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Jesús sana al paralítico de Betzatá

Pastor Lionel

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Entonces ordené que cada viernes en la tarde, antes de que oscureciera, los porteros cerraran y aseguraran las puertas de Jerusalén y que no se abrieran sino hasta después del día de descanso. Puse a algunos de mis hombres en las entradas para impedir que pasara carga alguna a la ciudad el día de descanso. (Nehemías 13:15-19). Nehemías 13:15 deja perfectamente claro que lo que estaba en cuestión era trabajar el sábado como si fuera un día ordinario. Pero los rabinos de tiempos de Jesús discutían solemnemente que un sastre quebrantaba el sábado si llevaba ese día una aguja, su herramienta de trabajo, prendida en la solapa. Hasta discutían si era lícito llevar dentadura o piernas postizas u otras prótesis en sábado, o estaba prohibido por ser «cargas». Estaban seguros de que no se debía llevar ninguna clase de adornos superfluos los sábados, por la misma razón. Para ellos todas estas minucias eran cuestiones de vida o muerte, así que no les cabía la menor duda de que el hombre de este pasaje estaba quebrantando la ley rabínica al llevar la cama a cuestas en sábado.

Se defendió diciendo que el Que le había sanado le había dicho que lo hiciera, y él ni siquiera sabía que había sido Jesús. Algo más adelante Jesús se le encontró en el templo; y el hombre se dio toda la prisa que pudo para decirles a las autoridades que la Persona en cuestión había sido Jesús. No quería buscarle líos a Jesús; pero la ley rabínica decía literalmente: «Si uno transporta cualquier cosa de un lugar público a una casa privada intencionadamente en sábado, será muerto a pedradas.» Aquel hombre estaba tratando de explicar que no era culpa suya lo que estaba haciendo. Así es que las autoridades dirigieron sus acusaciones contra Jesús. Los verbos del versículo 18 están en el tiempo imperfecto, que describe acciones repetidas en el pasado, como en castellano. Está claro que esta historia nos presenta un ejemplo de algo que Jesús hacía habitualmente. La defensa de Jesús era alucinante.

Dios no dejaba de obrar porque fuera sábado, y Él, Jesús, tampoco. Cualquier judío instruido tendría que reconocer la fuerza del argumento. Filón había dicho: «Dios nunca deja de obrar; porque, como le es propio al fuego producir calor y a la nieve frío, así Le es propio a Dios el obrar.» Y otro autor había dicho: «El Sol brilla; los ríos fluyen; los procesos de nacimiento y muerte suceden los sábados lo mismo que los otros días: así es la obra de Dios.»

Es verdad que según el relato de la Creación Dios descansó el séptimo día; pero descansó de la Creación; Sus obras de juicio y misericordia y compasión y amor prosiguen. Jesús dijo: «Aunque sea sábado, el amor y la misericordia y la compasión de Dios actúan; y Yo también.» Fue esta última afirmación la que escandalizó a los judíos, porque no podía querer decir nada más que la obra de Dios y la de Jesús eran la misma cosa. Parecía que Jesús se estaba colocando en igualdad con Dios. Lo que Jesús estaba diciendo en realidad lo vamos a ver en la sección siguiente; pero por el momento debemos tomar nota de que Jesús enseñaba que siempre hay que ayudar a los necesitados; que no hay tarea más importante que aliviar el dolor o la angustia de alguien, y que la compasión cristiana debe ser como la de Dios: incesante. Otras obras se pueden aplazar, pero no la de la compasión.

Hay otra creencia judía que aparece en este pasaje. Cuando Jesús se encontró con el hombre en el templo le dijo que no pecara más, no fuera que le viniera algo todavía peor. Para un judío, el pecado y el sufrimiento estaban tan unidos como la causa y el efecto. Si uno sufría, sería porque había pecado; y no podría curarse a menos que se le perdonara el pecado. Los rabinos decían: « El enfermo no sale de la enfermedad hasta que se le perdonen sus pecados.» Este hombre podía discutir que había pecado, y se le había perdonado y, por así decirlo, había salido bien parado; y podía seguir diciendo que, como había encontrado a Uno que podía librarle de las consecuencias del pecado, podía muy bien seguir pecando. Había en la Iglesia Primitiva algunos herejes que decían que la libertad cristiana era una licencia para la naturaleza pecadora: Hermanos, Dios los ha llamado para ser libres. Pero no permitan que la libertad sea una excusa para hacer todo lo que pide su naturaleza humana. Mejor ayúdense los unos a los otros siempre con amor. (Gálatas 5:13). Había algunos que seguían pecando con la seguridad de que la gracia no se acababa nunca: Bueno, ¿ahora qué vamos a decir? ¿Será que debemos seguir pecando para que Dios nos perdone aun más? ¡Claro que no! Ya hemos muerto al pecado, así que no podemos seguir viviendo en el pecado.  No olviden que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús nos unimos a él en su muerte. Cuando fuimos bautizados, también fuimos enterrados con Cristo y así compartimos su muerte para que así como Cristo resucitó por el gran poder del Padre, nosotros también vivamos una nueva vida. Así que si fuimos unidos a Cristo en una muerte como la de él, también nos uniremos con él en su resurrección. Sabemos que nuestra vida de antes, murió con Cristo en la cruz para que fuera destruido lo que desea pecar dentro de nosotros y dejáramos de ser esclavos del pecado. Un muerto está libre del poder del pecado. Como nosotros hemos muerto con Cristo, tenemos fe que también viviremos con él. Sabemos que Cristo resucitó y no morirá más. La muerte ya no tiene ningún poder sobre él. Cristo murió para derrotar al pecado de una vez para siempre y ahora vive su vida para dar honra a Dios. Así mismo, considérense muertos en cuanto al pecado y vivos para servir a Dios en Cristo Jesús. Así que no dejen que el pecado controle su vida aquí en la tierra. No obedezcan los deseos de su naturaleza humana. No utilicen ninguna parte de su cuerpo para pecar ni para hacer cosas malas. Mejor pónganse al servicio de Dios, como personas que han muerto y han resucitado; ofrezcan todo su cuerpo a Dios como medio para hacer lo bueno. El pecado ya no gobernará sobre ustedes, porque ya no están sujetos a la ley, sino sólo al generoso amor de Dios. ¿Qué significa esto? ¿Vamos a pecar porque ya no estamos sujetos a la ley, sino sólo al generoso amor de Dios? ¡Jamás! ¿Ustedes no saben que cuando se ponen al servicio de alguien y lo obedecen, son esclavos de él? Pueden ser esclavos del pecado y morir o pueden ser esclavos de Dios y ser aprobados por él. Antes eran esclavos del pecado, pero, gracias a Dios, obedecieron de todo corazón la enseñanza que se les dio. Ustedes fueron liberados del pecado y ahora son esclavos del bien.  (Romanos 6:1-18). Siempre ha habido personas que han abusado del amor y del perdón y de la gracia de Dios como excusa para pecar. Pero no tenemos más que pensar en lo que costó el perdón de Dios mirando a la Cruz del Calvario para saber que debemos odiar siempre el pecado; pues cualquier pecado quebranta el corazón de Dios.

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