

En estos versículos se nos refiere, en seguida, un gran milagro. El milagro consistió en una Voz celestial que se oyó con tanta claridad que el pueblo creyó que había sido un trueno. Esta Voz decía: «Ya he glorificado mi nombre, y lo glorificaré otra vez..

Esa Voz maravillosa se dejó oír tres veces durante la vida de nuestro Señor. La primera vez que se dejó oír fue durante su bautismo, cuando los cielos se abrieron y el Espíritu Santo descendió sobre él. La segunda fue en su transfiguración, cuando Moisés y Elías aparecieron ante él en presencia de Pedro, Santiago y Juan. La tercera fue en Jerusalén en medio de una muchedumbre heterogénea de discípulos y de judíos incrédulos más no sabemos por qué razón la Voz se oyera solo esas tres veces. Es ese un misterio que no nos es dado penetrar.

Bástenos saber que con ese milagro se tuvo en mira el dar á conocer la unión íntima y no interrumpida de Dios Padre y Dios Hijo durante la vida de Jesús en la tierra; y la aprobación que el Padre prestaba á todos los retos del Hijo como Mesías, como Redentor, y como Salvador del hombre.

En estos versículos, finalmente, se nos trasmite una importante profecía. Nuestro Señor afirmó: «Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos atraeré á mí mismo..

Con relación al significado de estas palabras no puede haber entre hombres ingenuos sino una sola opinión. No significan, como á menudo se supone, que si la doctrina de Cristo crucificado fuere ensalzada por los ministros y maestros, ejercerá un influjo atrayente en los ánimos de los oyentes. Esto es sin duda cierto, pero no es la verdad que el texto enseña. Lo que simplemente significa es que la muerte de Cristo en la cruz ejercería un influjo benéfico é irresistible en toda la humanidad. Su muerte como Sustituto nuestro, y como ofrenda por nuestros pecados, atraería de todas las naciones muchedumbres que declararían su fe en El y la recibirían como su Salvador. Era por medio de su pasión y crucifixión, y no por medio de su ascensión á un trono temporal, que establecería su reino y reuniría sus súbditos.

Hasta qué punto se ha estado cumpliendo esta profecía durante diez y ocho siglos, la historia eclesiástica puede decírnoslo. En donde quiera que se ha predicado á Cristo crucificado y se ha referido con fidelidad la historia de la cruz, las almas se han convertido y se han sentido atraídas hacia el Redentor á la manera que los menudos pedazos de hierro son atraídos hacia la piedra magnética. No hay verdad que se adapte tanto á las necesidades de todos los hijos de Adán, cualquiera que sea su idioma, su raza ó el país donde vivan, como la gran verdad del Evangelio.

Y esa profecía tendrá todavía un cumplimiento más perfecto. Se llegará el día en que toda rodilla se hinque ante el Cordero que fue inmolado, y en que todo labio confiese, para gloria del Padre, que él es el Señor. Aquel que fue levantado en la cruz se sentará en el trono de la gloria, y ante él se congregarán todas las naciones. Amigos y enemigos, cada clase á su turno, tendrán que salir de sus sepulcros y aparecer ante el tribunal de Jesucristo. ¡Esforcémonos para que en ese día nos encontremos á su diestra!

Jua 12:34-43

En estos versículos se nos inculca el deber de hacer diligente, uso de las oportunidades que se nos presenten de bien obrar. Nuestro Señor dijo: «Aún por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que tenéis la luz,» etc. Y no vayamos á imaginarnos que esto fué escrito solo para provecho de los judíos.

La lección que estas palabras enseñan es aplicable á toda la iglesia de Cristo. El tiempo en el cual los creyentes pueden hacer bien en el mundo es corto y limitado. El trono de la gracia no permanecerá para siempre: algún día será quitado y el trono del juicio será puesto en su lugar. La puerta de la salvación por la fe en Cristo no estará siempre abierta: algún día se cerrará para siempre y el número de los electos de Dios estará completo. La fuente del pecado y de la inmundicia no será siempre accesible: algún día será obstruido el camino que á ella conduce, y no quedará otra cosa que el lago de fuego y de azufre.

Estos pensamientos son solemnes pero ciertos. Apelan al sentimiento religioso de cristianos indiferentes y congregaciones soñolientas, y debieran promover un profundo examen de conciencia. «¿No pueden emplearse medios más eficaces para difundir el Evangelio en el interior y en el exterior? ¿Se han experimentado todos los medios para propagar el conocimiento de Cristo crucificado? Con las manos en nuestros corazones ¿podemos decir que las iglesias no han omitido ningún esfuerzo en materia de misiones?» Esas preguntas deben hacernos ruborizar cuando contemplamos por una parte el estado de la cristiandad, y por otra el estado del mundo pagano.

Pero la lección de que tratamos tiene referencia especial a nosotros como individuos. El tiempo de que podemos disponer para adquirir lo bueno es muy limitado: cuidemos de usarlo diligentemente. Caminemos en tanto que tengamos la luz. ¿Poseemos Biblia? No olvidemos leerla. ¿Se nos predica el evangelio? No nos detengamos por más tiempo vacilando entre dos opiniones más creamos para que nuestras almas sean salvas. ¿Tenemos libres los domingos? No los gastemos en el ocio, la holgazanería y la indiferencia, más dediquémoslos de todo corazón a ocupaciones sagradas y saquemos de ellos todo el provecho espiritual que podamos. La claridad nos circunda por todas partes. Resolvámonos a caminar en la luz en tanto que la poseamos, no sea que más tarde seamos arrojados en las tinieblas exteriores por toda una eternidad. Cierto es lo que dijo un antiguo teólogo, que el recuerdo de oportunidades perdidas formará la esencia misma del infierno.

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