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Juan 11: De camino a la Gloria

Pastor Lionel

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Aquí nos encontramos con un problema de traducción. La palabra que muchas traducciones, entre ellas la Reina-Valera, traducen por se estremeció en espíritu, viene del verbo embrimasthai, y se encuentra otras tres veces en el Nuevo Testamento. Se usa en Mat_9:30 , donde Jesús le encargó rigurosamente (R-V) a los ciegos que no divulgaran el hecho de que les había devuelto la vista. Se usa en Mar_1:43 : «le encargó rigurosamente» al leproso que no publicara el que Jesús le había curado. Y se usa en Marcos 14: S, donde los espectadores murmuraban contra la mujer que había ungido la cabeza de Jesús con un ungüento costoso, porque pensaban que aquella acción de amor era un derroche injustificado. En cada uno de estos ejemplos, la palabra contiene una cierta severidad, casi ira. Quiere decir más bien reprender, dar una orden rigurosa. Los que quieran tomarlo así traducirían: «Jesús se conmovió de ira en Su espíritu.»

¿Por qué de ira? Se ha sugerido que aquel despliegue de lágrimas de los visitantes judíos no era más que hipocresía; que esa comedia de duelo despertaba la indignación de Jesús. Es posible que eso fuera verdad de los visitantes, aunque no se nos indica que fueran insinceros; pero sin duda no era verdad de María, y apenas puede considerarse correcto aquí el interpretar embrimasthai como implicando ira. La traducción de Reina-Valera (1909 y 1960) nos parece descolorida para esta palabra tan poco frecuente, y no hace justicia a toda la fuerza del original. Se podría decir: «Dio escape a tal angustia de espíritu que hacía que todo Su cuerpo Se le conmocionara de temblores.» Así llegaríamos más cerca del significado original. En griego clásico embrimasthai quiere decir bufar un animal. Aquí debe querer decir que se apoderó de Jesús una emoción tan incontrolable que le arrancó gemidos del corazón.

Aquí tenemos una de las cosas más preciosas del Evangelio. Tan profundamente entró Jesús en el dolor humano que la angustia Le oprimía y estrujaba el corazón. «En toda angustia de ellos Él fue angustiado» (Isa_63:9 ).

Pero aún hay más. Para cualquier griego que leyera esto -y debemos recordar que fue escrito para los de cultura griega-, ésta sería una descripción sorprendente e increíble. Juan había escrito todo su evangelio sobre el tema de que en Jesús vemos la Mente de Dios. Para los griegos, la principal característica de Dios era lo que llamaban apatheía, que quiere decir la absoluta incapacidad de sentir cualquier emoción.

¿Cómo llegaron los griegos a atribuirle a Dios tal característica? Lo razonaban de la siguiente manera. Si podemos sentir pena o gozo, alegría o tristeza, eso quiere decir que algo fuera de nosotros nos puede afectar. Ahora bien: si una persona o cosa nos afecta, eso quiere decir que, a lo menos por un momento, tiene poder sobre nosotros. Nada ni nadie puede tener un efecto así sobre Dios; y eso quiere decir que Dios es esencialmente incapaz de sentir absolutamente ninguna emoción. Los griegos creían en un Dios aislado, desapasionado e impasible.

¡Qué imagen tan distinta nos da Jesús de Dios! Nos presenta a un Dios Cuyo corazón se estruja de angustia por la angustia de Su pueblo. Lo más grande que hizo Jesús fue traernos la noticia de un Dios Que no es insensible.

LA VOZ QUE DESPIERTA A LOS MUERTOS

Juan 11:34-44

-¿Dónde le pusisteis? -les preguntó Jesús.

-Ven a verlo -Le contestaron. Jesús se echó a llorar, y los judíos dijeron:

-¡Fijaos cómo le quería!

Algunos de ellos dijeron:

-¿No habría podido Éste, Que le abrió los ojos al ciego, haber hecho que no se muriera Lázaro?

Otra vez surgió un gemido de angustia de lo más íntimo de Jesús. Fue a la tumba. Era una cueva, y habían puesto una piedra para cerrarla. Jesús dijo:

-¡Quitad la piedra!

Marta, la hermana del difunto, Le dijo a Jesús:

-Señor, a estas alturas el hedor de la muerte le habrá invadido, porque lleva cuatro días en la tumba.

Pero Jesús le contestó:

-¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?

Así que quitaron la piedra. Jesús elevó la mirada y dijo:

-Padre, gracias por haberme oído. Yo ya sabía que Tú Me oyes siempre; pero lo he dicho por los que están aquí alrededor, porque quiero que sepan que Tú Me has enviado.

Inmediatamente después de decir aquello, gritó con todas Sus fuerzas:

-¡Lázaro, sal de ahí!

Y el que había estado muerto salió, con las piernas y los brazos sujetos con vendas, y con la cara tapada con un paño. Y Jesús les dijo:

-¡Desenvolvedle para que pueda moverse por sí mismo!

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