Juan 1: La palabra Eterna

»Aun cuando las autoridades judías con sus seguidores provocaron la muerte de Cristo, no se pueden cargar indiscriminadamente los acontecimientos de su pasión ni en la cuenta de todos los judíos que vivían entonces ni en la de los judíos actuales. Cierto que la Iglesia es el nuevo pueblo de Dios, mas no por ello se puede presentar a los judíos como rechazados o malditos por Dios, cual si ello se siguiera de la Sagrada Escritura. Por eso, todos han de cuidar de que nadie en la catequesis, ni en la predicación de la palabra de Dios enseñe algo que no esté en armonía con la verdad evangélica y con el espíritu de Cristo.

»Consciente de la herencia que tiene en común con los judíos, la Iglesia que rechaza todo tipo de persecución contra cualquier hombre, lamenta no por motivos políticos sino a impulsos del amor religioso del evangelio, todos los estallidos de odio, las persecuciones y manifestaciones de antisemitismo que en cualquier época y por quienquiera que haya sido se han dirigido contra los judíos.

»El propio Cristo, como la Iglesia ha enseñado siempre y sigue enseñando, asumió libremente y con infinito amor sus padecimientos y su muerte por los pecados de todos los hombres y a fin de que todos alcancen la salvación. Del mismo modo es tarea de la predicaci6n de la Iglesia proclamar la cruz de Cristo como signo del amor universal de Dios y como fuente de todas las gracias» («Acta Apostolicae Sedis» 58 (1966) 742-744).

«Esta postura conciliar -dicen los obispos franceses en las Directrices pastorales sobre la actitud de los cristianos frente al judaísmo- ha de considerarse como un comienzo más que como un final. Significa un giro en la actitud cristiana frente al judaísmo. Abre un camino y nos permite delimitar exactamente nuestro quehacer».

Uno de los objetivos de nuestro comentario y de sus meditaciones es el de restablecer el diálogo entre cristianismo y judaísmo sobre la citada base y, en la medida en que ello sea posible, continuarlo. Unos diálogos auténticos, que afrontan cuestiones difíciles, comportan el que al comienzo no se pueda predecir cómo van a terminar ni cuál será el resultado al que puedan llegar. Siguen su propio camino y a menudo llegan a callejones sin salida. En ocasiones han de contentarse con soluciones provisionales y a medias. A veces abren una panorámica insospechada, y cuando producen cambios pequeños e imperceptibles es mucho lo que han logrado.

……………

1. «Los judíos»: Jua_1:19; Jua_2:6.13.18.20; Jua_3:1.22.25; Jua_4:9.22; Jua_5:1.10.15.16.18; Jua_6:4.41.52; Jua_7:1.2.11.13.15.35; Jua_8:22.31.48.52.57; Jua_9:18.22; Jua_10:19.24.31.33; Jua_11:8.19.31; 33.36.45.54.55; Jua_12:9.11; Jua_13:33; Jua_18:12.14.20.31.33.35.36.38. 39; Jua_19:3.7.12.14.19.20.21; 19.312Re_38:40, 2Re_38:42; 2Re_20:19. A primera vista se advierte que «los judíos» aparecen principalmente en aquellos textos que contemplan los discursos y las discusiones de Jesús en Jerusalén, y más en concreto en los textos que se refieren a la historia de la pasión.

2. Véase sobre este punto la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, Nostra aetate, del concilio Vaticano II.

3. TOMAS DE AQUINO, nº 2409: en la edad media tales judíos eran aquellos que estaban provistos de cartas de protección por parte de los señores del país. En el Sacro Imperio Romano los judíos fueron tratados a partir de 1236 como servi camerae regis, como criados de la cámara real, sujetos a la protección especial del emperador. Es evidente que Tomás de Aquino tiene ante los ojos dicha institución.

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