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Jonás 4: Egoísmo, El disciplinar de dios

La ilustración gráfica

Puesto que Jonás era una persona tan terca es posible que él haya interpretado la pregunta de Dios como si esta significara que Dios no estaba engañado por el arrepentimiento falso de la gente, y que después de los 40 días la destrucción efectivamente caería sobre Nínive. Hizo una enramada semejante a las que los judíos hicieron para celebrar la fiesta de Tabernáculos. ¿Se puede imaginar el efecto psicológico sobre la gente de Nínive al ver al profeta de “malas noticias” esperando sobre una loma para ver los resultados de su profecía?

Una vez más vemos la intervención directa de Dios en la vida de Jonás; pues Jehová dispuso el crecimiento de una planta de ricino. Tal como había enviado la tempestad y el gran pez, y haciendo uso del mismo verbo hebreo que en el 1:17, Dios mandó otro fenómeno de la naturaleza. Se ve que Jonás no era buen constructor puesto que su enramada no le dio toda la sombra que necesitaba para refugiarse del sol del Medio Oriente. El ricino se distingue por sus hojas anchas y su rápido crecimiento. De nuevo vemos una nota del humor fino que caracteriza al libro. Un autor argentino observa que a veces no se sabe si Jonás es profeta o payaso (ver bibliografía). Jonás se pone muy contento por la planta que hace su tiempo de espera más cómodo. Parece que pone más valor sobre las cosas que sobre las personas, especialmente la gente de Nínive.

Su felicidad duró poco. Después de apenas 24 horas Dios dispuso el gusano que destruyó la planta de igual manera que Jonás pensaba que Dios haría con Nínive. En seguida Dios envió un sofocante viento oriental, el viento seco del desierto que llena el aire de polvo y calor. Aún hoy en día los habitantes de esa zona dicen que este viento los deprime cuando llega. Se nota el humor del autor cuando por perder su comodidad el profeta pide de nuevo la muerte. Es una cosa de lamentar la liberación de los enemigos tradicionales de Israel o ser señalado como profeta falso; pero Jonás demuestra una actitud muy superficial sobre la vida al pedir la muerte por tener calor y sed.

La aplicación de la ilustración

Otra vez Dios hace la misma pregunta del 4:4 pero esta vez con referencia a la planta. Por su respuesta Jonás demuestra su falta de madurez. El egoísmo excesivo siempre procede de la falta de madurez. Dios le demuestra que su actitud es absurda. Se desespera sobre la pérdida de una planta que ni siquiera él sembró ni cultivó; cuánto más debe pensar Dios en miles de personas que él ha creado a su imagen y semejanza. Se ve a Jonás como una persona muy impulsiva con muchos prejuicios y ahora con su escala de valores totalmente confundida.

La expresión más de l20.000 personas que no distinguen su mano derecha de su mano izquierda ha sido interpretada con el significado que, además de los adultos, había esta cantidad de niños demasiado pequeños para tener criterio moral. Si era así, la población total pudiera haber sido más de 600.000, que no sería imposible si uno tomara en cuenta las muchas poblaciones alrededor del centro de la ciudad. No obstante la cifra podría hacer referencia a los que no habían recibido la instrucción moral que Dios mandó a Israel a compartir con las naciones.

La lección de la ilustración es bien clara; el Señor de toda la tierra ama a toda su creación incluso a los animales. Para los hebreos de la época del AT era una conclusión revolucionaria. Si el Señor de Israel es también el Dios de Nínive, ¿dónde están nuestros privilegios? ¿Tenemos que compartir el amor y el cuidado de Dios con gente de todas las naciones? Como bien ha dicho un autor, hay un poco de Jonás en el corazón de cada uno de nosotros, engañándonos con nuestros prejuicios y tradiciones inválidas.

Como una de la parábolas del Señor Jesús, el libro termina de repente. El mensaje resalta con claridad. El exclusivismo que restringe el amor universal de Dios está destinado a fracasar totalmente; el amor y la misericordia de Dios se extienden a cada persona sobre la faz de la tierra. Como bien se ha dicho, el libro termina mostrando el contraste entre Dios y Jonás. Dios desea salvarlos a todos, mientras Jonás quiere salvar a algunos; el punto de vista de Dios es universal, el de Jonás es particular. Entre Jonás y Dios había un conflicto de voluntad. Jonás no negó el sueño de Isaías y Miqueas, que un día gente de todas las naciones va a correr al monte de la casa de Jehová. Como tantos en aquel entonces y hoy en día, pensó que Dios haría todo en la Era Mesiánica, no vió el imperativo de ser un pueblo misionero. Utilizando la figura del profeta rebelde, y un tanto cómico, el autor escribe un reto al pueblo de Israel llamándolos a cumplir con su tarea misionera a las naciones. Si no se cumpliera con dicha misión, Israel negaría el propósito de su elección a ser el pueblo de Dios. El libro no se escribió tanto para mostrar la compasión de Dios sino para desafiar a Israel a cumplir su destino como profeta a las naciones. Todos nosotros como cristianos somos herederos de esta misión profética al mundo entero.

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