Josué 10: Batalla en Gabaón

Algunos comentaristas basados en la etimología de las palabras utilizadas en el hebreo para hablar de la “detención” concluyen que lo que Josué pidió no era la prolongación del día, sino que se prolongara la oscuridad pues su ataque había comenzado al amanecer y por sorpresa. Los amorreos al advertir ese ataque huyeron pronto, por lo tanto lo que convenía a los israelitas era que el día no aclarara para que la confusión inundara a los amorreos.

La oración de Josué fue en verdad muy temprano en la mañana si se toma en cuenta la ubicación de la luna en el valle de Ajalón, en el oeste, y del sol sobre Gabaón, un lugar, montañoso, en el este. Hay una explicación sugerente, pero respetuosa del sentido del texto en el Nuevo Comentario Bíblico. Dice que la palabra traducida “detente” (del verbo heb. damam) significa literalmente “permaneced silencioso” o con frecuencia tiene el sentido de “cesar” o “dejar de hacer”. Otro verbo similar en significado es traducido “se detuvo” (v. 13c; amad) puede llevar el sentido de “cesar”. El significado básico de la palabra traducida “ponerse” puede ser “venir” o “ir”. Comúnmente se utiliza para hablar de puesta o caída del sol, cuando se relaciona con este. Pero el caso es que en esta oportunidad la palabra se usa en forma poética lo cual amplía su sentido. La palabra, usada aquí en un marco poético, puede aplicarse a la luz que llega o a la salida del sol, por lo tanto la frase “casi un día entero” podría traducirse como “cuando el día fenece”. De modo que la oración puede traducirse, según Blair, así: “El sol dejó de brillar en medio del cielo y no se apresuró a venir (así que estaba) como cuando el día fenece”. Con este sentido, la derrota de los amorreos ocurrió en medio de la oscuridad y la tormenta. Quédese claro: de cualquier modo en que se traduzca ese versículo no se excluye la intervención divina o para alargar el día o para alargar la noche.

Es una reflexión sobre el evento milagroso en el que Dios actuó. Ese día es inolvidable históricamente hablando no sólo porque Jehová haya actuado milagrosamente sino que se destaca también el hecho que “Jehová escuchó la voz de un hombre; porque Jehová combatía por Israel”.

Cualquier cosa puede suceder cuando Dios responde en consonancia con su lealtad y fidelidad al pacto hecho con los seres humanos. Su respeto a la palabra de un pacto se mantiene incólume aún en medio de circunstancias adversas. Es importante recordar, según la reflexión, que Jehová no respondió a la oración porque esta fuera muy elocuente o poderosa debido a quien la hacía. Respondió porque él “combatía por Israel”.

En la actualidad se enfatiza con mucha frecuencia el poder de la oración o la necesaria intensidad de la oración. Así casi se sobrevalora el papel del que ora o de la oración misma. Este énfasis puede desviar la mirada de la fe que debe ser colocada en el autor y consumador de la misma. Puede provocar una confusión e inseguridad permanente acerca de la fidelidad de Dios y sobre la manifestación de su voluntad. Cuando el énfasis está colocado sobre la oración o sobre el que hace la oración, el objeto de la fe, es decir, Dios mismo, puede ser malentendido e incluso su nombre puede ser manipulado. Lo primero ocurre porque se espera que sea la oración la que determine la acción de Dios y no su voluntad o su fidelidad. Lo segundo puede ocurrir cuando lo que sucede después de la oración puede ser interpretado al antojo del que ora al mostrarlo como una respuesta evidente a su oración. Quizá se debería dar más importancia a la manera de confiar en Dios a través de la oración, antes que convertir a estas en táctica o estilo para dar órdenes a Dios sobre lo que deseamos.

Advierte que Josué había hablado con Jehová antes de hablar delante de los israelitas. Por lo tanto su acción ante el pueblo no tuvo el objetivo de vanagloriarse a sí mismo sino que era el resultado lógico de una confianza plena en la fidelidad de Dios a su pueblo.

Un aspecto más que vale la pena subrayar es que Jehová respondió así porque él “combatía” por Israel. Con frecuencia se acostumbra orar a Dios como si este estuviese sentado en un trono, impasible mirando los acontecimientos humanos. Lo que se deduce de este versículo es que él también combatía, estaba presente y participaba del ardor de la lucha. Dios hacía suya parte de la angustia y el afán que vivían los combatientes de Israel.

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