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Job 34: Segundo Discurso de Elihú

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Job 34:28  sino que hacen venir delante de él el clamor del pobre, y que oiga el clamor de los necesitados.

Job 34:29  Si él da reposo, ¿quién inquietará? Si esconde el rostro, ¿quién lo mirará? Y esto es igual para una nación que para un hombre,

Job 34:30  a fin de que no reine el hombre impío para vejación del pueblo.

Job 34:31  »De seguro conviene decirle a Dios: “Ya he llevado el castigo; no volveré a ofender.

Job 34:32  Enséñame tú lo que yo no veo; y si hice mal, no lo haré más”.

Job 34:33  Pero, ¿habrá de ser esto según tu parecer? Él te retribuirá, no yo, tanto si rehúsas como si aceptas. Si no es así, di tú lo que sepas.

Job 34:34  Los hombres inteligentes dirán conmigo, y también todo hombre sabio que me oiga:

Job 34:35  “Job no habla con sabiduría; sus palabras no tienen sentido”.

Job 34:36  ¡Yo deseo que Job sea ampliamente examinado, a causa de sus respuestas semejantes a las de los hombres inicuos!

Job 34:37  Porque a su pecado ha añadido rebeldía, y bate palmas contra nosotros, y contra Dios multiplica sus palabras».

Segundo Discurso de Elihú

En esta segunda parte de su intervención, el joven interlocutor se dirige a sus contertulios y declara la insensatez de Job al declararse inocente, y su espíritu blasfemo al considerar a Dios como injusto por haberle enviado infortunios indebidos. En realidad, Dios da a cada uno según lo que merece. Dios es el gobernador del universo, y, en consecuencia, tiene que ser justo, pues de lo contrario no podría exigir justicia a los hombres. Castiga inexorablemente al malvado y se muestra misericordioso con el arrepentido.

Enfáticamente — y siempre con el mismo estilo ampuloso y afectado —, el representante de la “nueva ola” juvenil pide a los amigos de Job que le presten atención a su argumentación, dirigida contra las arrogancias de éste. Para captar su benevolencia los llama sabios, aunque considera sus argumentaciones anteriores como de poco valor para dilucidar el enigma de los sufrimientos de Job. Tomando las palabras de Job, indica que es el oído el llamado a discernir los discursos, lo que supone gran atención. Como si nada hubieran hecho ellos, Elihú les invita a examinar de nuevo el problema para deducir lo que es justo y bueno o aceptable.

Con toda audacia, Elihú pone en boca de Job afirmaciones que en realidad éste no había formulado sino como hipótesis: Dios le niega el derecho, aunque es inocente. Job, al hablar desconsideradamente, se ha burlado de Dios, asociándose así a los hombres perversos. Elihú, en sus afirmaciones atribuidas a Job, recalca las insinuaciones de Elifaz, sacando consecuencias demasiado descarnadas e impías: no aprovecha al hombre estar a bien con Dios,

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