Juan 12: La prodigalidad del amor

CIEGA INCREDULIDAD

Juan 12:37-41

Después de decir estas cosas, Jesús se marchó y se ocultó de ellos. Porque, aunque había realizado tan grandes señales delante de ellos, no creían en Él. Lo que sucedió era el cumplimiento de lo que había dicho el profeta Isaías: «Señor, ¿quién ha creído lo que le hemos dicho? ¿Y quién se ha dado cuenta de lo que ha realizado el brazo del Señor?» Fue por eso por lo que no pudieron creer; porque Isaías había dicho también: «Él les cegó los ojos, y les endureció el corazón; para que sea como si no hubieran visto, y como si no se hubieran enterado; no sea que se conviertan para que Yo los sane.» Isaías dijo esas cosas porque le vio en su gloria y habló acerca de Él.

Este pasaje ha causado mucha perplejidad a muchas personas. Juan cita dos pasajes de Isaías. El primero está tomado de Isa_53:1-2 . En él, el profeta pregunta si hay alguien que haya creído lo que él ha estado predicando, y si hay alguien que se haya dado cuenta del poder de Dios que se ha revelado. Pero es el segundo pasaje el que más nos inquieta. El original está en Isa_6:9-10 , y dice: «Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad» (R-V). Este pasaje recorre todo el Nuevo Testamento. Se cita o refleja en Mat_13:14-15 ; Mar_4:12 ; Luk_8:10 ; Rom_11:8 ; 2Co_3:14 ; Act_28:27 . Lo terrible e inquietante es que parece decir que la incredulidad humana se debe a la voluntad de Dios; que Dios ha ordenado que ciertas personas no crean ni puedan creer. De cualquier manera que expliquemos este pasaje, no podemos creer que el Dios que nos ha revelado Jesús hiciera imposible el que sus hijos creyeran.

Aquí hay que decir dos cosas.

(i) Debemos intentar introducirnos en la mente y el corazón de Isaías. Él había proclamado la palabra de Dios con todo lo que tenía y era; y el pueblo se había negado a escuchar. Por último se vio obligado a decir: «Para lo que ha servido, me podría haber ahorrado hablar. En vez de hacer mejor al pueblo, mi mensaje parece que lo ha hecho peor. Mejor sería que no lo hubieran oído, porque siguen sumidos en su letargo, desobediencia e incredulidad. Se diría que lo que Dios quería era que no creyeran.» Las palabras de Isaías brotan de un corazón herido. Son las palabras de un hombre destrozado por el hecho de que su mensaje parecía hacer más daño que bien, hacer al pueblo peor en vez de mejor. Entender estas palabras con un frío literalismo es no entenderlas en absoluto.

(ii) Pero hay otra cosa. Los judíos creían firmemente que Dios estaba detrás de absolutamente todo. Creían que nada podría suceder fuera de la voluntad de Dios. Llevado al extremo, eso hacía a Dios responsable de que el pueblo no aceptara su mensaje, y que su incredulidad estuviera en el plan de Dios. Para decirlo de manera más actual y conforme con nuestra manera de pensar, no diríamos que la incredulidad es el plan de Dios, pero sí que Dios, en su sabia Providencia, puede usar hasta la incredulidad humana para su propósito de amor. Así lo entendió Pablo: vio que Dios había usado la incredulidad de los judíos para que el Evangelio se predicara a los gentiles.

Debemos comprender que este pasaje no dice que Dios predestinó a ciertas personas a la incredulidad, sino que ni siquiera la incredulidad humana puede hacer fracasar el propósito eterno de Dios. Aquellos judíos no creyeron en Jesús; eso no fue culpa de Dios, sino de ellos; pero hasta eso tiene su lugar en el esquema divino. « El mal que Él bendice es nuestro bien,» ha dicho alguien. Dios es tan grande que no hay nada en el mundo, ni siquiera el pecado, que pueda hacer fallar su plan de Salvación.

LA FE DE LOS COBARDES

Juan 12:42-43

No obstante, muchos de los gobernantes creían en Él; pero no confesaban públicamente su fe no fuera que los excomulgaran; porque les importaba más estar a bien con la gente que con Dios.

Jesús no se encontró sólo con oídos sordos; había algunos, incluso entre las autoridades, que creían en lo secreto de su corazón; pero tenían miedo de confesar su fe porque no querían arriesgarse a que los excomulgaran de la sinagoga. Esas personas estaban intentando lo imposible: ser discípulos secretos. El discipulado secreto es una contradicción en términos; porque, «o el secreto acaba con el discipulado, o el discipulado acaba con el secreto.»

Temían que, si se declaraban seguidores de Jesús, saldrían perdiendo. Es curioso hasta qué punto mucha gente tiene una escala de valores errónea. Una y otra vez han dejado de identificarse con una gran causa porque incidía en sus mezquinos intereses. Cuando Juana de Arco se dio cuenta de que la habían abandonado y dejado sola, dijo: «Sí, estoy sola en la Tierra; siempre he estado sola. Mi padre les dijo a mis hermanos que me ahogaran si no quería quedarme a cuidar de sus ovejas mientras Francia de desangraba hasta la muerte. Francia podía desaparecer con tal de que las ovejas estuvieran a salvo.» Para ese granjero francés era más importante que se salvaran sus ovejas que se salvara su país. Y estos gobernantes judíos eran un poco así también. Sabían que Jesús tenía razón; que sus compañeros de, gobierno estaban tratando de destruir a Jesús y todo lo que El quería hacer; pero no estaban dispuestos a correr riesgos decantándose públicamente por Él. Habría supuesto el final de su carrera, su posición, su prestigio. Habrían tenido que sufrir ostracismo, tanto social como religioso. Aquello les parecía un precio excesivo; así que vivieron una mentira por no ser capaces de vivir la verdad.

Ayúdanos a continuar Sembrando La Palabra de Dios

WebDedicado ha sido autorizado a recaudar las donaciones para continuar con La gran Comisión.


Deja el primer comentario