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Juan 11: De camino a la Gloria

Pastor Lionel

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BASTANTE TIEMPO, PERO NO DEMASIADO

Juan 11:6-10

Ahora bien: después de enterarse Jesús de que Lázaro estaba enfermo, se quedó donde estaba otros dos días, pasados los cuales les dijo a Sus discípulos:

-Volvamos a Judasa otra vez.

-Pero, Rabí -Le contestaron ellos-, las cosas han llegado a un punto que los judíos estaban buscando la manera de apedrearte; ¿y sugieres que volvamos allá?

-¿No tiene el día doce horas? -les contestó Jesús-. Si uno anda de día, no tropieza, porque tiene la luz de este mundo. Pero, si se anda de noche, se tropieza, porque no se tiene luz.

Puede que encontremos extraño que Jesús se quedara otros dos días enteros donde estaba después de recibir la noticia de la enfermedad de Lázaro. Los comentaristas han sugerido diversas razones para explicar este retraso.

(i) Se ha sugerido que Jesús esperó para que, cuando llegara a Betania, Lázaro ya estuviera muerto sin lugar a duda.

(ii) Por tanto, se ha sugerido que Jesús esperó porque el retraso haría mucho más impresionante el milagro que se proponía realizar. La maravilla de resucitar a un hombre que llevaba cuatro días muerto sería mucho mayor.

(iii) La verdadera razón por la que Juan nos cuenta la historia de esta manera es que él nos presenta siempre a Jesús tomando la iniciativa por Su cuenta, no por imposición de nadie ni de las circunstancias. Cuando convirtió el agua en vino en Caná de Galilea (Joh_2:1-11 ), Juan nos presenta a María acudiendo a Jesús y contándole el problema; y la primera respuesta de Jesús fue: « No te preocupes por eso. Déjame resolverlo a Mi manera.» Entra en acción, no porque Le convencen u obligan otros, sino siempre por propia iniciativa. Cuando Juan nos relata que los hermanos de Jesús trataron de desafiarle para que fuera a Jerusalén (Joh_7:1-10 ), nos presenta a Jesús, primero, rehusando ir a Jerusalén; y luego, yendo cuando Él lo decidió por Sí. Juan se propone siempre hacernos ver que Jesús hacía las cosas, no obligado por nada, sino porque lo decidía por Sí mismo y en Su momento. Eso es lo que vemos aquí también. Es una advertencia para nosotros. Muchas veces quisiéramos que Jesús interviniera de cierta manera y cuando nosotros decimos; hemos de aprender a dejarle intervenir como y cuando Él decida.

Por último, cuando Jesús anunció la vuelta a Judasa, Sus discípulos se sorprendieron y espantaron. Se acordaban de que, la última vez que había estado allí, los judíos habían estado buscando la manera de matarle. El volver a Judasa entonces les parecía, como se puede comprender, la manera más segura de cometer suicidio.

Entonces Jesús dijo algo que encierra una gran verdad de valor permanente: «¿No tiene el día doce horas?» Esta pregunta implica tres grandes verdades.

(i) Un día no puede terminar antes de tiempo. Tiene doce horas que transcurren no importa lo que suceda. La duración del día es fija, y nada lo acortará o alargará. En la economía de Dios del tiempo, cada persona tiene su día, corto o largo.

(ii) Si el día tiene doce horas, hay tiempo suficiente para lo que una persona tiene que hacer, sin andarse con prisas.

(iii) Pero, aunque haya doce horas en el día, hay sólo doce horas. No se pueden prolongar; y, por tanto, no hay que perder el tiempo. Hay bastante tiempo, pero no demasiado. Hay que «redimir el tiempo» (Eph_4:16 ; Col_4:5 ).

La leyenda del doctor Fausto ha cristalizado en muchas obras literarias y otras. En el drama de Marlowe, Fausto hace un pacto con el diablo: durante veinticuatro años, el diablo está a su servicio, y le concede todos sus deseos; pero al final de aquel tiempo, el diablo se quedará con su alma. Cuando han pasado los veinticuatro años y llega la última hora, Fausto se da cuenta del mal negocio que ha hecho. Querría que el tiempo se parara, «que esa hora fuera un año, un mes, una semana, un día completo, para darle una oportunidad de arrepentirse y salvar su alma; pero las estrellas siguen moviéndose, el tiempo corre, el reloj lo mide, el diablo vendrá y Fausto será condenado.» No hay nada en el mundo que pueda darle a Fausto más tiempo. Ese es uno de los más amenazadores Hechos de la vida. El día tiene doce horas, y sólo doce. No hay que precipitarse, pero tampoco demorarse. Hay suficiente tiempo en la vida, pero no hay tiempo que perder.

EL DÍA Y LA NOCHE

Jesús pasa a desarrollar lo que acaba de decir del tiempo. Dice que si una persona anda a la luz del día, no tropieza; pero, si trata de andar de noche, va dando traspiés.

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