Job 42: Confesión y justificación de JobJob 42

Pastor Lionel

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Cuando sufrimos

Aquí hay seis preguntas que nos debemos hacer cuando sufrimos, y lo que debemos hacer si la respuesta es afirmativa.

¿Me está castigando Dios por algún pecado? Confiese el pecado conocido

¿Está atacándome Satanás mientras trato de sobrevivir como cristiano? Clame a Dios para que le dé fortaleza

¿Es esta una preparación para un servicio especial, donde puedo aprender a ser compasivo con otros que sufren? Resista la autocompasión. Pida a Dios que abra puertas de oportunidad y lo ayude a descubrir a otros que sufren al igual que usted

¿He sido seleccionado específicamente para ser probado, como Job? Acepte la ayuda del cuerpo de creyentes. Confíe en que Dios llevará a cabo su propósito a través suyo

¿Es mi sufrimiento resultado de consecuencias naturales por las cuales no soy directamente responsable? Reconozca que en un mundo pecaminoso, tanto las personas buenas como las malas sufrirán. Pero las personas buenas tienen la promesa de Dios de que su sufrimiento llegará un día a su fin

¿Sufro por alguna razón desconocida? No se retraiga por el dolor. Proclame su fe en Dios, sepa que El se interesa por usted, y espere pacientemente su ayuda

Reivindicación pública

Job ya ha sido reivindicado a los ojos de sus amigos, pero a los ojos de sus parientes y conciudadanos la señal de su reivindicación por parte de Dios debe ser la restauración de sus bienes. Son restaurados en doble porción; quizá eso signifique compensación por la pérdida inmerecida que había sufrido Job. El consuelo que Job ha recibido de su encuentro con Dios (ver nota anterior sobre el v. 6) se ve enriquecido por el consuelo que recibe de sus parientes. Los regalos de dinero y de pendientes de oro son muestras de estima más que obsequios para restaurar su riqueza, porque él ya había vuelto a prosperar. Tan rico vuelve a ser que hay bastante herencia aun para que la compartan sus hijas (por lo general las hijas heredaban únicamente cuando no había herederos varones). El epílogo concluye con una nota típica de las narraciones patriarcales del Génesis.: Su muerte en la ancianidad, lleno de años, es la bendición final de Dios. Con esta escena volvemos al tono pastoril idílico con que comenzó el libro. Dentro de aquel mundo estilizado, tan distante del nuestro, ha sucedido un drama humano profundo que pertenece a todas las épocas.

La Rehabilitación de Job.

Este capítulo final constituye el epílogo del libro, y, como el prólogo, está también en prosa. Después del desarrollo del drama, es preciso cerrarlo y volver las cosas a su punto por exigencias convencionales de la tesis del libro. Job ha sido probado por Dios sin que hubiera cometido culpa, y ahora debe ser reconocida su inocencia al serle restituida la salud, la familia y la prosperidad perdida, pero todo en grado superior. Job reconoce sus juicios ligeros; Dios amonesta a los amigos por haber insinuado falsas acusaciones contra el desventurado varón, y les exige pública reparación con sacrificios, siendo ellos perdonados por intercesión de Job. Este recupera su hacienda duplicada, vuelve a tener numerosa familia, y sus allegados celebran su rehabilitación plena ante la sociedad. Así se cierra, conforme a un esquema convencional rígido de una tesis teológica, el drama del libro de Job. La tesis ha quedado perfectamente probada: el justo puede sufrir en esta vida sin haber cometido pecado; el dolor es independiente del pecado. Por tanto, la tesis tradicional de la ecuación entre la virtud y la prosperidad, el pecado y la desventura, es falsa.

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