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Jesús sana al criado de un oficial romano

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(iii) Está la curación de la suegra de Pedro: Jesús fue a casa de Pedro, donde encontró a la suegra de este en cama y con fiebre. Jesús tocó entonces la mano de ella, y la fiebre se le quitó, así que ella se levantó y comenzó a atenderlo. (Mateo 8: 14-15).

Este milagro tuvo lugar en una humilde cabaña de Palestina. No tuvo publicidad; ni una audiencia entusiasta: no estaban allí nada más que Jesús y aquella familia. Aquí vemos el amor infinito del Dios de todo el universo desplegando todo Su poder cuando no había nadie más que el círculo familiar que lo pudiera contemplar.

(iv) Está la curación de todos los enfermos que trajeron a la puerta de la casa por la tarde: Al anochecer llevaron a Jesús muchas personas endemoniadas; y con una orden expulsó a los espíritus malos, y también sanó a todos los enfermos. Esto sucedió para que se cumpliera lo que anunció el profeta Isaías, cuando dijo: «Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades. (Mateo 8: 16-17).

Aquí vemos la indudable universalidad del amor de Dios en acción. Para Jesús, nadie era nunca una molestia. No tenía horas cuando estaba de servicio y horas cuando estaba libre. Cualquiera podía venir a Él a cualquier hora, y recibir la ayuda voluntaria y generosa del amor de Dios.

(v) Está la reacción del escriba: Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden de pasar al otro lado del lago. Entonces se le acercó un maestro de la ley, y le dijo: Maestro, deseo seguirte a dondequiera que vayas. Jesús le contestó: Las zorras tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza. Otro, que era uno de sus discípulos, le dijo: Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre. Jesús le contestó: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos. (Mateo 8: 18-22).
Parecería que esta breve sección está fuera de lugar en un capítulo de milagros; pero este es el milagro de la personalidad. El que un escriba fuera movido a seguir a Jesús no es menos que un milagro. Extrañamente, este escriba olvidó su devoción a la ley tradicional; extrañamente, aunque Jesús contradecía todas las cosas a las que había dedicado su vida, vio en Jesús, no a un enemigo, sino a un Amigo; no un contrario, sino un Maestro.

Debe de haber sido una reacción instintiva. Negley Farson nos dice que, cuando era pequeño, no conocía la historia de su abuelo y de todo lo que había hecho; pero nos dice: «Todo lo que sabía era que hacía que se sintieran como chuchos todos los que estaban a su alrededor.» Aquel escriba vio en Jesús un esplendor y una magnificencia que no había visto nunca en ninguna persona. Sucedió un milagro, y al escriba se le salió el corazón al encuentro de Jesús.

(vi) Está el milagro de calmar la tempestad: Jesús subió a la barca, y sus discípulos lo acompañaron. En esto se desató sobre el lago una tormenta tan fuerte que las olas cubrían la barca. Pero Jesús se había dormido. Entonces sus discípulos fueron a despertarlo, diciéndole: ¡Señor, sálvanos! ¡Nos estamos hundiendo! Él les contestó: ¿Por qué tanto miedo? ¡Qué poca fe tienen ustedes! Dicho esto, se levantó y dio una orden al viento y al mar, y todo quedó completamente tranquilo. Ellos, admirados, se preguntaban: –¿Pues quién será este, que hasta los vientos y el mar lo obedecen? (Mateo 8: 23-27).

Aquí vemos a Jesús frente a las tempestades y olas que amenazan con anegar a las personas. Como dijo Pusey cuando murió su esposa: «Era como si hubiera una Mano debajo de mi barbilla manteniéndome en pie.» Aquí tenemos al amor de Dios trayendo paz y serenidad al tumulto y a la confusión.

(vii) Está la curación de los endemoniados gadarenos: Cuando Jesús llegó al otro lado del lago, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre las tumbas y se acercaron a él. Eran tan feroces que nadie podía pasar por aquel camino; y se pusieron a gritar: ¡No te metas con nosotros, Hijo de Dios! ¿Viniste acá para atormentarnos antes de tiempo? A cierta distancia de allí había muchos cerdos comiendo, y los demonios le rogaron a Jesús: Si nos expulsas, déjanos entrar en esos cerdos. Jesús les dijo: Vayan. Los demonios salieron de los hombres y entraron en los cerdos; y al momento todos los cerdos echaron a correr pendiente abajo hasta el lago, y allí se ahogaron. Los que cuidaban de los cerdos salieron huyendo, y al llegar al pueblo comenzaron a contar lo sucedido, todo lo que había pasado con los endemoniados. Entonces todos los del pueblo salieron a donde estaba Jesús, y al verlo le rogaron que se fuera de aquellos lugares. (Mateo 8: 28-34).

Aquí vemos el poder de Dios enfrentándose con el poder del diablo; la bondad de Dios invadiendo el dominio del mal, el amor de Dios presentando batalla a la malignidad y malevolencia del mal. Aquí vemos la bondad y el amor que salvan a las personas venciendo el mal y el odio que las destruyen.

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