Jonás-1-Jonás-huye-de-Jehová

Jonás 1: Jonás huye de Jehová

Jonás profetizó a Israel y Asiria en 793-753 a.C.

Ambiente de la época: Nínive era la ciudad más importante de Asiria y pronto sería la capital del inmenso imperio asirio. Pero Nínive era también una ciudad perversa.

Jonás, que aborrecía a los poderosos y malvados asirios, recibió un llamado de Dios a advertir a los asirios que les llegaría castigo si no se arrepentían.

Jonás no quería ir a Nínive, y trató de huir de Dios. Pero Dios tiene formas de enseñarnos a obedecerlo y seguirlo. Cuando Jonás predicó, la ciudad se arrepintió y Dios retuvo el castigo. Aun los más perversos pueden salvarse si de veras se arrepienten y se vuelven a Dios.

Contemporáneo de Joel (853-796?) Amós (760-750)

Jonás 1:1 Vino palabra de Jehová a Jonás(A) hijo de Amitai, diciendo:

Jonás 1:2 Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí.

Maldad : La palabra hebrea también se traduce como «problema», «miseria», «dificultad» y «daño». Dios está preocupado por las miserias de Nínive y sus caminos de maldad. Su situación es lo suficientemente grave como para llamar la atención de Dios.

Jonás profetizó en tiempos de Jeroboam II, rey de Israel de 793-753 a.C. Quizás era miembro de “los hijos de los profetas” que se mencionan en relación con el ministerio de Eliseo.

Dios le dijo a Jonás que predicara en Nínive, la ciudad más importante de Asiria, un incipiente poder mundial en los días de Jonás. En menos de cincuenta años, Nínive sería ya la capital del vasto imperio asirio. Jonás no habla mucho de la maldad de Nínive, pero el profeta Nahum nos ofrece mayor información. Dice Nahum que Nínive había caído en pecados como

(1) pensar cosas malas contra Dios,

(2) explotar al desvalido,

(3) ser cruel en la guerra,

(4) adorar ídolos, prostitución y brujería. Dios le dijo a Jonás que fuera a Nínive, como ochocientos kilómetros al nordeste de Israel, a advertirles del inminente castigo y a declarar que podían alcanzar misericordia y perdón si se arrepentían.

Jonás 1:3 Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.

Tarsis : Muchos consideran que se trataba de la ciudad de Tartessos, en la costa sudoccidental de España. Como tal, representaba un lugar distante a donde no había llegado aún el conocimiento de Dios. Jonás estaba tratando de escapar de la presencia de Jehová . Esto indica que tenía una visión muy estrecha respecto a la localización de la presencia de Dios, o que quizás pensaba que el Espíritu de profecía no lo seguiría hasta allí. Comenzó su viaje en la ciudad portuaria de Jope , alrededor de 60 km al noroeste de Jerusalén, puerto marítimo de Israel.

Nínive era una ciudad poderosa y perversa. Desde niño Jonás había aprendido a odiar a los asirios y temer sus atrocidades. Los aborrecía tanto que no quería que recibieran misericordia de Dios. Jonás temía que se arrepintieran. Su actitud era representativa de la renuencia de Israel a hablar a los demás del amor y la misericordia de Dios, aunque esa era la misión que Dios les había dado. Ellos, como Jonás, no querían que los que no fueran judíos (gentiles) obtuvieran el favor de Dios.

Jonás sabía que Dios tenía una tarea para él, pero no quería cumplirla. Tarsis puede haber sido uno de los tantos puertos occidentales de Fenicia. Nínive estaba al este. Jonás trató de irse lo más al oeste posible. Cuando Dios nos ordena algo en su Palabra, a veces huimos por temor o terquedad, con la excusa de que Dios nos está pidiendo demasiado. Quizás fue temor, o enojo por la amplitud de la misericordia de Dios, lo que hizo que Jonás huyera. Pero la huida lo metió en problemas peores. Al final, Jonás entendió que es mejor hacer lo que Dios manda. Pero ya había tenido que pagar un alto precio por huir. Es mejor obedecer desde un principio.

Jonás 1:4 Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave.

Antes de establecerse en la tierra prometida, los israelitas habían sido nómadas que iban de lugar en lugar en busca de buen pasto para su ganado. Aunque no eran un pueblo de marineros, su ubicación en las costas del Mediterráneo y cerca de los vecinos poderes marítimos de Fenicia y Filistea le permitió vincularse mucho con barcos y marineros. La nave en que se embarcó Jonás probablemente era un barco de carga con cubierta.

La desobediencia de Jonás puso en peligro la vida de la tripulación del barco. Tenemos la gan responsabilidad de obedecer la Palabra de Dios porque nuestros pecados y desobediencias pueden poner en peligro a los que nos rodean.

Jonás 1:5 Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir.

Probablemente, cada uno de los marineros (quizás fenicios) tenía un dios personal, un dios familiar, y un dios nacional. Jonás se había echado a dormir , probablemente a causa de las tensiones, el cansancio y la depresión.

Mientras la tormenta rugía, Jonás dormía bajo cubierta. Aunque estaba huyendo de Dios, la conciencia no le molestaba. Pero el que no nos sintamos culpables no siempre es señal de que estamos actuando bien. Como uno puede negar la realidad, no podemos medir la obediencia por lo que sentimos. Por eso es importante que nos comparemos con las normas divinas.

Jonás 1:6 Y el patrón de la nave se le acercó y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos.

Jonás 1:7 Y dijeron cada uno a su compañero: Venid y echemos suertes, para que sepamos por causa de quién nos ha venido este mal. Y echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás.

El echar suertes era una práctica en la que probablemente se utilizaba algún tipo de dados. Se trata de una antigua forma de adivinación, e indica que los marineros consideraban el problema como algo originado en un castigo divino.

Los tripulantes echaron suerte para descubrir al culpable. Les dio resultado, pero solo porque Dios intervino para que Jonás supiera que no podía huir de él.

Jonás 1:8 Entonces le dijeron ellos: Decláranos ahora por qué nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres?

Jonás 1:9 Y él les respondió: Soy hebreo, y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra.

Jonás 1:10 Y aquellos hombres temieron sobremanera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? Porque ellos sabían que huía de la presencia de Jehová, pues él se lo había declarado.

Note la inconsistencia. Jonás está tratando de escapar de la presencia del Dios de los cielos .

Jonás 1:11 Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar se iba embraveciendo más y más.

Jonás 1:12 El les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.

Jonás se ofrece para ser sacrificado por los marineros extranjeros; un obvio cambio de actitud hacia los no-israelitas.

Uno no puede buscar el amor de Dios y huir de El al mismo tiempo. Jonás pronto comprendió que en ninguna parte podía esconderse de Dios. Pero antes de que Jonás pudiera volver a Dios, tuvo que dejar de ir en sentido contrario. ¿Qué le ha pedido Dios que haga? Si queremos más del amor y el poder de Dios, tenemos que estar dispuestos a cumplir con las responsabilidades que nos da. Uno no puede decir que cree en Dios si no hace lo que Dios dice.

Fuga de Jonás: Dios le dijo a Jonás que fuera a Nínive, la capital del Imperio Asirio. Muchos de los coterráneos de Jonás sufrieron las atrocidades de los crueles asirios. Al lugar donde menos quería ir Jonás en un viaje misionero era a Nínive. Por eso se fue en otra dirección. Tomó un barco en Jope que se dirigía a Tarsis. Pero Jonás no pudo escapar de Dios.

Jonás sabía que había desobedecido y que la tormenta era por culpa suya, pero no dijo nada hasta que los marineros echaron suerte y la suerte cayó sobre él. Entonces estuvo dispuesto a perder la vida para salvar a los marineros, aunque no había querido hacer lo mismo por la gente de Nínive. Jonás odiaba tanto a los asirios que había perdido toda perspectiva.

Jonás 1:13 Y aquellos hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra; mas no pudieron, porque el mar se iba embraveciendo más y más contra ellos.

El nerviosismo de los marineros indica que temían al Dios de Jonás.

Al tratar de salvarle la vida a Jonás, aquellos marineros paganos demostraron tener más compasión que Jonás, porque este no quería anunciar a los ninivitas el castigo que Dios iba a imponerles. Los cristianos debemos avergonzarnos cada vez que un incrédulo muestra más compasión que nosotros. Dios quiere que nos preocupemos de todas las personas, sean salvas o no.

Jonás 1:14 Entonces clamaron a Jehová y dijeron: Te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Jehová, has hecho como has querido.

Jonás 1:15 Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor.

Los marineros oran al Dios de Jonás para que éste les perdonara su acción de lanzarlo al mar , temiendo ser responsabilizados de su muerte.

Jonás 1:16 Y temieron aquellos hombres a Jehová con gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová, e hicieron votos.

Se hacía sacrificio a bordo si había animales disponibles; de lo contrario, lo realizaban al regresar a tierra. La significación de su sacrificio y el contenido de sus votos no se revelan. Es posible que simplemente hubiesen añadido a Jehová a la lista de sus dioses.

Jonás desobedeció a Dios. En su huida, se detuvo y se sometió a Dios. Entonces la tripulación de la nave adoró a Dios porque vieron que la tormenta amainaba. Dios puede utilizar hasta nuestros errores para que otros le conozcan. Puede ser doloroso, pero reconocer nuestros pecados puede ser un tremendo ejemplo a los que no conocen a Dios. Es triste que aquellos marineros paganos hicieron lo que la nación de Israel entera no hizo: oraron y prometieron servir a Dios.

Jonás 1:17 Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.

Jehová tenía preparado : Indica que Dios estaba en el control de la situación. El gran pez hizo simplemente lo que se le dijo que hiciera. Se trata de un milagro cuyos detalles no se revelan. No sabemos si el pez fue especialmente creado o si era una ballena modificada; tampoco sabemos cómo pudo Jonás respirar en su vientre durante 72 horas. Dios decidió que permaneciera allí tres días y tres noches porque éste era el lapso que alguien necesitaba, según los antiguos, para regresar del Seol. Por lo tanto, el regreso de Jonás debe haber representado una vuelta milagrosa de la muerte.

Jesús confirma la veracidad de este acontecimiento del AT y usa el incidente para referirse al tiempo que él permanecería «en el corazón de la tierra» antes de resucitar.

Muchos han tratado de decir que este relato es ficción, pero la Biblia no lo presenta ni como un sueño ni como una leyenda. No echemos a un lado este milagro como si uno pudiera escoger en qué milagro de la Biblia creer y en cual no. Una actitud así nos llevaría a poner en duda cualquier parte de la Biblia y a perder confianza en que la Biblia es la fidedigna Palabra de Dios. La experiencia de Jonás la usó Cristo como ilustración de su muerte y resurreción.

La comisión y la revelación

El libro comienza como muchos libros proféticos diciendo que la palabra de Dios vino al profeta. De esta manera se establece que es un libro profético. Para los profetas la palabra de Dios podía ser un hecho o una palabra. Una vez dada tenía su existencia propia y lograba lo que Dios había previsto. La palabra podía ser como fuego o un martillox. Era eternax y no volvía a Dios vacía, sino que hacía lo que Dios quería. Así el libro comienza con la actividad divina cuando Dios se comunica con el profeta. Jonás por su parte es una persona capaz de recibir y obedecer la “palabra de Dios”.

Jonás, hijo de Amitai se menciona primero como un profeta que anunció de forma exitosa la expansión del reino de Israel. El nombre Amitai significa “verdad” y Jonás significa “paloma”. Oseas llamó a Israel una “paloma incauta, sin entendimiento”. No obstante dijo que un día Israel como paloma iba a volver a Dios. La comisión del profeta consiste de tres imperativos Levántate… Vé… y pregona… Tal como Dios llamó a otros profetas él llamó a Jonás a una misión precisa. Tenía que anunciar el juicio de Dios sobre la ciudad de Nínive.

Nínive era la capital del Imperio de Asiria, la nación que tanto mal hizo a los israelitas hasta destruir la capital del Reino del Norte, Samaria, en el 722 a. de J.C. y llevar diez tribus de israelitas a un cautiverio del cual nunca regresaron a su patria. La ciudad estaba situada al lado del río Tigris en el territorio que Iraq ocupa en la actualidad. Nínive fue destruida en el 612 a. J.C. y nunca más se construyó una ciudad en su lugar. Era una ciudad muy grande como el libro dice porque, como sucede con las ciudades de hoy en día, había muchas poblaciones a su alrededor. Es curioso que ni la Biblia ni los documentos asirios mencionen el gran avivamiento. También hoy en día las noticias comentan muy poco las grandes campañas de evangelización que se celebran en las grandes ciudades del mundo. Nuestro Salvador confirmó que la gente de Nínive se arrepintió y esto es suficiente evidencia para nosotros.

Jonás recibió el mandamiento de “pregonar” contra Nínive. Es un verbo (cara) que significa “proclamar o gritar” el mensaje de Dios. La Biblia no menciona los problemas de falta de conocimiento del idioma o el peligro físico del profeta. Estos no constituyeron un problema. La Biblia dice que la maldad de Nínive ha subido delante de Dios. Tal vez el profeta Amós fue el primer profeta en anunciar que el Señor era el Dios de toda la tierra y que iba a castigar la maldad de las naciones según su culpabilidad. La expresión que describe la maldad de Nínive es general y no indica pecados específicos. No obstante los judíos conocían muy bien y en carne propia la crueldad de los Asirios

En lugar de levantarse para servir a Dios, Jonás se levantó para huir de la presencia del Señor. Jonás sabía que la presencia de Jehová no estaba restringida a la tierra de Israel, pero su templo estaba allí y allí solía llamar a sus profetas. Es probable que él haya pensado que podría evitar recibir una segunda comisión si saliera del lugar donde Dios normalmente comisionó a sus siervos, los profetas. Tarsis en aquel entonces era una colonia fenicia en el sur oeste de España, o una refinería de cobre en la isla de Cerdeña. De todos modos era el destino más lejos adonde una nave podría llevarlo de Jope, que era el puerto principal de la tierra de Israel hasta que Herodes construyó el puerto artificial de Cesarea de donde Pablo fue llevado a Roma.

El texto nos hace recordar a Elías cuando huyó de Jezabel. También Elías tuvo un nuevo encuentro con Dios que transformó su vida.

Más tarde Jonás dice claramente por qué huyó de su comisión. Sabía que si Dios únicamente hubiera querido que diera una predicción de la caída de Nínive, dicha proclamación podía haber sido dada en Israel como Isaías, Jeremías y otros lo habían hecho en otras ocasiones. El hecho de que Dios le mandara ir a Nínive y anunciara su destrucción inminente solamente significaba que Dios quería darles la oportunidad de que se arrepintieran y fueran librados del juicio.

Los rabinos judíos enseñaban que Jonás no había querido hacerlo por ser buen patriota, porque sabía que un día Asiria iba a invadir Israel y en su corazón deseaba su destrucción para salvar a su pueblo de una invasión. También sabía que si los asirios se arrepentían y su profecía no se cumplía, la gente iba a tenerlo como “profeta falso”.

Es interesante notar que Jonás descendió de Jerusalén a Jope para buscar una nave para huir y luego “descendió” al interior de la embarcación para dormir. Su intención era “descender” de la presencia de Dios en lugar de “ascender” al puesto de servicio al cual Dios lo había llamado. En el heb. la frase que dice que pagó su pasaje dice que “pagó el precio de ella” y por eso algunos creen que él alquiló la nave para hacer un viaje especial, pero es más probable que haya pagado únicamente la tarifa de una persona hasta el destino último de la nave. De todos modos se dice dos veces en el versículo que tenía el propósito de huir de la presencia de Jehová.

¿Quién irá en nombre de Dios?

¿Cree usted que se debe llevar el mensaje de salvación a los enemigos, a las personas que oprimen cruelmente a otras personas? ¿Aún a los que oprimen a su propio pueblo?

El corto libro de Jonás es un libro misionero que presenta a Dios preocupado por las personas que viven en la gran ciudad de Nínive, capital de Asiria, cruel enemigo del pueblo de Dios.

1. Dios se preocupa por la maldad de las personas

2. Dios envía a su mensajero con el mensaje de perdón

3. La gente se arrepiente y cree en Dios

4. ¿No he de preocuparme yo por…?.Dios sigue preocupándose en nuestros días por las personas perdidas. ¿Lo está llamando a usted a ser su mensajero? ¿Cuál será su respuesta?

¿Se puede huir de Dios?

Al oír el mandato de Dios de ir a la odiada ciudad de Nínive, Jonás decide huir de él. ¿Es posible huir de Dios? El salmista le hubiera dicho a Jonás que no.

“A dónde me iré de tu Espíritu?

¿A dónde huiré de tu presencia?

Si subo a los cielos, allí estás tú;

si en el Seol hago mi cama, allí tú estás.

Si tomo las alas del alba

y habito en el extremo del mar,

aun allí me guiará tu mano,

y me asirá tu diestra”.

El libro de Jonás nos enseña que es imposible huir de Dios, y de su amor. Jonás encontró esta gran verdad desde el vientre del pez al orar a Dios y recibir su salvación. Lo vio en el trato compasivo de Dios al desistir castigar al pueblo de Nínive. Lo vio aun en la enseñanza personal de Dios al procurar ganarle al enojado profeta que no quiso tener su vida ensanchada por la visión y el amor de Dios por los enemigos.

La tempestad y su causa

La reacción de Dios a la conducta de su profeta desobediente no tardó en manifestarse. Dios lanzó un viento sobrenatural sobre el mar y esto causó una enorme tempestad. La palabra heb. ruaj puede significar “espíritu” igual como “viento”, pero en este caso se refiere únicamente a un viento muy fuerte. La palabra “tempestad” saar es muy gráfica y uno casi puede oír el aullido del viento y las olas. La expresión en heb. casi da cualidades humanas a la nave: “la nave pensaba que seguramente quedaría partida en pedazos”.

La tempestad era tan fuerte que aun los marineros veteranos tuvieron miedo. Probablemente eran de distintas nacionalidades, puesto que cada uno invocaba a su dios. Pensaban que algún dios se había ofendido y los estaba castigando. Además de orar, tomaron medidas prácticas para salvar la nave. Echaron todo el cargamento (lit. lo fabricado: kely) al mar; esto incluía tanto el equipo de la nave como su carga. Sabían que una nave menos pesada no quedaría tan hundida en el agua y también respondería mejor al timón.

La acción se enfoca nuevamente sobre Jonás. Antes de la tempestad había descendido al fondo de la nave, al lugar reservado para pasajeros, y allí se quedó dormido. No obstante, su sueño no era normal; era como el sueño profundo que Dios le causó a Adán para sacarle una costilla y formar a Eva. Pudo ser un sueño de temor, porque seguramente Jonás estaba rendido emocionalmente debido a su decisión de ir en contra de la voluntad de Dios. Es interesante observar que mientras los marineros paganos estaban orando el profeta de Dios estaba profundamente dormido.

De repente, apareció el capitán y lo reprendió por su tranquilidad ante un peligro tan grave. Por segunda vez una voz le dice a Jonás: levántate. Pero ya no es la voz de Dios sino la de un viejo “lobo de mar” que quiso usar todo recurso para salvar su nave. El capitán sabía que algún dios estaba causando una tempestad tan terrible; quiso que ese dios tuviera compasión de ellos porque ya estaban condenados a la muerte.

A pesar de las muchas oraciones la tempestad continuó con su furia y eso convenció a los marineros de que todo se debía a la culpa de alguien en la nave. Recurrieron a un método utilizado en la antigüedad para descubrir a alguien culpable de una maldad: echar suertes (durante el reinado de Saúl, se realizó este tipo de “sorteo” o “echar suerte” para descubrir a un culpable). Y efectivamente la suerte cayó sobre Jonás como causante de la tempestad.

En seguida, los marineros quisieron saber qué había hecho para causarles a todos el sufrir un peligro tan grave. Luego de pedirle una declaración clara sobre la causa del mal, le preguntaron no solamente su oficio sino el negocio que lo había motivado a subir a la nave. Al preguntarle de qué país era tal vez pensaban que su país estaba bajo la maldición de algún dios. Al caer la suerte era costumbre pedirle al mismo culpable que confesara su crimen.

En el Jonás responde a sus preguntas con dos afirmaciones claras. No vaciló en decir que era hebreo. Normalmente eran los extranjeros los que usaban este término para describir a los israelitas; ellos preferían decir que eran “hijos de Israel”, y a veces los israelitas la usaron como aquí para describirse a extranjeros.

La segunda afirmación destacó que Jonás adoraba al Dios revelado a Moisés quien creó el mar y la tierra. De esa manera afirmó que la autoridad de Jehová no estaba limitada a un territorio determinado sino que él era el Dios universal. Con estas palabras se ve lo ridículo de la situación de Jonás; uno no puede creer en el Dios del mar y la tierra, y al mismo tiempo huir de su presencia.

Los marineros encontrados por Jonás Una de las “enseñanzas secundarias” de Jonás es la de los marineros. Eran de distintas nacionalidades, cada uno con su propio dios, pero fueron más compasivos con Jonás que él con los ciudadanos de Nínive. Se les presenta como a personas realistas. Ven en esta tormenta extraordinaria un acto sobrenatural. Ellos tienen miedo, cada uno ora a su dios, y frente a la magnitud de la tormenta toman la decisión de echar el cargamento al mar. En esta forma vemos que eran competentes en su negocio. Al ver a Jonás que está durmiendo se dan cuenta de que él tiene algo que ver con la situación, cosa que es comprobada cuando echan suertes y la suerte cae sobre Jonás.

La compasión humana de los marineros contrasta con la de Jonás para con los habitantes de Nínive. Aquellos remaban aun más fuerte para evitar echarlo al mar, pero, por fin, Jonás se da cuenta de que si no lo hacen, todos van a morir. Los marineros, aun no creyentes, le piden a Dios que no los haga responsables por la muerte de Jonás, y después, al ver la tranquilidad del mar, le ofrecieron un sacrificio e hicieron votos.

A veces las personas de otras religiones nos avergüenzan por sus acciones que son aun más compasivas y correctas que las de quienes nos llamamos cristianos.

La salvación de los marineros

Resulta ser una paradoja que Jonás, quien no quiso predicarles a los gentiles de Nínive, ahora se halle en circunstancias en las que está dispuesto a dar su vida para salvar a unos marineros gentiles. Ellos por su parte no podían entender cómo él haría algo tan estúpido como intentar huir del Dios que hizo el mar y la tierra. Jonás mismo no tiene ninguna respuesta a su pregunta.

Solamente queda la pregunta básica: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos calme? El profeta egoísta reconoció que no había otro recurso más que dar su vida para salvar a los gentiles. Es importante notar la actitud tan noble de los marineros. Ellos hicieron todo lo posible para evitar la muerte de Jonás; intentaron volver a tierra para dejarlo, pero era imposible; la tempestad era más fuerte cada vez. Finalmente comprendieron que el sacrifico de Jonás era inevitable.

La oración de los marineros demuestra que ellos sabían muy bien el valor de la vida humana. Era cosa muy grave ser responsable de la muerte de otro. Jonás no les había hecho nada a ellos para merecer la pena capital y no querían cometer un asesinato. Por eso su oración termina reconociendo la voluntad de Dios tanto en la caída de las suertes como en la furia de la tempestad.

Por medio de estas circunstancias el autor del libro enseña una verdad importante: los gentiles pueden reconocer el poder y la majestad de Dios. Mientras los de Jerusalén mataron a los profetas estos hicieron todo lo posible para salvar la vida del profeta de Jehová. Tuvieron compasión por uno que no tuvo compasión sobre una ciudad entera.

El efecto de su actuación fue inmediato; después de la furia de la tempestad reinó una perfecta calma. Con temor y respeto adoraron a Jehová; reconocieron su poder sobre los elementos de la naturaleza. No se sabe que clase de sacrificios ofrecieron ni cuales fueron los votos que prometieron al Señor. Así el capítulo termina con el mensaje bien claro que los paganos pueden aprender a orar y servir al Señor.

Dios prepara un gran pez

Deja bien claro que lo que le pasó a Jonás no fue una casualidad. En el heb. dice que Dios “preparó” (manah) un gran pez con la misión especial de que se tragara a Jonás. Cuatro veces en este libro corto se emplea este verbo que significa preparar o disponer y cada vez Dios es el sujeto de la oración. él preparó no solamente el pez, sino también la planta de ricino, el gusano y el viento sofocante, para enseñarle importantes lecciones al profeta rebelde.

Por lo tanto es inútil investigar qué clase de pez o ballena era o si existe un pez capaz de tragarse a un hombre y mantenerlo con vida tres días. Lo importante es que Dios salvó a Jonás para darle una segunda oportunidad de ser su mensajero. La Biblia contiene relatos de milagros aun mayores y el más grande de todos es la resurrección de nuestro Salvador.

Incluso Jesús empleó la experiencia de Jonás como ilustración de su propia muerte y resurrección y para amonestar a los judíos por su incredulidad en contraste al arrepentimiento rápido y sincero de los habitantes de Nínive. Les advirtió que “uno mayor que Jonás les hablaba”.

Muchos intérpretes dicen que mucho antes de la época de Cristo la experiencia de Jonás servía como símbolo de la estadía de los judíos en Babilonia durante la época de su cautiverio. Al igual que Jonás ellos tuvieron una nueva oportunidad de ser “luz a las naciones” al regresar a Palestina.

Angustia y esperanza

Es interesante observar que mientras los marineros oraban, Jonás dormía. Frente a la muerte el profeta comenzó a orar con fervor y en poesía. Algunos eruditos dicen que el capítulo dos consiste en un salmo antiguo que los que recopilaron el libro de Jonás se lo agregaron al texto. Llegan a esta conclusión puesto que el salmo es la oración de uno que ha sido salvado del peligro de la muerte y ahora está en condiciones de ofrecer sacrificios a Dios. No obstante, todo el libro habla de hechos pasados, no solamente el capítulo dos, y era muy lógico esperar que el autor utilizara el idioma de los Salmos para componer su oración.

El estilo de poesía de estos versículos es el de paralelismo, o sea que la segunda parte del versículo repite en palabras similares lo que dice la primera parte. El pensamiento del autor oscila entre desesperación y esperanza. A lo profundo puede significar el mar o la angustia emocional. Hay varios salmos como este que a la vez expresan llanto y acción de graciasx. Como Jonás siente que se ahoga y que las olas le están pasando por encima. Se siente lejos de la presencia de Dios pero le queda la esperanza remota de que un día verá de nuevo el templo en Jerusalén. Es muy semejante al pensamiento de los Salmos 42 y 43. Los hebreos sabían bien que Dios no moraba en el templo pero era el lugar ideal para orar y acercarse a Dios.

Dios y las grandes ciudades

Dios quiere la salvación de todas las personas en el mundo. Se preocupa por las grandes ciudades del mundo donde hay enormes conglomerados de personas, muchas de las cuales no tienen valores morales que las orienten. Hoy Dios nos llama a compartir el mensaje de su salvación en las grandes ciudades de América Latina para que las muchedumbres puedan conocer su bondad, su amor y su perdón.

1. Dios reconoce la necesidad de la ciudad pecaminosa

2. Dios envía a su mensajero a la ciudad

3. Dios tiene compasión de los habitantes de la ciudad.

4. Dios persiste en amar y perdonar a las personas de las ciudadesx.Dios nos llama a unirnos con él en su búsqueda de las personas que viven en las ciudades. ¿Quiere juntarse con él en este gran esfuerzo?

Liberación de la muerte

Los hebreos no estaban acostumbrados a navegar, por eso el mar representaba un lugar de peligro mortal para ellosx. El profeta no solamente se sentía en el fondo del mar sino a la base de las montañas. Para muchos hebreos el destierro en Babilonia era así; pensaban que nunca volverían a ver su tierra. El regreso a Palestina era como salir de la tumba. Su oración es un testimonio de que Dios efectivamente escucha las oraciones de la persona angustiada.

El culto falso y el culto verdadero

El profeta hace el contraste entre los que abandonan su fe para adorar ídolos, vanidades ilusorias, y los que adoran al Dios verdadero. A pesar de su desobediencia Jonás nunca dejó de creer en Dios o de reconocer que era el único Dios creador de todo. Como en otros lugares de la Biblia se manifiesta que el culto a ídolos no es solamente falso sino vano. Jonás termina su oración con la confianza de que un día va a ofrecer sus sacrificios y cumplir sus votos prometidos. No se sabe la naturaleza de los votos; dice que un voto es una promesa voluntaria y algo muy serio que uno debe cumplir.

Todo el salmo es una afirmación de la gracia divina. La nota final indica que ¡la salvación pertenece a Jehová!. él puede extender su gracia a personas de cualquier nación, pero su gracia no es barata. Tuvo que enviar a su Hijo a la muerte para mostrarnos el valor de su gracia.

Al fin Jonás fue librado del pez, pero su liberación no era un fin en sí mismo. Tal como Dios libró a su pueblo rebelde de cautiverio para darles una oportunidad de ser sus mensajeros al mundo así fue con Jonás. Dios le mandó al pez que vomitara a Jonás en tierra para que recibiera de nuevo la Palabra de Dios.

El enojo del profeta frente al amor de Dios

Alguien ha llamado a Jonás el profeta patriota, porque amaba a su pueblo y odiaba a sus enemigos. El llamado de Dios para ir a predicar a la ciudad de Nínive era inconcebible para Jonás, y así empezó su huida, su experiencia en el barco y en el vientre del gran pez. Al oír por segunda vez el llamado de Dios, Jonás fue a Nínive y dio el mensaje. A pesar de ser un mensajero no convencido, los habitantes respondieron y Dios desistió de su plan de castigarlos.

Otra vez parece inconcebible para nosotros la reacción de Jonás. Se enoja, y acusa a Dios de ser tan clemente y compasivo que no pudo castigarlos. Dios conversa con él y procura ayudarle a ver por qué quiere la salvación de estas personas. El libro termina con Dios todavía insistiendo en la necesidad de “preocuparse por Nínive”, una ciudad con tantas personas sin valores morales y, además, “muchos animales”.

El enojo de Jonás no es la última palabra de este libro, ¡y nunca podrá serlo!, sino el amor y la preocupación de Dios por las personas que necesitan este mensaje. Dios siempre tiene la última palabra, y aunque procura ayudarnos a encontrar su interpretación de las circunstancias, cuando lo rechazamos él sigue con su amor, su compasión, su deseo de que todos puedan conocerlo, arrepentirse de su maldad, recibir su perdón y recibir la vida abundante que él ofrece.

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