Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Joel 2: El día de Jehová

Pastor Lionel

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on whatsapp
Share on email

Ayúdanos a continuar esta Obra

El versículo 25 deja claro que lo que el profeta ha señalado es la devastación sufrida por una plaga de langostas, “comandada” o enviada por Dios mismo: mi gran ejército, ejecutores del juicio divino. Los años parece sugerir que los ataques se habían repetido varias veces, y/o que las consecuencias habían sido funestas a lo largo de mucho tiempo. (Otra vez se repiten las varias fases en el desarrollo de estos insectos, o algunos de los varios nombres con que se conoce el mismo insecto.) Pero ahora el Señor promete revertir el proceso (versículos 26, 27). Hay cuatro promesas muy importantes al respecto:

(1) Proveer el sustento necesario: comeréis hasta saciaros;

(2) devolver al pueblo la alabanza: alabaréis el nombre de Jehová, lo cual habla de restaurar el compañerismo con el Señor. Maravillas alude a los favores, a la gracia divina manifestada en pro del pueblo.

(3) Protección: y nunca más será avergonzado mi pueblo; es decir, no será vulnerable a los ataques naturales o de sus enemigos.

(4) La presencia divina como corolario o sello a la promesa anterior: estoy en medio de Israel. El contraste es obvio en relación con la frase: ¿Dónde está su Dios?

Esperanza

El mensaje de esperanza en 2:21 emerge después de que la tierra sintió el efecto del gran juicio divino. La gracia de Dios siempre aparecerá después de la disciplina correctiva. Dios es “lento para la ira“, pero es “grande en misericordia“.

Sección escatológica

Esta sección de Joel es futurista, desde la perspectiva y contexto históricos del profeta. Prácticamente es una extensión de las promesas de restauración observadas en la sección anterior (2:12-27), porque habrían de realizarse en algún tiempo futuro. Aquí el profeta añade un tono apocalíptico/escatológico, al concepto del día de Jehová. Ahora sí, como un día de vindicación para Israel y de juicio para las otras naciones.

Espíritu Santo

La “revelación progresiva” de Dios en el Antuguo Testamento nos presenta al Espíritu Santo que viene a los hombres por cierto tiempo y luego retorna al seno del Padre. El profeta Joel menciona el futuro advenimiento del Espíritu, como un acontecimiento histórico, para quedarse permanentemente. Su llegada sustituyó a Jesús y desarrolló el más grande poder en la vida de los discípulos. Al principio el Padre se nos reveló como el Creador y Sustentador, luego se nos reveló en el Hijo y “vimos su gloria”. Estuvo treinta y tres años en la tierra. Pero con la llegada del Espíritu Santo, Dios el Padre y Dios el Hijo “tabernaculizaron” para siempre con el hombre. Ahora él ha tomado a su iglesia como su morada permanente.

Futura manifestación del Espíritu de Dios

En el texto hebreo, estos cinco versículos constituyen el cap. 3 (véase nota en la RVA). La expresión sucederá después (versículo 28) marca un tiempo indefinido en el futuro. El heb. sugiere la idea de algo que se llevará a cabo “con el correr del tiempo”. La promesa del Señor es espiritual: derramaré mi Espíritu sobre todo mortal. La expresión conlleva un énfasis profético; es decir, la habilidad de entender, interpretar y proclamar la voluntad divina (ser portavoces del Señor). Un don más ampliamente divulgado y/o diseminado entre la gente es el hecho de que Dios iluminará la mente y el corazón de las personas para que puedan discernir y proclamar su palabra (voluntad). No solo permitirá la obediencia personal, sino que también el desarrollo de una mejor relación con el Creador. Todo mortal es, literalmente, “toda carne” o ser humano. Sin embargo, la expresión vuestros ancianos… jóvenes, parece limitar la promesa al pueblo judío. Esta promesa pareciera cumplir el anhelo que una vez expresara Moisés. Más aún, tanto hombres como mujeres, ancianos y jóvenes, esclavos y libres, participarán de esta labor espiritual (versículos 28b, 29). Los sueños y las visiones son medios por los cuales los antiguos recibían mensajes proféticos, y/o conocían de la voluntad de Dios. La promesa es que Dios derramará su Espíritu como manifestación de su gracia divina. Pedro interpretó la venida del Espíritu Santo en Pentecostés como el cumplimiento de esta promesa; pero él la aplicó tanto a los judíos como a los gentiles.

Los versículos 30 y 31 parecen sugerir que el derramamiento del Espíritu es otra de las señales o manifestaciones del día de Jehová. El lenguaje en estos dos versículos es apocalíptico; es decir, usa imágenes simbólicas que presagian eventos relacionados con los planes de Dios. Prodigios tiene que ver con eventos extraordinarios. En los cielos y en la tierra incluye toda la naturaleza, todo lo creado. Lo que sigue son figuras bélicas: sangre, fuego y columnas de humo, todo aquello que acompaña cualquier guerra. El profeta señala al evento mismo y sus resultados. Las señales cosmológicas (versículo 31) son figuras que acompañan todo juicio divino. Sin embargo, hay que recordar que muchas veces el fuego es símbolo de juicio y purificación. De ahí que algunos comentaristas prefieran ver estos versículos como la manifestación del juicio divino sobre las naciones paganas, y como vindicación del pueblo judío; especialmente si se toma en cuenta que el día de Jehová será algo grande y temible (“espantoso” en RVR-1960). Sin embargo, el contexto parece apuntar al hecho que el derramamiento del Espíritu estaría acompañado de manifestaciones cósmicas, o señales extraordinarias. Esto pudo haberle servido de clave a Pedro para identificar la venida del Espíritu Santo como el cumplimiento de la profecía de Joel.

El versículo 32 apunta al “plan de salvación” de parte de Dios. Invocar el nombre de Jehová significa entrar en comunión con él, en obediencia y adoración. Es “aceptar” a Dios como su Dios. Esta es la manera de “escapar” del juicio divino: será salvo, ya sea en lo que representaba la plaga de langostas (como en el caso de la nación de Israel) o en el juicio final. Sion o Jerusalén es el centro de la manifestación divina, lugar donde estaba el templo y desde donde, según el pensamiento hebreo, Dios comunicaba su voluntad. También era el centro de adoración para los judíos. La figura también puede transmitir un sentido de seguridad, protección y/o salvación. Es el lugar donde estarán los libertados. La promesa de salvación es para aquellos que Jehová ha llamado, una frase que probablemente alude a quienes han respondido al llamado o invitación de Dios; o quizá se refiera al remanente judío que permanece fiel y obediente a Dios a pesar de cualquier calamidad o adversidad.

Deja una respuesta

Publicaciones que pueden ser de interés para ti

Hermoso día

El día empezó muy mal. Me quedé dormida y llegué tarde al trabajo. Todo lo que sucedió en la oficina contribuyó a mi ataque de

Artículo Completo