Josué 8: Sucesos en Hai

Jos 8:18 Entonces Jehová dijo a Josué: Extiende la lanza que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano. Y Josué extendió hacia la ciudad la lanza que en su mano tenía.

Jos 8:19 Y levantándose prontamente de su lugar los que estaban en la emboscada, corrieron luego que él alzó su mano, y vinieron a la ciudad, y la tomaron, y se apresuraron a prenderle fuego.

El Señor entregó la ciudad a Josué. La derrota de ayer se convirtió en la victoria de hoy. Una vez que resolvemos el problema del pecado, nos esperan perdón y victoria más adelante. Con la guía de Dios podemos evitar desanimarnos y ser consumidos por la culpa. No importa cuán difícil parezca recuperarse de un traspié ocasionado por un pecado, debemos renovar nuestros esfuerzos por llevar a cabo la voluntad de Dios.

Jos 8:20 Y los hombres de Hai volvieron el rostro, y al mirar, he aquí que el humo de la ciudad subía al cielo, y no pudieron huir ni a una parte ni a otra, porque el pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvió contra los que les seguían.

Jos 8:21 Josué y todo Israel, viendo que los de la emboscada habían tomado la ciudad, y que el humo de la ciudad subía, se volvieron y atacaron a los de Hai.

Jos 8:22 Y los otros salieron de la ciudad a su encuentro, y así fueron encerrados en medio de Israel, los unos por un lado, y los otros por el otro. Y los hirieron hasta que no quedó ninguno de ellos que escapase.

Jos 8:23 Pero tomaron vivo al rey de Hai, y lo trajeron a Josué.

El hecho de que capturaran al rey de Hai . . . vivo no constituyó una violación del mandato de Dios; todo lo contrario, perseguía darle realce a su muerte colgándolo de un árbol. Exhibir un cuerpo de esa manera indicaba una maldición divina.

Jos 8:24 Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai, y también la hirieron a filo de espada.

Jos 8:25 Y el número de los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fue de doce mil, todos los de Hai.

Jos 8:26 Porque Josué no retiró su mano que había extendido con la lanza, hasta que hubo destruido por completo a todos los moradores de Hai.

Jos 8:27 Pero los israelitas tomaron para sí las bestias y los despojos de la ciudad, conforme a la palabra de Jehová que le había mandado a Josué.

Jos 8:28 Y Josué quemó a Hai y la redujo a un montón de escombros, asolada para siempre hasta hoy.

Jos 8:29 Y al rey de Hai lo colgó de un madero hasta caer la noche; y cuando el sol se puso, mandó Josué que quitasen del madero su cuerpo, y lo echasen a la puerta de la ciudad; y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy.

Jos 8:30 Entonces Josué edificó un altar a Jehová Dios de Israel en el monte Ebal,

Jos 8:31 como Moisés siervo de Jehová lo había mandado a los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro; y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, y sacrificaron ofrendas de paz.

El altar debía ser construido de piedras enteras para que no fuera profanado. Esto impediría que la gente adorara al altar como si fuera un ídolo o a la habilidad de los artesanos en lugar de las grandes obras de Dios.

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