Juan 1: La palabra Eterna

Meditación

1. El encuentro de los primeros discípulos con Jesús contiene, como acabamos de ver, unos rasgos tan generales, que de ellos se puede concluir: aquí es preciso probar cómo se llega a la conexión con Jesús de Nazaret y, en consecuencia, a la conexión con la comunidad cristiana. Al mismo tiempo el texto enlaza con ello una «escena histórica retrospectiva» con lo que quiere decir: de este modo se ha constituido la comunidad de los discípulos de Jesús. Nos hacemos así una idea de los comienzos del movimiento de Jesús y, por ende, también de los comienzos de la Iglesia, lo que tiene su perfecta justificación en la mirada retrospectiva. Pero es interesante sobre todo el énfasis y hasta la exclusividad con que hay que afrontar ante todo la anexión a la persona de Jesús. Para Jn no es «el evangelio del reino de Dios» con sus exigencias de conversión y de fe cn la buena nueva (cf. Mar_1:14s) lo que ha de despertar a los hombres y moverlos a que se adhieran a Jesús; en Jn ni siquiera hay un mensaje que se pueda distinguir y separar de él como su objeto; de lo que se trata, y lo subraya con el mayor énfasis, es de la figura y persona de Jesús, a quien los hombres se adhieren y le reconocen o cuya aceptación rechazan. Naturalmente que también en los sinópticos las cosas discurren así en el fondo, porque el mensaje del reino de Dios no se puede separar del mensajero que lo anuncia. La proximidad del reino de Dios y la presencia de Jesús coinciden hasta el punto de que ya Orígenes andaba desde luego en lo cierto con su conocida aseveración de que Jesús era la autobasileia, el reino de Dios en persona. Pero no hay duda de que Jn acentúa en forma resueltamente más fuerte esa importancia fundamental de la persona de Jesús para la salvación del hombre.

Esto ocurre ante todo con la indicación lapidaria del Bautista: «éste es el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo» (Mar_1:29.36). El hecho de que tal afirmación esté en el mismo comienzo y de que sea la que ha movido a los discípulos a cambiar al Bautista por Jesús, es sin duda algo que merece a todas luces mayor atención de la que se le presta ordinariamente en los comentarios. Ya hemos visto que ese testimonio del Bautista no puede ser histórico, sino que tiene un carácter por completo kerigmático. Ya al comienzo del evangelio anticipa su final que es la historia de la pasión al tiempo que pone al comienzo de la historia de Jesús la idea de su muerte propiciatoria y vicaria. Involuntariamente pensamos en el coral «Oh tú, Cordero de Dios inocente, degollado en el árbol de la cruz», que se encuentra en la Pasión de san Mateo de J.S. Bach. Se nos presenta a Jesús como «el que quita el pecado del mundo», es decir, el que elimina el estado de pecado del cosmos. Esta interpretación puede tal vez ser demasiado amplia, si se pretende mediante ese testimonio ya desde el principio condicionar las demás aserciones del cuarto Evangelio, al modo que el signo antepuesto al paréntesis afecta a todo lo que el paréntesis encierra; y de ese modo todo el carácter de la predicación de Jesús en Jn como predicación salvífica estaría marcada por tal referencia. En todo caso lo que importa es tomarla absolutamente en serio.

AUTOSUFICIENCIA: Con la alusión al cordero de Dios Jn se interesa a las claras por expresar la necesidad humana de salvación. Si los dos discípulos siguen ese testimonio, ello se debe desde luego a que la referencia del Bautista fue para ellos una auténtica motivación, una ayuda a sus problemas y anhelos. Una necesidad de salvación supone ciertamente en el hombre la experiencia o al menos el barrunto de la propia condena, cualquiera que sea el modo en que pueda articularse esa experiencia de condenación o ese «saber de la infelicidad». La salvación, ofrecida por Jesús y por la predicación cristiana, salvación que exige a su vez una respuesta, sólo puede conocerla y experimentarla el hombre como su propia salvación cuando consciente o inconscientemente se mueve acuciado por la solicitud o el deseo de su salvación, es decir, cuando no está satisfecho con su estado presente, sino que se siente descontento e insatisfecho en lo más profundo de su ser.

Charles ·Peguy-CH (poeta y escritor francés + 1914) meditaba una vez por qué la gracia divina obtiene triunfos inesperados en el alma del pecador más grande, mientras que con mucha frecuencia permanece inactiva en las gentes más honradas GRACIA/MORAL:

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